martes. 05.03.2024
La comunidad cultural argentina contra la Ley Ómnibus (Cedoc)
La comunidad cultural argentina contra la Ley Ómnibus (Cedoc)

Desfinanciar la educación y la cultura fue siempre uno de los fundamentos urgentes de la derecha argentina al instalarse en el poder. Una sociedad embrutecida y desinformada es siempre más maleable que una sociedad criteriosa y cultivada. 

La llegada de Javier Milei a la Casa Rosada significó el comienzo de una batalla cultural que no se cierne solo al desguace de institutos culturales dependientes del Estado Argentino, sino también al aniquilamiento de lo que la derecha sospecha subversivo, contestatario, provocador, inaceptable.  

Desde sus siempre sesgados análisis, los representantes del nuevo gobierno argentino batallan contra la izquierda, que habría instalado un dominio total sobre la cultura, imponiendo la hegemonía cultural a la que el filósofo italiano Antonio Gramsci supo referirse. La izquierda, desde el prisma oscuro de la ultra derecha, es “culpable de la toma del poder cultural”. 

En su lucha por esconder el déficit intelectual que la caracteriza, desde la orilla opuesta la derecha emula a Gramsci en un supuesto operativo de restitución, en lo que -entiende- debe ser un retorno a una hegemonía cultural liberal, usando las mismas armas del propio filósofo.

Javier Milei, un personaje circense que repite consignas de memoria, que tropieza repetidamente al leer, y que presenta serias dificultades en la comprensión de textos

El conservadurismo siempre se caracterizó por su larga tradición anti-intelectual. El genocida Jorge Rafael Videla se jactaba de no haber leído más que un par libros de guerra. Y aunque no hiciera falta que lo confesase, a todas luces era evidente que aquel tirano responsable de la desaparición, tortura y muerte de cientos de argentinos, era un completo ignorante. Este mismo fenómeno, el de presidentes que evidencian e incluso hacen gala de su incapacidad intelectual, vuelve a repetirse con Javier Milei, un personaje circense que repite consignas de memoria, que tropieza repetidamente al leer, y que presenta serias dificultades en la comprensión de textos, especialmente el que compone la Constitución Nacional Argentina. 

La batalla cultural es ahora una necesidad permanente, se trata de una constante pelea por definir valores, historias, palabras, símbolos, formas de vida, caracteres esenciales de los colectivos. En el momento actual la batalla cultural busca principalmente formar opinión pública a través de los medios de comunicación que cumplen un rol fundamental. Pero si los medios son del capital, es menester redoblar la apuesta, ya que desde esas usinas del poder económico concentrado –disfrazadas de canales de televisión- se pretende instaurar la agenda cultural de la derecha, que no es más que el aniquilamiento de todo aquello que nos hace libres, pensantes y criteriosos. 

La batalla cultural es ahora una necesidad permanente, se trata de una constante pelea por definir valores, historias, palabras, símbolos, formas de vida

La derecha entiende que la lucha política y la lucha cultural son dos caras de una misma moneda, se trata de una relación hegemónica que expresa un dominio de un grupo social sobre otro. Se trata de una batalla total, de una verdadera guerra de guerrillas (pero cultural) que se hace en todas partes, pero que sin la constitución de un “nosotros” se vuelve una simple reacción corporativa. La batalla cultural es entendida entonces como el centro de gravedad de la construcción de la derecha como un “nosotros”.

En el caso argentino no existe un “nosotros”. Los intelectuales de derecha nunca han sabido hacerle sombra a la cultura que nace y florece en los barrios carenciados, que crece en las esquinas y que madura en los extrarradios. La cultura es popular. Y poco y nada de pueblo entienden quienes hoy están en el poder, dando una batalla estéril, perdida de antemano. A pesar de Milei, el pueblo continuará expresándose. Le guste o no al presidente, la cultura popular seguirá despertando conciencias y sacudiendo los ánimos de los brutos que, a fuerza de decreto, pretenden arrebatarnos lo único que nos puede salvar de la catástrofe.    

 

La cultura en la mira del gobierno argentino