Nuevatribuna

SEMANA CLAVE PARA LA SALIDA DEL REINO UNIDO

Lecciones de un Brexit inconcluso

La larga marcha hacia el Brexit llega a su última etapa y el resultado de todo el proceso es más que negativo.

Antonio Tajani, presidente de la Eurocámara, junto a Theresa May.
Antonio Tajani, presidente de la Eurocámara, junto a Theresa May.

A cuatro días de la fecha límite para evitar un divorcio caótico sin acuerdo todas las opciones permanecen abiertas y son manejadas como escenarios posibles

Momentos cruciales en lo que podrían ser los últimos pasos, aunque ni eso está claro, de la larga marcha hacia el Brexit. A cuatro días de la fecha límite para evitar un divorcio caótico sin acuerdo, marcada para el 12 de abril por el último Consejo Europeo, todas las opciones permanecen abiertas y son manejadas como escenarios posibles. La Cámara de los Comunes del Reino Unido (RU) ha rechazado en tres ocasiones el acuerdo de 25 de noviembre de 2018, negociado durante dos años por el Gobierno de Theresa May, que señalaba los grandes rasgos de la salida del RU de la Unión Europea (UE). También ha votado en contra de todas y cada una de las propuestas alternativas que se le han presentado a votación.

A finales del pasado mes de marzo, el Parlamento del RU arrebató al Gobierno de May su prerrogativa de ordenar los debates parlamentarios sobre el Brexit mediante el mecanismo de “votaciones indicativas” y constató que ninguna de las ocho propuestas sometidas a votación el miércoles, 27 de marzo, lograba el apoyo mayoritario de la Cámara.

El escaso control sobre la retirada del RU de la UE que mantenía la primera ministra May desapareció y el caos político se impuso. El viernes, 29 de marzo, la mayoría del Parlamento rechazó por tercera vez el acuerdo de ruptura, a pesar de haberse excluido de la votación la Declaración Política que perfilaba la futura relación entre ambas partes con la intención de favorecer que laboristas partidarios de la retirada ordenada de la UE que incluya la permanencia en la unión aduanera votaran a favor, pero muy pocos diputados laboristas picaron el anzuelo. Los apoyos a la retirada del RU acordada por May han ido aumentando paulatinamente desde la primera votación en la Cámara de los Comunes de 15 de enero, en la que la diferencia de votos fue nada menos que de 230 (202 a favor y 432 en contra), que se redujeron a 149 en la segunda votación de 12 de marzo y a 58 votos (286 a favor y 344 en contra) en la tercera y, por ahora, última votación de 29 de marzo.

El lunes, 1 de abril, en un nuevo intento de desbloquear la situación, la mayoría del Parlamento de Westminster volvía a rechazar las cuatro propuestas que habían logrado un mayor respaldo parlamentario cinco días antes.

cuadro brexit

En las votaciones del 1 de abril, la propuesta de un Brexit que preservase la unión aduanera completa y permanente, apoyada por los laboristas, perdió por sólo tres votos. La opción llamada “Mercado Común 2.0” o “Noruega Plus”, por la que el RU se mantendría en el Espacio Económico Europeo, como miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (más conocida por sus siglas en inglés: EFTA), junto a Noruega, Islandia o Liechtenstein, compartiendo la unión aduanera y el mercado único, perdió por veintiún votos pese a contar también con el apoyo de última hora de los laboristas. Incluso la propuesta de un referéndum para ratificar cualquier acuerdo alcanzado por la Cámara de los Comunes perdió por doce votos.  

Últimos movimientos para lograr una nueva prórroga

Tras el fiasco de las votaciones indicativas y el caos político reinante en el Parlamento y en todos los partidos británicos, nadie parece tener la clave para salir del atolladero. Todo sigue siendo posible. Y cada día que pasa, la improbable y muy costosa separación caótica y sin acuerdo que debería tener lugar el próximo 12 de abril alimenta las posibilidades de que se produzca un raro movimiento de última hora, vinculado a una nueva prórroga, que no obligue a desdecirse en demasía ni al Gobierno May ni al Consejo Europeo (convocado para una reunión extraordinaria el 10 de abril) y permita retrasar durante unas semanas o meses la salida y dar una nueva y última o penúltima oportunidad a la negociación.

Nada es imposible, aunque sea poco probable a corto plazo un nuevo deslizamiento a favor del acuerdo alcanzado por la primera ministra de una parte significativa de los diputados conservadores que lo han rechazado en las últimas votaciones. Menos probable aún es que ese deslizamiento se produzca entre los diputados laboristas.

La intención de Corbyn es dejar madurar el problema para que la única salida del laberinto sea la de anticipar las elecciones generales, que se ve en condiciones de ganar

Los conservadores contrarios al acuerdo han repetido una y otra vez que prefieren que no haya ningún acuerdo a un mal acuerdo, aunque ha comenzado a calar el argumento de que un mal acuerdo es preferible a permanecer más tiempo en la UE, con la posibilidad de que el tiempo desdibuje el horizonte de ruptura con la UE y termine por hacerla inviable. Por parte de los laboristas, sus intereses pasan por terminar de achicharrar políticamente a la primera ministra y profundizar la división interna en las filas conservadoras, aunque eso le esté costando al líder laborista Jeremy Corbyn la pérdida de algunos apoyos entre los diputados laboristas y simpatías en una parte significativa de sus votantes. La intención de Corbyn es dejar madurar el problema para que la única salida del laberinto sea la de anticipar las elecciones generales, que se ve en condiciones de ganar; sólo después de ganarlas emprendería la tarea de negociar un acuerdo de retirada indoloro para la economía y los intereses del RU: un Brexit compatible con el mantenimiento en la unión aduanera que permitiera reconstruir un mínimo consenso social y político y pudiera ser ratificado por la ciudadanía en un nuevo referéndum. Su estrategia tiene un doble riesgo: que su liderazgo en el seno del laborismo quede también tocado por el marasmo ocasionado o que la situación se pudra antes y se produzca una retirada sin acuerdo con altos costes para la economía británica de la que sería corresponsable.

Un último apunte sobre las distintas opciones votadas en los últimos días. Tanto la alternativa de convocar un nuevo referéndum como la de la participación del RU en las elecciones al Parlamento Europeo para lograr una pequeña prórroga son altamente improbables.

CONVOCATORIA DE UN NUEVO REFERÉNDUM

May trata de ganar tiempo, responsabilizar a la UE de lo que ocasionaría un Brexit caótico, apaciguar al ala más intransigente de su propio partido y, de paso, presionar a sus parlamentarios para que den una última oportunidad a su acuerdo

En cuanto a la primera, la de convocatoria de un nuevo referéndum sobre el Brexit, la mayor parte de encuestas y analistas señalan que la relación de fuerzas entre partidarios y adversarios del Brexit ha cambiado poco y que la repetición del referéndum tendría grandes inconvenientes con un alto poder destructivo: incrementaría y consolidaría la crispación y la división social y territorial existentes; sometería a una gran tensión a los dos principales partidos políticos, ya muy divididos internamente, poniendo en cuestión el sistema de representación política sin contar con una alternativa estable; y en el caso más probable, de repetirse unos resultados parecidos al anterior, prolongaría la situación de bloqueo y caos políticos en la que ha desembocado la maniobra partidista de someter a una elección binaria un problema político de primera magnitud, como el Brexit, que exige un notable consenso social, mayor capacidad de negociación con la UE que la demostrada por May y un gran margen político para el diálogo, la cesión y la búsqueda conjunta de las soluciones menos lesivas para las partes involucradas.

En cuanto a la segunda opción, la de una prorroga vinculada a la aceptación de la condición impuesta por el último Consejo Europeo, por la que el RU participaría en las elecciones de finales de mayo al Parlamento Europeo, sería un suicidio político inaceptable para ambos líderes, los aparatos de los dos grandes partidos y, probablemente, la ciudadanía británica. Dicha participación, que gusta poco en el RU, preocupa también a muchos de los líderes europeos que temen, con razón, que impulsaría la campaña de la extrema derecha neosoberanista europea y su presencia en el Parlamento Europeo.

Tal callejón sin salida ha propiciado el más reciente movimiento de aproximación entre May y Corbyn para explorar una propuesta común entre las dos grandes y tradicionales fuerzas políticas británicas que finalmente, tras las conversaciones entre ambos de la semana pasada, no han llevado a ningún acuerdo, evidenciando las grandes diferencias y los grandes obstáculos para alcanzarlo. May no puede aceptar el mantenimiento del RU en la unión aduanera, porque una parte muy importante de su partido y del Gobierno, favorables a un Brexit duro, no lo apoya y preferiría cualquier cosa, dividir en dos al partido y dejar caer al Gobierno, antes que aceptarlo. Corbyn no quiere cambiar su perspectiva de forzar un adelanto electoral que le podría aupar al puesto de primer ministro ni, por ello, aceptar un nuevo referéndum sobre el Brexit que le exige buena parte de las bases laboristas y que ha barajado May como último cartucho para traspasar parte de sus problemas internos al Partido Laborista.

El último y desesperado movimiento de May ha sido la carta enviada el pasado viernes, 5 de abril, al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, solicitando un nuevo aplazamiento del Brexit hasta el 30 de junio. May trata de ganar tiempo, responsabilizar a la UE de los costes económicos y del desgaste en la credibilidad de la UE que ocasionaría un Brexit caótico, apaciguar al ala más intransigente de su propio partido y, de paso, presionar a sus parlamentarios para que den una última oportunidad a su acuerdo de Brexit, ya que las alternativas podrían ser bien la retirada caótica el 12 de abril, bien la participación en las próximas elecciones al Parlamento Europeo. La Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo prefieren un aplazamiento largo y están obligados a responder con flexibilidad (Tusk ha hablado en las últimas horas de “flextensión”) a la última carta de May para lograr una retirada que no interfiera demasiado en la marcha política de la UE ni en la campaña electoral europea, que podría consistir en conceder al RU una prórroga flexible de un año que podría interrumpir en cualquier momento, cuando el Gobierno del RU se considerara preparado para llevar a cabo un Brexit ordenado. Las cartas están echadas, pero hace falta vestir y justificar esa nueva prórroga hasta el 30 de junio o por un año. Maniobra de muy difícil realización, ya que no parecen demasiado sólidas las expectativas de que May pueda llegar a un acuerdo con los laboristas y en el Parlamento en las próximas semanas.      

Dos lecciones del Brexit

A estas alturas, el final de la escapada del Brexit está aún por decidir, pero lo sucedido hasta ahora proporciona, al menos, dos importantes lecciones.

La primera lección tiene que ver con el giro político dado por los partidos de extrema derecha de todos los países de la UE, que de reivindicar referéndums para forzar la salida de la UE han dejado de lado esa propuesta y prefieren concentrar su atención en el rechazo de la inmigración, como elemento clave de unificación de sus propuestas políticas, el fortalecimiento de las fronteras nacionales para protegerse y la recuperación de las competencias cedidas a las instituciones comunitarias. Los partidos políticos neosoberanistas de la derecha y la extrema derecha europea entendieron rápidamente las dificultades de la negociación emprendida por el RU, los costes que implicaría la salida de la UE y sus impactos en forma de división interna en sus respectivas formaciones políticas y en sus apoyos electorales, sometidos a la enorme tensión de una negociación cuyo saldo difícilmente podría ser favorable a sus intereses nacionales. Por ello, cambiaron su estrategia de demolición de la UE y definieron unos objetivos diferentes: vaciar de contenidos políticos a la UE, reducir paulatinamente las competencias de las instituciones comunitarias y el presupuesto comunitario que las sostiene, debilitar las políticas comunes y dejar la UE reducida a un cascarón vacío, especialmente en todo lo que se refiere a políticas de solidaridad y cohesión económica, social y territorial, en el que reinaría un mercado único liberado de todo tipo de ataduras y regulaciones nacionales y comunitarias. Y a ese afán dedican todos sus esfuerzos en estas próximas elecciones al Parlamento Europeo, donde aspiran a convertirse en la tercera fuerza política y a ser determinantes en la definición de la agenda y las prioridades políticas, con el rechazo de la migración en un lugar prioritario entre los temas de preocupación de la ciudadanía, y en el bloqueo de todas las iniciativas que pretendan compartir políticas, riesgos o transferencias entre los Estados miembros.  

La larga marcha hacia el Brexit llega a su última etapa y el resultado de todo el proceso es más que negativo: una sociedad dividida, partidos políticos más frágiles, un consenso social y político cada día más lejano, un país menos soberano y la posibilidad de un Brexit caótico con altos costes económicos 

La segunda lección está relacionada con la confusión entre independencia política y soberanía que caracteriza a las fuerzas neosoberanistas de extrema derecha. Se trata de un neosoberanismo que concentra su atención en la independencia política, mediante la recuperación plena de las competencias cedidas a instancias comunitarias, presumiendo que esa recuperación de competencias supondrá mayor soberanía nacional, perdiendo de vista los límites a la soberanía que impone a todos los países, excepto a tres o cuatro grandes potencias mundiales (entre las que podría situarse la UE, pero no el RU o cualquier otro país de la UE, si se retira de la UE), la globalización comercial, financiera, monetaria o tecnológica y el funcionamiento de las cadenas de valor internacionales construidas durante décadas de relaciones y cooperación entre los países de la UE.

Además, habría que considerar los altos costes, puestos en evidencia por las negociaciones en torno al Brexit, que supondría la retirada de la UE, más si se hace sin acuerdo, para cualquier Estado miembro. Si un mayor grado de soberanía supone mayor capacidad de decisión en la defensa y protección de los intereses nacionales frente a poderes foráneo, la retirada del RU de la UE va a significar una mayor división y fragmentación de la representación política y de la sociedad británicas y una menor capacidad para defender sus intereses nacionales y a la ciudadanía británica frente a influencias e injerencias externas o, viene a ser lo mismo, una menor soberanía nacional.    

La larga marcha hacia el Brexit llega a su última etapa y el resultado de todo el proceso es más que negativo: una sociedad dividida, partidos políticos más frágiles, un consenso social y político cada día más lejano, un país menos soberano y la posibilidad de un Brexit caótico con altos costes económicos que perjudicarán a todas las partes.