martes. 16.04.2024
Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, junto con Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN y Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.
 

El ataque de Putin sobre Ucrania es inaceptable e injustificable. Lo repito otra vez. Y lo haré más veces en este artículo. Porque aquí en esta España nuestra hay que andarse con mucho tiento a la hora de hablar o escribir sobre determinados temas. ¡Qué brutalidad y muestra de la deshumanización de nuestra especie en Ucrania! Siento una mezcla de asco y hastío ante los acontecimientos sangrientos, que están provocando tanto sufrimiento, tantos desplazamientos y tanta muerte de muchos ucranianos en una guerra desigual.

Una primera reflexión. Para gobiernos y militares, los medios de comunicación, en tiempos de guerra, forman parte del campo de batalla. El desenlace de una guerra depende en buena parte de los armamentos disponibles por los contendientes, aunque es fundamental la percepción que los ciudadanos tengan del conflicto. Por ende, la cobertura periodística forma parte de la planificación bélica. En tiempos de conflicto una sofisticada maquinaria de propaganda puede operar en contra del espectador inadvertido, con pocas restricciones éticas. Para los que están dispuestos a morir y matar, mentir es un gaje más del oficio o, si prefiere, un mal necesario o menor. El Alto Estado Mayor proporciona la información de acuerdo con sus intereses, y, a veces, oculta el desarrollo de los acontecimientos bélicos. Durante años el Pentágono, conforme a la práctica castrense universal del triunfalismo, proclamó que ganaba el conflicto de Vietnam; el público escuchó una y otra vez que bastaba un pequeño esfuerzo adicional y el Vietcong terminaría reculando en forma definitiva. Como los corresponsales de guerra pretenden informar a su público con el mayor detalle posible, de ahí que las relaciones entre militares y periodistas hayan sido y lo sean a menudo tensas y difíciles. Nada nuevo bajo el sol. Siendo hoy esta realidad mediática incuestionable, no resulta baladí preguntarnos por el tratamiento informativo de los grandes medios en la guerra de Ucrania. Hoy el encuadre político, las imágenes, los relatos de enviados especiales, las agencias de prensa de la guerra ruso-ucrania están sometidos a un férreo control de la OTAN y sus mandos, tanto políticos como militares. En su interior se despliega una estrategia, la opinión pública debe ser manipulada. Televisiones, radios y periódicos, con la inestimable colaboración de esa plaga de conspicuos y perspicaces tertulianos-sabelotodo prefieren reproducir una vez más ese cuento de hadas que nos habla del coraje de unas potencias, las occidentales, que habrían acudido en socorro, en una especie de Cruzada, de un país para hacer frente a la barbarie moscovita. Barbarie que es innegable. Presentando al mundo occidental como defensores de la democracia y de los derechos humanos. Y por supuesto amante de la paz. ¡Qué bonito! Fijémonos en la historia de este continente europeo, y podemos observar que ha estado inundado constantemente por la guerra. Robert Menasse en su libro Der Europäische Landbote nos dice: “Si en un mapa de Europa marcásemos en negro todas las fronteras políticas que ha habido en la historia, saldría una red negra tan tupida, que sería prácticamente una Europa pintada de negro. Sobre esa red negra, ¿qué línea negra podríamos considerar a golpe de vista como una frontera natural? Si sobre ese mismo mapa trazáramos una línea roja allí donde ha habido en Europa contendientes en guerra, lugares que han sido campos de batallas y frentes, la red de las fronteras desparecería cubierta por el color rojo”.

La UE ha elegido una opción, que no ha sido otra que la de andar a rebufo de los designios norteamericanos

A pesar de que nos digan, lo grave es que nos lo creemos, que uno de los grandes triunfos de la Europa de la postguerra ha sido la erradicación de la guerra dentro de sus fronteras, no es cierto. La guerra en los Balcanes fue una prueba, y los Balcanes es Europa. Srebrenica es la mayor matanza ocurrida en el continente desde el año 1945. Y ahora mismo hay otra guerra en Ucrania, y Ucrania es también Europa. Esta ocasión, es una nueva demostración de que, a unas pocas horas de distancia en avión del lugar donde está aconteciendo una tragedia que afecta solo a los que viven allí, otros europeos vivimos cómodos y tranquilos en nuestros propios hogares, y apartamos nuestras miradas de las pantallas de los informativos de televisión para alejarnos de ella. Esta actitud no es una novedad. Según el escritor croata Srécko Horvat, podemos comprender que algunas personas vivan tranquilamente mientras que otras, al mismo tiempo, están muriendo muy cerca, leyendo a un autor testigo de las dos guerras mundiales, y que se suicidó al no poder soportar la auténtica carnicería humana de la segunda. Se trata del austríaco Stefan Zweig. En uno de sus artículos Bei den Sorglosen (“Con los despreocupados”), publicado en 1918, cuenta la historia de su visita a los ciudadanos de Sorglosen, que disfrutan del lujo y el aire en los Alpes de St. Moritz: ríen, esquían, practican el polo y el hockey, bailan, mientras Europa se estaba destruyendo y desangrando a conciencia, ya que estaban muriendo cada día diez mil personas, la gran mayoría jóvenes. Hay un artículo impresionante de Javier Rodrigo muy oportuno para documentar la presencia constante en Europa de la lacra de la guerra Continente cementerio, fascismo, heterofobia y violencia en Europa, 1914-1945 

Retornemos al terrible presente. Insisto, es injustificable la actuación en Ucrania del dictador Putin, calificado recientemente por Carlos Taibo, uno de los mejores conocedores de todo los relacionado con Rusia y los países colindantes, que formaron parte de la URSS de la siguiente manera: Hablo de un triste amasijo en el que se dan cita un manifiesto autoritarismo, un nacionalismo que a menudo tiene ribetes étnicos, la miseria mercantil de los oligarcas, un escenario social lastrado por aberrantes desigualdades, un genocidio en toda regla en Chechenia y, por doquier, la represión de todas las disidencias. 

Me parece perfecto, necesario y urgente que se trate de socorrer a Ucrania, es la obligación moral de Europa. Y parar esta guerra cruel. Pero se nos olvidan otros hechos vergonzosos y sangrientos, que nos recuerda el periodista mejicano José Blanco en su artículo Estados Unidos vs. China Rusia, desde la caída de la URSS, Estados Unidos solo –o acompañado del resto de la OTAN–, bombardeó Panamá, 1989; Irak, 1991; Kuwait, 1991; Somalia, 1993; Bosnia 1994, 1995; Sudán, 1998; Afganistán, 1998; Yugos­lavia, 1999; Yemen, 2002; Irak, 1991-2003; Irak, 2003-2015; Afganistán, 2001-2015; Pakistán, 2007-2015; Somalia, 2007-2011; Yemen, 2009, 2011; Libia, 2011, 2015; Siria, 2014-2016. Año con año EU cometió masacres sin fin. Y no nos indignamos. Tenemos que indignarnos por la guerra en Ucrania, pero, caramba, deberíamos habernos indignado igualmente por los acontecimientos citados entre 1989 y 2016. Antes de 1989, EU bombardeó 16 países. Cientos de miles de bombas, millones de muertos, a partir de 1950.

Obviamente lo que hay que hacer es parar cuanto antes esta masacre en Ucrania. Pero conviene recordar. La OTAN se creó en 1949 para defender a Occidente de posibles ataques de la URSS. En 1989 el mundo soviético se desplomó y, por tanto, la razón de ser de la OTAN desapareció y sin embargo la OTAN persistió, que se estrenó bombardeando Yugoslavia. De una alianza atlántica para la defensa, se convirtió en otra para atacar. Sin freno se amplió hacia el Este sumando países, armándolos con pertrechos modernos: los países del Pacto de Varsovia, los bálticos y otros, hasta cercar a Rusia. No lo ha podido hacer con Georgia y Ucrania, países con los que Rusia tiene numerosos asuntos que arreglar, producto de una historia que, por cierto, no comenzó el pasado 24 de febrero, hacia las 6 AM, cuando Rusia cruzó injustificadamente las fronteras de Ucrania.

Rusia lo ha dicho numerosas veces que fue engañada por Occidente por cuanto la OTAN (especialmente EU) no respetó el compromiso de no ampliarse hacia el Este. EU y Bruselas dijeron que no había tal compromiso. El pasado 18 de febrero el diario alemán Der Spiegel publicó lo siguiente: “Una nota de los Archivos Nacionales Británicos, que acaba de salir a la luz, apoya la afirmación rusa de que Occidente ha violado los compromisos adquiridos en 1990 con la expansión hacia el este de la OTAN. El politólogo estadunidense Joshua Shifrinson ha encontrado el documento, anteriormente clasificado. Se refiere a una reunión de los directores políticos de los Ministerios de Asuntos Exteriores de EU, Gran Bretaña, Francia y Alemania, celebrada en Bonn el 6 de marzo de 1991”.

Fueron los gobiernos de las principales potencias democráticas, y no el Gobierno ruso, los que mintieron sobre el compromiso de no expandir la principal alianza militar del mundo (la OTAN) en dirección hacia las fronteras de Rusia. Durante un cuarto de siglo, esos gobiernos tendieron a negar haber asumido tal compromiso, hasta que en el 2017 (documento oficial desclasificado demostraron no solo que existió, sino que fue asumido por los jefes de gobierno de las principales potencias de la OTAN (George H. W. Bush, Helmut Kohl, François Mitterrand y Margaret Thatcher). 

Y algunos indicios sugieren que el Gobierno estadounidense no tenía mayor intención de cumplirlo. Por ejemplo, la filtración a la prensa en 1992 del documento que daría lugar a la denominada “Doctrina Wolfowitz”, según el cual, aún bajo el gobernante más cercano a Occidente que tuvo Rusia en más de un siglo (Boris Yeltsin), EU seguía considerando a ese país su principal rival estratégico a escala mundial. 

Según el peruano Farid Kahhat, doctor en Relaciones Internacionales, Teoría Política y Política Comparada en la Universidad de Texas, Austin, eran los años 80 y el gobierno de Ronald Reagan reverdecía el maniqueísmo propio de la Guerra Fría. En ese contexto Georgi Arbatov, asesor del líder soviético Mijail Gorvachov, lanzaba una ominosa advertencia a los Estados Unidos: “Les vamos a causar un daño terrible: los dejaremos sin enemigo”. La advertencia se basaba en una lógica elemental: la contención del comunismo era la razón de ser de la Guerra Fría, y permitía alinear a los actores políticos dentro de la dicotomía aliado/rival. Desaparecido el comunismo, desaparecería también el criterio fundamental para comprender y encarar la política internacional. Por eso, algunos años después el profesor de la Universidad de Chicago John Mearsheimer escribiría un artículo titulado “Por qué pronto extrañaremos la Guerra Fría”. Según él, la amenaza soviética era la razón de ser de la alianza militar entre Estados Unidos y Europa occidental y, sin ella, esa alianza comenzaría a resquebrajarse (pronóstico que, en realidad, sólo cobró visos de verosimilitud con la presidencia de Donald Trump). Y la OTAN no se ha resquebrajado.

Rusia lo explicó mil veces: la OTAN en Ucrania, que ubicaría misiles que tardarían apenas cinco minutos en llegar a Moscú, es inaceptable. EU ha tenido oídos sordos a este reclamo. Rusia lo propuso mil veces: tengamos un acuerdo sobre la base de la seguridad indivisible: seguridad para todos, simultáneamente. EU ha tenido oídos sordos a esta propuesta. ¿Cómo reaccionaría EU en caso de que una alianza militar hostil se hubiese hecho presente en Canadá y en México? Cabe recordar la crisis de los misiles de 1962, que estuvo al borde de provocar un desastre mundial. 

Putin es ahora un paranoico, pero ayer era el líder de una potencia con la que se tenía que haber llegado a un acuerdo. Putin, según Carlos Taibo es en buena medida el resultado de políticas occidentales caracterizadas por la prepotencia y la agresividad, antes descritas, aunque también pesan factores internos propios de su país e inercias históricas de largo aliento. Como un recurso constante a la historia para fomentar un nacionalismo exacerbado, como explicaba en este mismo medio el 13 de febrero de 2011 en el artículo Putin, el tahúr de la Historia.

Kissinger, que pasó su vida luchando contra los soviéticos, lamentó hace una década que no se hiciera esfuerzo alguno tras el fin de la URSS para asociar a Rusia a la seguridad europea. Brzezinski, asesor de seguridad de Carter, polaco y antirruso, consideraba una provocación anunciar la entrada de Ucrania en la OTAN en el 2008. Defendía un estatuto de neutralidad, de finlandización, con una doble garantía para Ucrania y para Rusia. No se negoció. Un experto en geopolítica, John Mearsheimer vaticinó en 2015 en un seminario llamado '¿Por qué Ucrania es la culpa de Occidente?' que la invasión de Rusia a Ucrania terminaría pasando ya que el principal error ha sido la decisión de Estados Unidos y sus aliados europeos de sacar a Ucrania de la órbita rusa e intentar integrarla en Occidente. 

Como señala Marga Ferré, Co-presidenta de Transform! Europe, la OTAN es un producto de la Guerra Fría y no tiene sentido que exista. Europa necesita una política de seguridad y defensa propia y autónoma bajo la égida del derecho internacional y las Naciones Unidas (la OTAN viola la Carta de las Naciones Unidas y no está sujeta a ella). De hecho, la OSCE, la organización para la seguridad y la cooperación europea se creó para eso y este año, que cumple su 50 aniversario, puede ser un buen momento para establecer una estrategia de cooperación y seguridad autónoma en el continente europeo, incluida Rusia, y desligada de la dependencia de los Estados Unidos, sobre la base del derecho internacional y los derechos humanos como forma de resolver los conflictos. Europa no debe subordinar su política exterior y militar a las decisiones de la OTAN, es decir, de EEUU. Y no debemos olvidar que en esta guerra de Ucrania, la gran perjudicada va a ser toda Europa, sobre todo Ucrania y Rusia, y la gran beneficiada Estados Unidos. Muy alejado del escenario de conflicto, la crisis le viene perfecta para incrementar los problemas de una Rusia que arrastra desde tiempo atrás una economía exangüe y para dividir una vez más a la UE, en un escenario en el que los más que previsibles desencuentros de esta con Moscú en cuanto al gas natural y al petróleo afectan de forma menor a Washington. Claro es que en todo ello es porque la UE ha elegido una opción, que no ha sido otra que la de andar a rebufo de los designios norteamericanos. 

Algunas reflexiones inevitables y pertinentes sobre la injusta invasión de Ucrania