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miércoles. 01.02.2023
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Foto: Ministerio de Defensa

Ha surgido la polémica sobre si el Gobierno alemán debe proporcionar a Ucrania carros de combate Leopard II y autorizar a que otros países que los poseen, bajo patente alemana, entre ellos España, también puedan hacerlo. ¿Por qué hay duda?

Más concretamente, ¿por qué duda Alemania? A quien muchos de los aliados están presionando para que lo autorice, especialmente dos de los poseen ese tipo de armamento en sus arsenales, Polonia y Finlandia, mientras otros, como la propia España, miran hacia otro lado, dispuestos a cumplir lo que se les diga sin tener que mojarse en la decisión final. 

¿Por qué? Porque la decisión no es clara. Se argumenta que, con ese nuevo armamento, las fuerzas ucranianas podrían pasar a la ofensiva y romper la sólida línea defensiva rusa. Pero esa línea parece ser cada vez más sólida, por cierto, como permiten intuir sus ofensivas tácticas de remodelación del frente en Soledar y Bajmut. Porque las encuestas en Alemania están diciendo que la población alemana está dividida, con una cierta ventaja para el “no entregarlos” (43% de los encuestados) frente al “sí entregarlos” (39% de la población). Porque no ve claro, aunque no lo diga, por qué debe ser Alemania, el país europeo más partidario del entendimiento con Rusia y de aceptar plenamente a Rusia como un país europeo más, sea la que más se signifique, mientras Estados Unidos, que es el que maneja desde bambalinas, vía OTAN, todo el apoyo y el gasto de la guerra en Ucrania, anuncia a bombo y platillo que no va a proporcionar a Ucrania sus carros de combate Abrams.

Estados Unidos, que es el que maneja desde bambalinas todo el apoyo y el gasto de la guerra en Ucrania, anuncia que no va a proporcionar sus carros de combate Abrams

Y porque, en el fondo, el problema no es solo si se debe o no se debe, sino también si se puede o no se puede. El armamento moderno es muy caro y los avances tecnológicos muy rápidos. Razón por la cual, la tendencia mayoritaria es a tener pocas “reservas”, especialmente después de tantos años en los que los países de la OTAN solo han intervenido en (y se han preparado y abastecido para) “operaciones de estabilización”, mucho más exigentes en fuerzas flexibles, rápidas y ligeras que en las pesadas concentraciones de combate, de las que son protagonistas las fuerzas acorazadas.

Que es también la razón por la cual, desde el principio y hasta ahora, el armamento y abastecimientos que se han ido proporcionando a Ucrania haya sido más para el apoyo al combate que para el combate propiamente dicho y que éste haya sido en gran medida de segunda mano. Algo que podríamos ver si España es finalmente forzada por la presión aliada a enviar sus Leopard, que ya han dejado claro nuestras autoridades militares y del Ministerio de Defensa que sería sólo de una parte de los 108 Leopard fuera de servicio que se le compraron a Alemania en 1995 (es decir sin todas las mejoras que posteriormente se le han introducido a las sucesivas versiones Leopard desde entonces) y que ya entonces eran de segunda mano, es decir, desechados como plenamente operativos por la Fuerzas Armadas germanas.  

España dispone de 108 Leopard fuera de servicio que se le compraron a Alemania en 1995, desechados como plenamente operativos por la Fuerzas Armadas germanas

¿Cuántos carros de combate sigue necesitando Ucrania? ¿Cuántos Leopard II o Abrams? Los institutos internacionales de estudios sobre seguridad y fuerzas armadas nos informan de que cuando se produjo la invasión rusa (febrero de 2022), Ucrania contaba con unos novecientos carros de combate, a los que, en pocos días, se añadieron otros doscientos sesenta polacos que de forma inmediata cruzaron la frontera ucranio-polaca. Y, por otra parte, nos informan de que en lo que va de guerra, prácticamente un año, unos quinientos han quedado inoperativos. Casi la mitad. Mientras Rusia, que también se sospecha que acumula medios para una posible ruptura del frente (¿este invierno? ¿en primavera?), posee un “parque” de medios acorazados y mecanizados que alcanza cifras del tamaño de tres mil carros de combate y diez mil vehículos de combate, de los que podemos elucubrar que, en caso de necesidad, pudiese desplegar un tercio de ellos en el frente ucraniano. 

Y si para una ofensiva acorazada, como la que se supone que Ucrania podría intentar llevar a cabo este invierno o la próxima primavera con los Leopard y demás apoyos que se le vayan prestando, frente a la potente línea defensiva que según se nos dice está construyendo Rusia en sus líneas de frente, le haría falta una superioridad, en todo, pero especialmente en medios acorazados, de cinco a uno según la experiencia bélica, difícil parece cuadrar las cuentas.

¿Mil Leopard para Ucrania? ¿Quinientos Leopard para Ucrania? ¿Doscientos Leopard para Ucrania? ¿Quién los tiene? ¿Quién puede desprenderse de ellos? El total de Leopard activos, entre todos los países europeos, es actualmente de aproximadamente dos mil Leopard 

El total de Leopard activos, entre todos los países europeos, es actualmente de aproximadamente dos mil Leopard

Y digo que solamente “se sospecha” que las Fuerzas Armadas rusas pudiesen estar pensando en esa posible futura ofensiva, porque las informaciones que se nos trasmiten relativas a este país crean, en la mayoría de los casos, más bien incertidumbre que certezas, cuando no resultan difícilmente creíbles. “Relato” más bien que información. Propaganda más bien que conocimiento.  

Pero también ¿y cuándo necesita Ucrania los Leopard? Porque utilizar este tipo de armamentos con un mínimo de eficacia y eficiencia requiere su tiempo. Su tiempo de adiestramiento y su tiempo de entrenamiento. No sólo de sus tripulaciones, sino también de quien dirige sus unidades y sus formaciones a todos los niveles. De ahí, la petición/ruego del presidente ucraniano Zelenski: “El tiempo juega a favor de Rusia”. ¿Por qué creemos que, tras finalizar la Guerra Fría, casi todos los países desarrollados han cambiado su servicio militar obligatorio por ejércitos profesionales? Por razones sociales, sí; por la sensación de que la época de las guerras entre grandes y medias potencias había pasado a la historia, también; pero hay una tercera razón, tan condicionante o más que las anteriores porque es más “objetiva”: porque con los tiempos de servicio militar obligatorio no da tiempo a adiestrar adecuadamente al personal que debe manejar los modernos armamentos, de cada vez de mayor complejidad técnica, de una manera eficaz y eficiente. 

En cualquier caso, creo que también pueden plantearse otros tipos de interrogantes en la duda de si Leopard, sí, o Leopard, no, que no sé si estarán o no en el ánimo de las autoridades alemanas, como creo que pueden estar los hasta aquí mencionados.

¿Hasta dónde debe llegar la implicación de Europa en la guerra de Ucrania, sin llegar a ser realmente parte de la guerra en Ucrania, es decir, en los combates y en el dolor y la destrucción que éstos provocan y que tan “humana y solidariamente” condenamos cada día?

¿Hasta dónde debe llegar la implicación de Europa en la guerra de Ucrania, sin llegar a ser realmente parte de la guerra en Ucrania?

Porque, si no recuerdo mal, en Derecho existen las figuras de cómplice, de colaborador necesario y otras parecidas. ¿Es solo culpable el asesino que dispara? ¿O también el que informa de las condiciones y circunstancias adecuadas para que el crimen se pueda cometer? ¿Es legítima defensa ayudar al agredido agrediendo al agresor?

¿Qué falta para que los países europeos entren en alguna de estas categorías, salvando las distancias? No hay soldados europeos combatiendo en Ucrania, de acuerdo, pero ¿por ahora? ¿Ninguno en ningún puesto? ¿No hay asesores sobre el terreno? ¿No pagan las autoridades ucranianas mercenarios extranjeros con dinero europeo, de la Unión Europea y de sus países (Fondo Europeo para la Paz, ¿para la paz?)? De aquí, mi insistencia en que no solo hay una guerra en Ucrania entre Rusia y Ucrania. Hay, además, una guerra de Ucrania entre la OTAN y Rusia. Y el que no está en la primera (en Ucrania), está en la segunda (de Ucrania) como, como mínimo, colaborador necesario, es decir, como culpable, aunque sea indirecto, de las muertes, las destrucciones y el dolor que en Ucrania se están produciendo.

Sí, puede haber intentos de solución. La Unión Europea puede condicionar a Ucrania con la amenaza de suspender sus apoyos, total o parcialmente, presentes o futuros, si no está dispuesta a aceptar ciertas rebajas en sus aspiraciones y a sentarse a debatirlas con Rusia, incluso aunque los combates pudieran proseguir sobre el terreno. Y puede condicionar a Rusia con el levantamiento de sanciones y volver a tratarla como el país europeo que realmente es, si acepta ciertas rebajas en sus aspiraciones y a sentarse a debatirlas con Ucrania, incluso aunque los combates pudieran proseguir sobre el terreno.   

Europa podría intentar convertirse en el colaborador necesario para que la paz volviera a Europa

Estas son sus grandes bazas, que, además, no tiene, en estos momentos, ningún otro país ni organización internacional. Ya que se ha convertido en colaborador necesario del dolor, la muerte y la destrucción que padece Ucrania, podría intentar convertirse en el colaborador necesario para que de algún modo éstos desapareciesen y la paz volviera a Europa. Este si que sería un buen uso del, en estos momentos belicoso, Fondo Europeo para la Paz. Y podría intentar convertirse en el colaborador necesario para que se allanasen los problemas económicos, financieros, comerciales y de niveles de vida que ahora mismo sufren, de una forma u otra y en una medida u otra, la mayoría de los países del mundo y sus ciudadanos, como consecuencia del doble enfrentamiento Rusia -OTAN y su derivado Rusia-Ucrania.

Pero para esto, lo primero que hace falta es querer, ¿quieren verdaderamente la Unión Europea, y los países que la constituyen, la paz y el final del dolor, la muerte y la destrucción que la guerra está suponiendo o prefieren seguir jugando a la hegemonía de su supuesta perfecta ideología y al recuerdo de sus épocas doradas cuando dominaban el mundo?  

Y lo segundo que hace falta, más difícil todavía, es que la dejen Washington, Wall Street, los complejos industrial-militares, las grandes multinacionales de la energía y aquellos de sus ciudadanos recalcitrantes, que siguen empeñados en confundir Rusia con la Unión Soviética.

Consideraciones sobre los Leopard