domingo. 03.03.2024
cristina fernandez alberto fernandez

@jgonzalezok / Exactamente seis meses antes de las próximas elecciones generales en Argentina, el presidente Alberto Fernández anunció que no será candidato a la reelección. Empujado por la brutal crisis socioeconómica, con los peores indicadores posibles en cuanto a pobreza (43,1 %) e inflación (104,3 % anual, 400 % desde que asumió),una deuda que sigue aumentando de forma dramática y una disparada del dólar que corre desbocado, mantener una candidatura que estaba siendo contestada incluso por el propio peronismo, era irreal. Y, como dijo un dirigente opositor, la noticia hubiera sido que se presentara.

El anuncio de Alberto Fernández vaciará aún más la autoridad presidencial. En realidad, desde que fue designado por el dedo de Cristina Kirchner para ser el candidato peronista hace cuatro años, siempre fue un mero delegado que no pudo armar su propio gabinete de ministros,ni siquiera algunas de las segundas líneas de su administración. Cristina Kirchner le exigió en estos años la cabeza de sus más cercanos colaboradores y guardó para sus más leales no solo los puestos de mayor peso político, sino también los que manejan mayores recursos, permitiéndole una fenomenal política clientelística.

La decisión de Alberto Fernández muestra el fracaso absoluto de un gobierno que había prometido sacar a la Argentina de la crisis en la que acabó el gobierno de Macri

El verdadero gestor del gobierno en el día a día era desde hace tiempo el ministro de Economía, Sergio Massa, con Cristina en la sombra. No había reuniones de gabinete y el diálogo de la mayoría de los ministros con el presidente no existía. El mandatario era una mera figura decorativa y ahora se transformará en un fantasma al que le va a costar que le escuchen y atiendan los propios empleados en la Casa Rosada. Hay un dicho en Brasil que a los presidentes que se van les sirven el café frío; de Alberto Fernández se empezó a decir ya que ni siquiera le sirven el café.

El mandatario argentino intentó mantener un resto de autoridad al anunciar que se pondría al frente del armado nacional de las candidaturas del peronismo, pero la única dueña del lápiz sigue siendo Cristina Kirchner. La vicepresidenta anunció hace meses que no sería candidata a nada en estas elecciones, aunque parte de sus seguidores mantienen lo que se conoce como Operativo Clamor, creyendo que es la única que puede lograr la victoria del peronismo. Al mismo tiempo, y sin que esto les parezca contradictorio, afirman que está proscrita por la Justicia. Las dos cosas tienen como objetivo mantener movilizada a la militancia.

Pero es difícil que se anime a disputar nuevamente la presidencia, porque hay escasísimas posibilidades de victoria. Lo más previsible es que acabe optando a un puesto en el Senado para asegurarse que tiene fueros frente a nuevas condenas judiciales.

La vicepresidenta Cristina Kirchner no solo marcó de cerca a Alberto Fernández durante estos tres años y medio, llegando a la humillación en público. La Cámpora, la agrupación interna que comanda su hijo Máximo Kirchner, también lo presionó y criticó abiertamente, boicoteando algunas de sus principales iniciativas, como el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

La renuncia de Alberto Fernández no tiene antecedentes. Aunque Néstor Kirchner también decidió no optar por la reelección en 2007, el escenario era totalmente diferente. Dejó que fuera candidata su esposa, Cristina Kirchner, con una doble intención: seguir siendo él quien tomara las principales decisiones e ir alternándose en el poder, contornando la prohibición de ejercer la máxima presidencia por más de dos períodos consecutivos.

La decisión de Alberto Fernández muestra el fracaso absoluto de un gobierno que había prometido sacar a la Argentina de la crisis en la que acabó el gobierno de Macri. No solo no lo logró, sino que el país está en muchísimas peores condiciones que hace cuatro años. En marzo de 2019, todavía gobierno de Mauricio Macri, la hoy portavoz presidencial Gabriela Cerruti escribía en su cuenta de Twitter: “Dólar a 43. Más inflación, más desocupación, más desindustrialización. ¿Sabés qué @mauriciomacri? Yo estoy caliente. Todos estamos calientes. Con vos, con tu gobierno, y también con los cómplices que en las redes y en los medios hablan de cualquier cosa para tapar el derrumbe”. Cuatro años después, el dólar llegaba a 442 pesos.

La lista de los precandidatos para la carrera presidencial -que deberán competir antes en las primarias del 13 de agosto- es todavía incompleta, pero hay varios nombres en danza. En el lado del peronismo gobernante, el incombustible Daniel Scioli, vicepresidente en el primer gobierno de Néstor Kirchner, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y actual embajador argentino en Brasil, es el primer anotado; el ministro del Interior, Eduardo Wado De Pedro, es el favorito de Cristina y su principal mérito es ser hijo de desaparecidos; Juan Grabois, un dirigente social amigo del papa, también está en la lista; lo mismo que el actual jefe de Gabinete, Agustín Rossi, experimentado político que también cuenta con la simpatía de Cristina; y el ambicioso Sergio Massa, actual ministro de Economía, al que la situación económica prácticamente inhabilita para tener alguna posibilidad de éxito.

A esta lista podrían sumarse el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, una debilidad de Cristina Kirchner o el gobernador de la provincia de Chaco, Coqui Capitanich, que fue jefe de Gabinete en el pasado. No se descarta un candidato de consenso o, más probable aún, un nuevo dedazo de Cristina.

En el campo opositor, los dos precandidatos ya lanzados son Horacio Rodríguez Larreta, alcalde de Buenos Aires, una figura centrista con buena evaluación de los ciudadanos en su gestión; y Patricia Bullrich que, a pesar de haber integrado la guerrilla montonera en los 70 está en una posición claramente de derecha, defensora de la mano dura y que tiene importante apoyo en el campo opositor, sobre todo por la crisis de inseguridad que vive el país.

Como tercero en discordia está el inclasificable Javier Milei, que se define libertario, con ideas disparatadas -quiere dolarizar el país, acabar con el Banco Central, permitir la compra de órganos humanos, acabar con la educación pública, etc.- y con posiciones sumamente preocupantes. Defensor del ex presidente brasileño Jair Bolsonaro y simpatizante de Vox, tiene numerosos puntos de contacto con la extrema derecha internacional.

Según las encuestas, Milei podría colarse en la segunda vuelta electoral, relegando al peronismo al tercer lugar, un resultado que sería humillante. Pero no tiene estructura partidaria para lograr una representación parlamentaria propia, con lo que una posible victoria haría del suyo un gobierno inoperante. A no ser que decidiera gobernar por decreto, con el peligro para las instituciones y la democracia que esto supone.

Alberto Fernández se baja de la carrera presidencial