PERFIL POLÍTICO

Trump ya no se cree un rey, sino el mismo Dios, velando por salvar al mundo de sus males

Afortunadamente, cada vez son más las voces que han dejado de reírle las gracias y entre sus propias filas van proliferando las desafecciones.

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Ha corrido la noticia de que Trump ha borrado una imagen donde se comparaba con Jesucristo. A mi juicio va más allá y se parangona con Dios padre. La idolatría que le brindan sus devotos evangelistas en el Despacho Oval ha debido convencerle de su naturaleza divina.

No es el Mesías. Prefiere ser quien lo manda para reunir a la humanidad. Aunque por supuesto, al tratarse de una Santísima Trinidad, tampoco habría mucha diferencia. Tras poner al Santo Padre de vuelta y media, insultándolo como si fuera uno de sus lacayos, le ha tentado dejar claro que bien podía reprender a su vicario en el Vaticano. Donde hay patrón, el marinero no puede mandar, y en este caso el Papa no es quien para criticar a su Señor.

La iconografía no tiene desperdicio. A Donald Trump solo le falta lucir una frondosa barba para homologarse con las representación clásicas de la pintura religiosa. Con sus manos parece resucitar a quien bien pudiera ser Jesucristo, postrado con los ojos cerrados. La bandera norteamericana sirve como telón de fondo y dos águilas calvas, planean sobre la escena, haciendo las veces del Espíritu Santo, pues no en vano son el emblema de Norteamérica.

Una imagen vale más que mil palabras y Trump nos ha dado una que debía servir para inhabilitarlo como inquilino de La Casa Blanca

En lugar de Arcángeles, vernos unos aviones de combate y a figuras nebulosas que simbolizan soldados norteamericanos, cual seres celestiales prestos a impartir justicia. Hasta la Estatua de La Libertad forma parte del  delirante atrezo.

En su mano izquierda reluce una luz brillante que hace ver cómo está verificando el milagro de sanar al enfermo, delante de una enfermera que sonríe con admiración y un marine tan embelesado como ella.

También hay una dama rezándole y alguien con gesto grave asistiendo como testigo. Estos días cundía una iniciativa para destituir a Trump aduciendo un clamoroso desorden mental incompatible con el ejercicio de sus responsabilidades. Desde luego, está sorprendente imagen aporta su granito de arena en esa misma dirección. Un demente amenaza la paz mundial con sus pueriles improvisaciones y no parece haber nadie que pueda echarle a un lado.

Afortunadamente, cada vez son más las voces que han dejado de reírle las gracias y entre sus propias filas van proliferando las desafecciones, al cundir la decepción por decisiones que no resultan comprensibles y se intentan justificar a posteriori de mil manera la distintas, incurriendo en constantes contradicciones.

Una imagen vale más que mil palabras y Trump nos ha dado una que debía servir para inhabilitarlo como inquilino de La Casa Blanca, esa residencia oficial que parece considerar su propiedad privada, cual si le hubiera tocado en una tómbola. Si no fuera por el daño que hace, sus grotescas payasadas resultarían hilarantes.