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La reciente aprobación en el Congreso de los Diputados de una Proposición de Ley que prohíba y disuelva a las asociaciones que hagan apología del franquismo, la dictadura o la guerra civil, lo que podría suponer la disolución de la Fundación Francisco Franco, entre otras organizaciones es una magnífica noticia. Mi país, por fin, después de 50 años se torna una Democracia más avanzada, más justa y comienza a encauzar y dar por finalizada una situación esperpéntica, que desgraciadamente marcaba una anormalidad del Estado de Derecho del que nos hemos dotado libremente.
El resultado de la votación fue el esperado: 178 votos a favor, 33 en contra de Vox y 137 abstenciones del PP, la norma salió adelante en la Cámara Baja y continuará con el trámite parlamentario en el Senado. La derecha extrema; es decir el Partido Popular absteniéndose con su mala conciencia y su tibieza. Vox votando en contra como la extrema derecha abiertamente reaccionaria, protofascista y defensora del totalitarios más rancio y deleznable.
Sea como fuere, vamos a aplicar una Ley, La Ley de Memoria Democrática para que, como en cualquier Democracia consolidada y respetuosa con el Derecho, el Ministerio Fiscal promueva la ilegalización de Asociaciones y Fundaciones franquistas que hagan "apología del Régimen Autoritario Franquista"- originariamente fascista, con una claridad meridiana-, “ensalzando el golpe de Estado o la dictadura posterior” o que “enaltezcan a sus dirigentes”, según indica el texto. Esta iniciativa fiscal será competencia del Poder Judicial, y un Órgano o Tribunal del mismo dictará una sentencia, como no puede ser de otro modo. Las/os juezas y jueces tendrán la palabra, ya sabéis que hablan a través de sus sentencias, autos y demás instrumentos jurídicos. ¡Qué así sea!
Al margen de la ignominiosa situación, única en el mundo, de seguir demandando la investigación de unas 140.000 personas, según la Plataforma de Desaparecidos Forzados por el franquismo, ausentes y no encontradas, entre víctimas de la Guerra Civil y de la posterior Dictadura; se hace inevitable rememorar el carácter homicida y sanguinario de un Régimen de terror y odio. ¡Nos quedan tantos cadáveres que recuperar de compatriotas abandonados en cunetas y tapias de cementerios!
Primero me gustaría recordar el extracto de la entrevista del periodista norteamericano Jay Allen con Franco, recogida en el CHICAGO DAILY TRIBUNE, 28/VII/1936, p. 2.:
· Jay Allen: ¿No hay posibilidad de tregua ni de compromiso?
· General Francisco Franco: No. No, decididamente, no. Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Estamos resueltos a seguir adelante a cualquier precio.
· Jay Allen: Tendrá que matar a media España.
· General Franco: He dicho al precio que sea.
Recientemente, en el Libro: La Dictadura Franquista, ni Una ni Grande ni Libre, del historiador Nicolás Sesma, profesor titular de Historia de España en la Universidad Grenoble Alpes. Editorial Crítica 2024; puede leerse lo siguiente:
“Y es que los números son de suma importancia, porque ellos mismos cuentan la historia. Si nos atenemos a los cálculos de los especialistas entre 130.000 y 140.000 personas- un 3% de ellas mujeres – fueron asesinadas por el Estado franquista por razones políticas desde el inicio de la Guerra Civil, de las que aproximadamente 50.000 corresponden al periodo de posguerra, entre 1939 y 1948. A ellas habría que añadir varios miles de víctimas- difíciles de cuantificar-, derivadas del hambre, las privaciones y las deficiencias de cárceles y campos de concentración, la letalidad de los campos de trabajo y la mano de obra esclava, represalias locales y sacas nunca registradas oficialmente. Si a ello le añadimos las cifras consolidadas del exilio – al menos unas 300.000 personas -, tenemos en cuenta el perfil sociológico de los represaliados – jóvenes en su inmensa mayoría, por lo tanto en edad laboral- y consideramos que la población total de España en 1935 era de unos veinticinco millones de personas, la historia que nos cuentan los números es la de una catástrofe demográfica y una descapitalización humana de proporciones descomunales, inédita en cualquier otro país de Europa occidental sin que mediara un contexto de guerra, lo que hasta 1939 incluía, por sorprendente que hoy pueda parecernos, a la Italia de Mussolini y a la Alemania de Hitler”.
Creo que esta cita es suficientemente explícita del carácter sanguinario, homicida y terrorista de la Dictadura Franquista y de sus apoyos sustantivos: Iglesia, Ejército, burguesía, poderes económicos y empresariales, además de una parte importante de funcionarios de alto y bajo rango del aparato del Estado, de marcada adscripción ideológica monárquica, reaccionaria, o directamente fascista.
Está suficientemente acreditado que incluso los asesores militares tanto fascistas italianos como nazis alemanes, se vieron sorprendidos por la violencia extrema del denominado Caudillo. No entendían, siquiera, que la extensión represiva fuera tan desmedida, ya que iba a necesitarse mano de obra masiva para la reconstrucción posterior del país tras el conflicto bélico.
Durante la noche negra de toda la Dictadura fue una constante real y perversa la de sembrar el miedo y el terror entre la población para atajar cualquier intento de resistencia real o potencial.
Enuncio sólo esta razón poderosa e incontestable para denigrar a una Dictadura bestial, inmisericorde, una Dictadura que trajo consigo la Victoria, pero no la Paz.
¡Qué la Ley de Memoria Histórica se cumpla! ¡Qué las generaciones futuras de españoles sepan el desastre, la hecatombe que vivió nuestro país, España, entre 1936 y 1975! ¡Qué la violencia política, proceda de cualquier ideología o pensamiento totalitario no vuelva a asentarse en nuestras vidas, en nuestros corazones, entre el indeclinable derecho a ser felices y a vivir democráticamente!




