lunes. 22.04.2024
antonio costa pedro sanchez
António Costa y Pedro Sánchez en la cumbre Hispano-Portuguesa celebrada en octubre de 2021. (Foto: La Moncloa)
 

Las elecciones legislativas celebradas el pasado domingo en Portugal, han deparado una inesperada victoria del Partido Socialista de António Costa, que ha conseguido un 42% de los votos y como consecuencia la mayoría absoluta en el parlamento.

Todo ello a pesar de la dificultad de la pandemia y de que tuviera que convocarlas debido a la falta de apoyo de sus socios de izquierdas a los presupuestos para este año 2022.

Analizando la situación podríamos deducir que el electorado de izquierdas ha castigado con dureza los palos en las ruedas que las dos fuerzas de izquierdas que apoyaban al gobierno socialista desde fuera del mismo, Bloco de Esquerda y el Partido Comunista, dejando fuera a los verdes, le han puesto en los últimos meses.

La táctica puesta en marcha por esos sectores de la izquierda, lo que han denominado la “gerindonca” de apoyo externo, su falta de implicación en la gobernanza del país en un tiempo difícil, les ha pasado una dura factura.

Este hecho visto desde nuestro país que ha llevado a la práctica justo lo contrario, un gobierno de coalición supone un aviso a navegantes, debe hacernos reflexionar.

Al electorado de izquierda le gusta la colaboración, el entendimiento de las diferentes izquierdas, a pesar de que las propuestas en un momento dado, o en un cierto tema, no lleguen a coincidir y rechaza cualquier posición que signifique su debilitamiento y como consecuencia que la derecha se aproveche de él para acceder al poder.

Deberían tomar buena nota quienes en estos instantes en España, están optando en temas como la “Reforma laboral” que se vota el próximo jueves, por echar un pulso al gobierno, o quienes en cualquiera de los partidos que lo componen tengan la veleidad de romperlo, o dificultar su funcionamiento.

La lección de Portugal nos viene muy bien. Se podría aplicar el viejo dicho popular de “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

Ese dicho debería figurar en letras enormes en los despachos de los dirigentes de “Más país”, ERC, Bildu, BNG, e incluso en las de PNV.

Poner en peligro la estabilidad del gobierno de coalición en un momento tan complejo, dando oxígeno a la derecha extrema y la extrema derecha, sería un acto de irresponsabilidad de mucha altura.

Además deberían tener en cuenta que ha sido un acuerdo histórico que ha supuesto la firma de gobierno, sindicatos y patronal y que supone la derogación, parcial es cierto, de las partes más lesivas para los trabajadores de la anterior dictada por Rajoy.

A veces en la vida y en la política como señalaba alguien tan lúcido como Marcelino Camacho, “es preferible dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, que supone avanzar uno, que intentar dar tres y retroceder cuatro”.

El jueves con esa votación la izquierda se juega mucho, como ocurrió en Portugal cuando se votaron sus presupuestos. A ellos les ha salido bien, pero no juguemos con fuego con el riesgo de que a nosotros no y les demos una oportunidad que no merecen a Casado, Ayuso y Abascal.

ERC, Bildu, Más País, BNG y PNV deben entender que debilitar al gobierno nos debilita a todos y que las diferencias tampoco son tan sustanciales como para provocar una quiebra.

Deben mirar a Portugal y poner en la balanza los pros y contra que conlleva esa decisión.

En estos instantes las derechas extremas se encuentran en un mal momento. La polémica promovida por Casado, Ayuso y el PP sobre los fondos europeos está suponiendo un sonoro fracaso.

La carta que hoy, una figura tan relevante como Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y miembro del grupo popular europeo, ha dirigido a Pedro Sánchez felicitando a su gobierno por la gestión de esos fondos, reconociendo “el cumplimiento satisfactorio de su plan de recuperación” y por “la transparencia y responsabilidad” supone una descalificación de esa burda campaña. Una especie de bofetada en el rostro de la derecha.

Que ahora, el jueves, otras izquierdas y el PNV votaran contra el acuerdo del gobierno sobre la reforma laboral, sería un error lamentable y un acto de irresponsabilidad.

Esperamos que en estas horas que quedan la sensatez se imponga y la sombra de lo ocurrido en Portugal llegue a Catalunya y Euskadi. Nos jugamos demasiado.

Veremos…

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…