USO DEL ESPACIO PÚBLICO DE LA CIUDAD

Madrid Central. Una propuesta urbanística

El aplauso que ahora merece esta iniciativa municipal necesita que vaya acompañado de otras medidas ineludibles.

Fotos: Ayuntamiento de Madrid
Fotos: Ayuntamiento de Madrid

Madrid Central es un auténtico ejercicio del mejor urbanismo

Hace unas semanas publiqué, en este mismo periódico, un artículo que titulé “Madrid Central y el derecho a la ciudad”, en apoyo de las nuevas normas de control del tráfico privado en el área central de Madrid.

Hoy, coincidiendo con la gran polémica que este tema ha suscitado, entiendo oportuno añadir unas líneas sobre esta importante iniciativa bajo el nuevo título de “Madrid Central. Una propuesta urbanística”, en el que pretendo justificar por qué esta propuesta, necesaria y urgente, aunque polémica, es un auténtico ejercicio del mejor urbanismo.

Una propuesta urbanística en el sentido más amplio. Sin duda, la primera y más importante propuesta urbanística formulada por el gobierno municipal de Ahora Madrid, más allá de la difícil tarea de enfrentarse y pretender resolver viejas y conflictivas herencias.

Una propuesta urbanística, ya que de su aplicación van a derivarse nuevas pautas de comportamiento de los ciudadanos en el uso del espacio público de la ciudad. Y no solo en el área central. Una propuesta urbanística, ya que va a tener como consecuencia más inmediata una mejora del paisaje urbano, por el simple hecho de liberar a las calles y plazas de la invasión desmedida e incontrolada de miles de vehículos motorizados de todo tipo.

Una limpieza destinada a borrar miles de esos vehículos que inundan calles y plazas, tanto cuando circulan como cuando, aparcados, extienden una inhóspita alfombra metálica que acaba ocupando cada rincón de la ciudad. En definitiva, unas nuevas normas que vendrán a aminorar de forma muy visible la intrusión de coches, camionetas y motocicletas que degradan el paisaje urbano y suponen un grave obstáculo para el ciudadano en su deambular cotidiano por la ciudad. Un obstáculo que se agrava cuando supone una amenaza para la seguridad física de los viandantes.

Con una justificada lógica, cabe esperar y exigir que esta labor de limpieza vaya acompañada de un programa de intervenciones destinadas a la remodelación y mejora de la configuración y el tratamiento de nuestras calles y plazas, conforme vayan liberándose de la presión del tráfico rodado. Un programa de obra pública proyectada y ejecutada de forma culta y comedida, evitando el engaño de una falsa modernidad o el virtuosismo exhibicionista de los profesionales responsables de las obras. Peligros ciertos y caros que anuncian su caducidad a corto plazo. Porque no podemos olvidarnos de que la calidad del diseño urbano, con la adecuación de los materiales y el mobiliario correspondiente a cada lugar, constituyen la prueba con que medir su éxito o fracaso.

Un programa de obras responsablemente planificado en el espacio y el tiempo que tenga como consecuencia cierta y perceptible en el medio plazo un paisaje urbano más culto, más eficaz y placentero, afirmando su condición de espacio común para goce de los madrileños y visitantes.

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Madrid Central puede saludarse como una renovada política urbana, referida hoy al área central de Madrid, pero que deberá extenderse más allá para formularse y aplicarse barrio a barrio, con el objetivo final de igualar la calidad urbana y el nivel de vida de sus ciudadanos

En congruencia con estas reflexiones, cabe deducir que, siendo la calidad del espacio público el indicador más directo y evidente de la calidad y atractivo de una ciudad, al tiempo que la mejor garantía para la manifestación de una vida colectiva intensa y gozosa, es lógico entender y afirmar que es el cuidado y mejora del espacio público heredado una de las tareas prioritarias del urbanismo. Del espacio heredado y, por supuesto, del nuevo espacio proyectado.

Razones estas que apoyan mi apuesta al asignar a Madrid Central el carácter de una propuesta urbanística, más allá del concreto significado, contenido y función que le asignemos al planeamiento urbano como documento normativo que regula el uso del suelo, determina las características de la edificación y, sobre todo, dirige y controla el proceso de desarrollo urbano de la ciudad, tanto de iniciativa pública como privada. Funciones todas ellas propias de un buen gobierno de la ciudad.

Madrid Central puede saludarse como una renovada política urbana, referida hoy al área central de Madrid, pero que deberá extenderse más allá para formularse y aplicarse barrio a barrio, con el objetivo final de igualar la calidad urbana y el nivel de vida de sus ciudadanos, no solo en el centro, sino en el conjunto de Madrid, superando las carencias históricas que afectan a la mayoría de los distritos periféricos.

Basta mirar al sur. Mirar a Villaverde, Usera, Vallecas, Carabanchel Bajo… para constatar una realidad intolerable si aspiramos a consolidar una ciudad cuyo objetivo último y más importante es luchar contra la desigualdad social y la injusticia espacial, tal como afirma Bernardo Secchi. Una situación de deterioro ambiental en estos distritos denunciada con fundamentadas razones por múltiples asociaciones vecinales a lo largo de demasiados años sin obtener respuesta positiva por los sucesivos ayuntamientos. Una justa reclamación que en los momentos actuales se concreta en la llamada “Carta del sur”, suscrita por una amplia asamblea de barrios, que constituye una airada apelación al Ayuntamiento de Ahora Madrid. Porque el sur también existe.

El aplauso que ahora merece esta iniciativa municipal necesita, si queremos que se consolide en el tiempo y sea percibida como beneficiosa por los ciudadanos, que este primer impulso, este urgente control del tráfico en la ciudad, vaya acompañado de medidas igualmente importantes e ineludibles dirigidas a la mejora del transporte público en sus múltiples componentes y funciones. Aumento significativo de la flota de autobuses, metro y trenes de cercanías. Integración de los distintos modos de transporte, facilitando el intercambio entre los mismos, tanto con las instalaciones físicas adecuadas como por un sistema tarifario unificado. Garantía de un horario y frecuencia que hagan atractivo el uso del transporte público, sobre todo en horas de máxima demanda. El incremento y mejora de las condiciones de trabajo de los funcionarios adscritos a estos servicios. Intervenciones que deben ir acompañadas de una continua política de comunicación con los ciudadanos que dé lugar a una progresiva corrección y mejora de las medidas que paso a paso vayan implantándose, tanto en el funcionamiento del trafico en la ciudad como en su calidad ambiental. Nunca un tema complejo ha sido resuelto con una sola medida.

No olvidemos que la movilidad debe entenderse como un derecho más de los ciudadanos y una garantía de un eficiente y equitativo funcionamiento de la ciudad.

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Una última reflexión. Siguiendo las palabras de David Harvey en su magnífico libro “Ciudades rebeldes”, me parece obligado dejar escrita la siguiente advertencia. Toda mejora funcional o ambiental del espacio público, de una calle, avenida, plaza o parque, produce automáticamente un incremento de valor de los predios vecinos, que se transforma en un goloso atractivo para los grupos de inversión financieros e inmobiliarios, que intentarán apropiarse desde el primer momento de unos beneficios que no son el resultado de su trabajo, sino que son debidos a “la acción urbanística de los entes públicos” (artículo 47 de la Constitución). Una tentación que, de hacerse realidad, tendría como consecuencia fenómenos como la gentrificación y la más reciente lacra de la turistificación. Un riesgo que debe ser asumido y confrontado por nuestro Ayuntamiento con medidas que contrarresten esta tendencia del puro y duro mercado. Léanse de nuevo el artículo 47 CE: La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos. No solo participar, sino incluso rescatar de las manos del mercado aquellas plusvalías de las que se haya apropiado abusivamente.