martes. 18.06.2024

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

En estos momentos tan azarosos ante un avance irreversible de la extrema derecha, con todas sus secuelas negativas, entre ellas su antieuropeísmo, su xenofobia y reducción de los derechos humanos, parece conveniente recurrir a grandes pensadores, que han reflexionado sobre Europa. En concreto, George Steiner, nacido en París en 1929, en una familia de origen judío procedente de Austria. Estudió en el Liceo Janson-de-Sailly, y en el año 1940, huyendo de los nazis, su familia emigró a Estados Unidos, concretamente a Nueva York. Allí estudió en el Liceo Francés, y más tarde se graduaría en Literatura, Matemáticas y Física en la Universidad de Chicago, obteniendo un master en la de Harvard y doctorado en Literatura en el Balliol College de la Universidad de Oxford. Fue profesor en el Williams College de la misma, y editorialista de The Economist

George Steiner
George Steiner

En 1956 marchó a Estados Unidos, y fue profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, pasando, dos años después a serlo en la Universidad de Innsbruck y a continuación en el Churchill College de la Universidad de Cambridge. Años más tarde, marcharía a la Universidad de Ginebra, en la que, durante veinte años, sería profesor de Literatura Comparada. Acabó su vida docente enseñando en las universidades de Oxford y Harvard. Durante treinta años, ha colaborado en The New Yorker, y también lo ha hecho en el suplemento literario de Times y en The Guardian. Ha recibido numerosos honores y reconocimientos, como el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2001, y doctorados Honoris Causa por numerosas universidades. Es Caballero de la Orden de la Legión de Honor, en Francia. Profesor, filósofo, crítico y teórico de la literatura y de la cultura franco-anglo-estadounidense. Escritor políglota (traductor en francés, alemán, inglés, italiano, griego, latín) y trilingüe perfecto, tiene tres lenguas maternas (fue educado simultáneamente en alemán, francés e inglés). Se definió como una persona extraterritorial. Falleció en 2020. Arquetipo del intelectual europeo, estuvo inmerso en muchas culturas gracias a su educación trilingüe. Ardiente defensor de la cultura greco-latina clásica y de la ineludible tarea de formarse en letras clásicas de quien aspire a ser humanista. 

Su cartografía tiene su origen en las capacidades de los pies humanos. Los europeos han caminado por sus mapas, de pueblo en pueblo

Quiero referirme hoy a un librito suyo, pequeño pero de profundo calado ideológico, titulado La idea de Europa, producto de una extraordinaria conferencia en el Nexus Institute en Ámsterdam en 2004, donde expuso, a partir de cinco axiomas, la idea de que Europa es una unidad cultural con sentido y no una asociación arbitraria y azarosa de países.

Europa en primer lugar son sus cafés. Lugares para la cita y la conspiración, para el debate intelectual y el cotilleo, para el poeta o el filósofo con su cuaderno.  Se extienden por toda Europa desde el café favorito de Pessoa en Lisboa hasta los cafés de Odessa, frecuentados por los gángsters de Isaak Bábel”. En el Milán de Stendhal, en la Venecia de Casanova, en el París de Baudelaire, el café albergó a la oposición política. Danton y Robespierre se reunieron por última vez en el Procope. En otro café de Génova escribe Lenin su tratado sobre empirocriticismo. Steiner considera simbólico que cuando las luces se apagaron en Europa, en 1914 con la Primera Guerra Mundial, el pacifista y socialista Jean Jaurès (1859-1914) fuera asesinado en el Café du Croissant, en París, por un fanático nacionalista de la derecha a favor del conflicto armado. Los bares americanos son otra cosa muy distinta, nadie escribe tratados políticos en ellos. En ellos se va a comer hamburguesas o beber whisky.

Europa ha sido y es paseada. Su cartografía tiene su origen en las capacidades de los pies humanos. Los europeos han caminado por sus mapas, de pueblo en pueblo. Hay cumbres, ciénagas, terrenos áridos, pero no son obstáculos insalvables. El paisaje ha sido moldeado y humanizado. Las distancias europeas poseen escala humana, pueden ser dominadas por el viajero, como lo ponen de manifiesto los peregrinos a Compostela desde tiempos inmemoriales. Europa es aquel lugar donde al viajero “nunca le parece estar muy lejos del campanario del próximo pueblo”. En Europa, “los ríos han tenido vados, vados, incluso para bueyes, ‘Oxford’ (significa “vado de buey”)”. La diferencia con otros continentes es radical. En Estados Unidos, en Australia, no se va a pie de una población a otra. “Los desiertos del interior australiano, del sudoeste americano, los grandes bosques de los estados del pacífico o de Alaska, son casi impracticables.  A ojos americanos, las nubes europeas parecen domesticadasMientras que Europa está hecha por europeos que piensan mientras caminan. “Algunos elementos integrantes del pensamiento y la sensibilidad europeos son, en el sentido originario de la palabra, “pedestres”. Su cadencia y sus secuencias son las del caminante.  Kant es aquí también paradigmático. “El cotidiano Fussgang [paseo a pie] de Kant, su ruta, cronométricamente exacta, a través de Königsberg, llegó a ser legendario”.

En esta Europa cargada con tanta historia el peso del pasado a veces desalienta, otras entristecen

En Europa el pasado pesa mucho, mientras que en Estados Unidos es el futuro. Las calles en las ciudades europeas llevan nombres de políticos, artistas, literatos, científicos, filósofos. En esta Europa cargada con tanta historia el peso del pasado a veces desalienta, otras entristecen. Sobre la carga del pasado, apunta: “Caminando cansinamente por la Rue Descartes, cruzando el Ponte Vecchio, o pasando ante la casa de Rembrandt en Ámsterdam, cuántas veces no me abrumó, incluso en sentido físico, la pregunta: “¿Para qué?¿Qué puede añadir cualquiera de nosotros a las inmensidades del pasado europeo?”; “un europeo culto queda atrapado en la telaraña de un in memoriam a la vez luminoso y asfixiante”. Eso es precisamente lo que Estados Unidos rechaza. “Su ideología ha sido la del amanecer y la futuridad. Por eso, en Norteamérica las calles se designan por números, por letras y a veces nombres de árboles y plantas. Europa es el lugar de la memoria. La cultura norteamericana está orientada hacia el futuro, por eso Henry Ford señaló que “la historia es una estupidez”.

Europa se ha formado a través de una doble herencia: Atenas y Jerusalén; es decir, es heredera de la filosofía griega, de la Biblia hebrea y del Nuevo Testamento. Esta relación, a la vez conflictiva y sincrética, ha tenido parte en la discusión teológica, filosófica y política desde los Padres de la Iglesia hasta Lev Chestov (filósofo existencialista ruso), desde Pascal hasta Leo Strauss. Ser europeo es tratar de negociar, moralmente, intelectualmente y existencialmente los ideales y aseveraciones rivales, la praxis de la ciudad de Sócrates y de la de Isaías. Europa es la herencia de la razón y de la fe, de la tradición que humanizó la vida, posibilitó la coexistencia social, trajo la democracia y la sociedad laica; y la que produjo los místicos, la espiritualidad y la santidad, y, también, la censura y el dogma, el fanatismo religioso, las cruzadas, las grandes matanzas justificadas en nombre de Dios y la verdad religiosa. Steiner menciona que el ser humano, el europeo en especial, es capaz de lo mejor y de lo peor. Cuando entra en lo mejor, genera ·tres ocupaciones, adicciones o juegos de una dignidad totalmente trascendente. Son la música, las matemáticas y el pensamiento especulativo (en el cual incluyo la poesía, cuya mejor definición es: música del pensamiento”.

Europa teniendo en cuenta Atenas y Jerusalén, es más modernidad, que surge según Steiner, el es judío, en gran medida de la aportación de tres judíos: Marx, Freud y Einstein, al que Steiner añade Proust. La insistencia obsesiva de Marx por la justicia social y su historicismo mesiánico concuerdan de manera directa con los profetas Amós o Jeremías.

Y en quinto lugar Europa desde siempre ha albergado una autoconciencia de su posible desaparición, mucho antes del apocalíptico diagnóstico de Spengler en su obra La decadencia de Occidente. En el cristianismo existe la creencia en el Juicio Final. En Europa, a diferencia de otras civilizaciones, siempre ha intuido que un día se hundiría bajo el peso de sus conquistas, de su riqueza y de su compleja historia. Dos guerras mundiales y los recientes genocidios en los Balcanes “llevaron este presentimiento al paroxismo entre 1914 y 1945, de Madrid al Volga y del Ártico a Sicilia, unos cien millones de seres humanos -niños, ancianos, mujeres- perecieron por obra de la guerra, las hambrunas, la deportación, las limpiezas étnicas y las «bestialidades indescriptibles de Auschwitz o el Gulag”. Steiner se pregunta si este presentimiento podía hacerse realidad algún día, como consecuencia de dos peligros: “la reducción de la vida espiritual en Europa”, en razón de la americanización de sus costumbres —vaticinada por Weber—, y la posibilidad de que Europa olvide hoy como en otras ocasiones que en ella nacieron la filosofía y la idea de la razón. Por ende, “Los odios étnicos, los nacionalismos chovinistas, las reivindicaciones regionalistas han sido y siguen siendo la pesadilla de Europa”. La limpieza étnica y el intento de genocidio en los Balcanes, son una muestra de una peste que llega desde Irlanda del Norte a las rivalidades entre flamencos y valones.  Y ahora mismo Ucrania.

Solo nosotros los ciudadanos tenemos en nuestras manos rescatarla de un abismo al que está sumergida

A través de la lectura del artículo De dónde vienes, Europa de Rafael Granero Chulbipublicado en nuevatribuna.es el 7 de julio de 2022, ha podido conocer que, en 2007 en Barcelona, George Steiner invitado por el Museu d'Història de la Ciutat de Barcelona, impartió la conferencia "Remembering the Future": "(...). Tal como describe Rafael Granero las palabras de Steiner: El futuro de nuestra vieja, entrañable, querida Europa pasa en buena parte por el hecho de que seamos capaces de transformar los lugares de memoria en lugares de posibilidad. Y créanme, empieza a hacérsenos tarde." Versó sobre Europa, su futuro y, en particular, su lugar en el futuro de los jóvenes. Tales preocupaciones siguen plenamente vigentes hoy. ¿Cuál es el futuro de Europa y sobre todo el de los jóvenes? Tal como citaba al principio la llegada importante de los Abascal, Meloni, Orban, Le Pen y otros, las respuestas a las citadas preguntas no dejan de ser inquietantes.

Sigue recordándonos Rafael Granero algunas palabras de la conferencia "¿Puede Europa generar nuevos ideales para sus jóvenes? ¿Puede ofrecer una alternativa al modelo norteamericano, un modelo que a menudo ha tenido un éxito magnífico en casa, pero que ha sido destructivo cuando se ha exportado? ¿Qué puede llenar el vacío, el aburrimiento mortal de las vidas públicas y privadas de millones de adolescentes? No conozco ninguna respuesta convincente.". 

Y estas palabras de Steiner eran del 2007. Y todavía tenían de llegar la crisis del 2008, el covid o la guerra de Ucrania.

Óscar Intente, en la representación teatral de la obra de Steiner
Óscar Intente, en la representación teatral de la obra de Steiner

Cabe destacar el libro “La idea de Europa” de Steiner, se ha representado como obra teatral, en un monólogo en catalán interpretado, dirigido y producido por el actor Oscar Intente, El escenario es muy simple. Dos mesas de café, cada una con dos sillas y de fondo un mapa de Europa.  El café podría ser cualquier punto de una Europa acrisolada y plural. A, modo de trotamundos Intente con verborrea habla para quien quiera escuchar, y a su lado, llenando de acordeón los silencios, otro músico trotamundos ejerce de interlocutor mudo junto a una copa de vino o un café. La obra clama por esta Europa que, muy querida, está en declive. Solo nosotros los ciudadanos tenemos en nuestras manos rescatarla de un abismo al que está sumergida. De nada sirven las amenazas, la economía no lo puede todo. La dureza de las palabras, la visión de un futuro incierto, de las incógnitas que conllevan la sumisión a los mercados y obligaciones del capital. Es una obra que interpela al espectador sobre su propia identidad, sobre el hecho de ser europeo y sobre el peso de la historia y la cultura europeas. Una obra que nos pone frente al espejo, que nos obliga a hacernos preguntas y nos invita a reflexionar sobre conceptos que, hoy más que nunca, es necesario poner en valor, como la civilidad, la razón, la solidaridad, la justicia. La obra se estrenó en octubre de 2010 en Terrassa y luego ha sido representada en numerosos Centros Culturales, Ateneos, Universidades con un gran éxito en Cataluña, Comunidad Valenciana y la Comunidad de las Islas Baleares. 


La idea de Europa de George Steiner