TRIBUNA HISTÓRICO GEOPOLÍTICA

Trumpismo y el III Reich

Recuérdese que el III Reich alcanza el poder por la vía legal de las normas constitucionales alemanas de la Constitución de 1919, aprovechando el “oportuno” y “fortuito” incendio de la sede del Reichstag.

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Trump no está loco, es un histrión, sí, pero loco no está. Hitler también era un histrión, pero tampoco estaba loco. Ambos son sólo el logo que representa una determinada mentalidad social y al grupo humano que se rige política y socialmente por ella. Por eso puede parecer absurdo intentar comparar a uno con otro, a Trump con Hitler. ¿Pero resultaría igualmente absurdo comparar aquello que representan, el trumpismo (o MAGAMake America great again, llámese como se crea más conveniente, que aún es pronto para tener un auténtico retrato de este) y el III Reich, es decir, no los logos, sino lo que representan esos logos?

Si algo caracteriza a la actual presidencia estadounidense es la persecución ideológica y la destitución administrativa de quienes intentan disentir de o contradecir sus opciones ideológicas

Veámoslo desde el punto de vista de algunos parámetros de ambos tipos de régimen: capitalismos personalistas, nacionalistas, victimistas, revanchistas, represores, expansionistas, aislacionistas y pseudosocialistas (todo para el pueblo, pero sin el pueblo).

Si algo caracteriza a la actual presidencia estadounidense es el uso abusivo de la cuenta personal del propio presidente, Truth Social, para dar a conocer sus directrices, antes de que el engranaje político gubernamental las transforme en órdenes ejecutivas y en hechos políticos contrastables, dando la impresión de que todas las decisiones salen directamente de la cabeza del presidente sin necesidad de ningún tipo de asesoramiento y/o evaluación (personalismo). Pero también la caracteriza la persecución ideológica y la destitución administrativa de quienes en su propia Administración o en diferentes tipos de organismos públicos estadounidenses intentan disentir de o contradecir sus opciones ideológicas, políticas o administrativas, acusándolos de pertenecer a la “izquierda radical globalista antiamericana” (represión).

Por su parte, el gran argumento del trumpismo es que el resto del mundo, incluidos y especialmente los países de la Unión Europea, se han estado aprovechando hasta ahora de la clase trabajadora estadounidense debido a un fuerte desajuste de los aranceles comerciales internacionales (victimismo) y la gran potencia estadounidense debe corregir esta injusticia (revanchismo) a cualquier precio y caiga quien caiga (nacionalismo), aunque obviando en su precipitación que los precios de los productos de la vida cotidiana, es decir, los que utiliza y compra mayoritariamente la clase trabajadora, probablemente se encarecerán, mientras serán los inmensamente poderosos grandes trusts estadounidenses y el capital financiero, que son los que realmente teledirigen la economía estadounidense (y mundial), los que acabarán beneficiándose: todo para el pueblo (teóricamente), pero sin el pueblo (pseudosocialismo), que en Estados Unidos tiene poca capacidad de influir en la política, dominada por el gran capital, excepto a la hora de emitir su voto, que ya se encarga el capital de teledirigir a través de la publicidad, la propaganda y, hoy día, las redes sociales ¿y la inteligencia artificial?

El gran argumento del trumpismo es que el resto del mundo, incluidos y especialmente los países de la Unión Europea, se han estado aprovechando hasta ahora de la clase trabajadora estadounidense

Todo ello, adornado de un convencimiento de que la humanidad (¿y el capitalismo estadounidense?) necesita para progresar de unos Estados Unidos fuertes (nacionalismo), que puedan controlar las redes comerciales del globo terráqueo, para lo que es imprescindible poseer los adecuados puntos de apoyo: Groenlandia, Canadá, los estrechos de Panamá y Suez y, por qué no, los estrechos de Taiwán y Bering (expansionismo). Y no depender del constreñimiento de organizaciones inter o supranacionales, materializado en su abandono de la Organización Mundial del Comercio, de importantes organizaciones de las Naciones Unidos: Acuerdo sobre el clima de París, OMS, UNHCR, UNRWA o UNESCO [1] y de restrictivos acuerdos de limitación de armamento como el ABM o el INF [2] (aislacionismo).

Por su parte, recuérdese que el III Reich alcanza el poder por la vía legal de las normas constitucionales alemanas de la Constitución de 1919, aprovechando el “oportuno” y “fortuito” incendio de la sede del Reichstag (Parlamento) del 27 de febrero de 1933, que permitiría al entonces canciller (primer ministro) Adolf Hitler impulsar las leyes de Protección del Pueblo y el Estado y la Ley Habilitante, mediante las cuales podría, a la muerte (agosto de 1934) del presidente de la República (entonces llamada de Weimar) mariscal Paul von Hindenburg, unificar en un sólo cargo los puestos de presidente y de canciller, declarándose Führer (caudillo) (personalismo) y declarando el III Reich (o tercer imperio alemán tras el primero o Sacro Imperio Romano Germánico, 962-1806, y el segundo o Imperio Alemán unificado, 1871-1918).

Todo esto pudo hacerse por la enorme popularidad que el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), había alcanzado al encabezar el descontento social y la resistencia alemana a resignarse (victimismo) a las degradantes condiciones económicas y políticas impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles (junio de 1919) al finalizar la Primera Guerra Mundial (revanchismo), que impedían la enérgica y decidida respuesta a la crisis económica mundial del crack de 1929 y correspondiente Gran Depresión.

La respuesta del nuevo régimen del III Reich a estas circunstancias va a basarse, por un lado, en un incremento desmesurado de gasto militar (rearme secreto masivo) (nacionalismo) y, por otro, en la adopción de una economía mixta de libre mercado y propiedad privada (capitalismo) teledirigida por una vigilante dirección estatal y partidista (Partido NSDAP nazi) y una ingente obra pública en importantes sectores productivos, orientada a beneficiar al pueblo alemán y a la raza aria (nacionalismo), mientras se desarrolla una política exterior agresiva encaminada a la expansión territorial (y, en consecuencia, económica) (Austria, Sudetes, etc) de poblaciones vecinas (revanchismo), especialmente dirigida hacia el este eslavo (expansionismo) y abandonando las organizaciones inter o supranacionales que pudieran obstaculizarlo, como la Sociedad de Naciones (aislacionismo). Al mismo tiempo que, en el interior, tanto en la propia Alemania como en los territorios anexionados, se lleva a cabo una política de exterminio de los disidentes ideológicos y/o políticos y de supuestos “degradadores” de la raza aria, como los judíos, los gitanos o los eslavos (represión). Todo ello en nombre de un pueblo alemán y una raza aria sometidos a la estricta disciplina nacionalsocialista (nazi), cuya opinión, curiosamente, no se tiene en cuenta (pseudosocialismo, todo para el pueblo, pero sin el pueblo). 

Trumpismo (o MAGA), III Reich, ambos capitalistas, ambos victimistas, ambos revanchistas, ambos represores, ambos nacionalistas, ambos expansionistas, ambos aislacionistas, ambos pseudosocialistas, ambas significativas potencias en sus respectivos mundos geopolíticos. Pero diferentes momentos históricos, diferentes sistemas políticos, diferentes aspiraciones …. sí, pero ¿no representan algo parecido? 


[1] Organización Mundial de la Salud (OMS), Consejo de Derechos Humanos de la ONU (UNHCR), Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) u Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
[2] Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM), Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF)