jueves. 04.06.2026

La vida no vale nada. ¿Qué os puedo cantar?

Dejadnos, al menos, dedicaros esta canción que expresa bien nuestros sentimientos de mujeres y hombres comprometidos, conscientes de su fracaso, impresionados por la dimensión de vuestra hecatombe.

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¿Qué os puedo decir, qué os puedo cantar, víctimas palestinas? Decir y cantar se han vuelto una actividad de riesgo, tan necesaria como el aire que respiramos trece veces por minuto, parafraseando a nuestro querido poeta Gabriel Celaya. Siguiendo la senda de su poema: “La Poesía es un arma cargada de futuro”, podríamos criticar el ignominioso comportamiento de la Unión Europea y sus Gobiernos, maldiciendo su política concebida como la vergüenza de una Europa pretendidamente democrática, civilizadora y plena de valores humanitarios. Ellos a lo suyo, con la que está cayendo en Palestina. Su monotema son los aranceles, el rearme, la guerra ruso-ucraniana. Se han olvidado de vosotros, no saben andar y mascar chicle a la vez;  comentario que se aplicaba a la torpeza del Presidente de los Estados Unidos Roland Wilson Reagan.

Una canción de Pablo Milanés que habla de vosotros y de nosotros, en un tiempo y en un espacio tan específico, tan concreto, tan aquí y ahora, que cuadra milimétricamente con el sufrimiento humano del que sois objeto en Gaza y Cisjordania​

Practican la política como un lujo de alfombra roja, un desfile de moda política prêt-à-porter, para recorrer “nuestras” Instituciones en Bruselas. Envueltos en la bandera azul con estrellas, se tornan neutrales, se lavan las manos, se desentienden y evaden; jamás han tomado partido, partido hasta mancharse. Pero aquí abajo, abajo, cerca de las raíces hay hombres y mujeres que saben a qué asirse (Mario Benedetti)gentes benditas que purgan por los pecados que nunca cometieron. Sienten a cuantos sufren, en Gaza y Cisjordania, y cantan respirando. Cantan y cantan, denuncian y denigran a sus pusilánimes e hipócritas Gobiernos. Paradójicamente esos ciudadanos hacen suyas las culpas, y más allá de sus penas personales se ensanchan, se ensanchan.

Como en la canción portuguesa; “Povo que lavas no rio”: habrá gente que compre vuestra Tierra, que la invada con saña y la convierta en territorio especulativo para el turismo de masas; ¡pero vuestra vida no! Vuestra vida es sagrada, lo vale todo, vuestra existencia como Pueblo, sigue siendo un grito en el Cielo, y en la Tierra se traduce en actos que desafían la codicia, la sinrazón, el hambre, el exilio, la ocupación, la deshumanización, la insolidaridad y la matanza. 

Formas cotidianas de barbarie, en estos días en los que el panorama se ensombrece y cuesta mantener la calma: “la rabia imperio asesino de niños; la rabia dame, o te hago la guerra; la rabia el oro sobre la conciencia; la rabia, ¡coño!, paciencia, paciencia” (Silvio Rodríguez)

Nosotros los que estamos más acá de las bombas, las balas explosivas, los drones asesinos, los racimos de proyectiles disparados de forma automática, teledirigidos con la precisión de la muerte certera; nosotros, digo, no tenemos vida que valga. Eso sí, firmamos montañas de papeles jurando morir o amar, pero luego no sabemos qué hacer con ellos. Visto con distancia, con el abismo de los que protestan sin ser escuchados; apenas nuestra vida vale algo enfrentada al horror que padecéis. Niñas y niños palestinos es tan corta la vida, y son tantas despedidas llenas de promesas vanas. Madres, mujeres, jóvenes y hombres palestinos, ¿dónde será la próxima batalla en la que perdamos la guerra contra la soledad? (Ismael Serrano). Porque la solidaridad es la ternura de los pueblos (Gioconda Belli), nuestra vida acomodada de occidentales bienintencionados e insumisos no vale nada, si no consigue detener vuestro tormento. 

Dejadnos, al menos, dedicaros esta canción que expresa bien nuestros sentimientos de mujeres y hombres comprometidos, conscientes de su fracaso, impresionados por la dimensión de vuestra hecatombe, temerosos del sufrimiento de una nueva Nakba, silenciados por el ruido atronador de una sociedad que, en su gran mayoría, no sabe de vosotros ni de vuestras penurias, experimentando una crisis antropológica posmoderna en medio de la tiranía de la tecnología, las inteligencias artificiales, los fuegos de artificio y la comunicación muda.

Una canción de Pablo Milanés que habla de vosotros y de nosotros, en un tiempo y en un espacio tan específico, tan concreto, tan aquí y ahora, que cuadra milimétricamente con el sufrimiento humano del que sois objeto en Gaza y Cisjordania, con nuestras ganas de gritar sabiendo de nuestro desaliento, de nuestro discernimiento de que nuestra vida, en este caso; así vivida, no vale nada.   

La vida no vale nada
si no es para perecer
porque otros puedan tener
lo que uno disfruta y ama.

La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.

La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí cantando
cual si no pasara nada.

La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.

La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara una celada.

La vida no vale nada
si se sorprende otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.

La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.

La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en una cama.

La vida no vale nada
si en fin lo que me rodea
no puedo cambiar cuál fuera
lo que tengo y que me ampara.

Y por eso para mí,
la vida no vale nada

La vida no vale nada. ¿Qué os puedo cantar?