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domingo. 14.08.2022

Hemos celebrado el décimo aniversario de aquel 11 de septiembre en el que los Estados Unidos fueron atacados en el corazón de su home land ,Wall Street y el Pentágono. Y mucho se ha escrito sobre lo ocurrido desde entonces a lo largo de lo que se puede considerar una década perdida para la superpotencia americana.

Pero hay otro día de septiembre que también pertenece a la Historia y que cumple ahora su tercer aniversario. Me refiero al 15 de septiembre de 2008, el “lunes negro” de la quiebra del Banco de negocios Lehman Brothers. Tres años después la crisis de las subprimes americanas se ha convertido en la crisis de la Deuda pública europea. Una crisis interminable iniciada en Grecia que se agrava cada día que pasa y que ha colocado a Europa entre el riesgo de caer en el caos del fin del euro y la oportunidad de dar un salto federal en su desarrollo político.

Tres años después, casi día por día, de la quiebra de Lehman Brothers, Alemania y Francia han tenido que volver a proclamar su determinación de evitar la quiebra de Grecia para calmar a unos mercados financieros en los que estaban naufragando los valores bursátiles del sistema bancario europeo. Un ejemplo basta para mostrar la magnitud de la desconfianza que se ha instalado sobre la solidez de los Bancos europeos: la acción de la Societe Generale francesa (después verán por qué la tomo como ejemplo) ha caído el 55% desde el principio de este año. Al inicio de la crisis, en agosto del 200 valía 140 euros la acción y el día del tercer aniversario de la caída de L&B cotizaba a 17,7 euros.

Las subprimes, esos prestamos hipotecarios americanos que infectaban los balances bancarios en todo el mundo ya no son el problema. Hoy el agente tóxico es la Deuda pública, especialmente la griega y con la italiana en el horizonte, cuyo riesgo de impago puede provocar graves pérdidas en algunos Bancos.

Y ese temor provoca de nuevo una sequía de liquidez en el mercado interbancario. Los grandes Bancos Centrales han tenido que asegurar conjuntamente la financiación en dólares de los Bancos europeos y la tensión extrema que han vivido los mercados se ha calmado… momentáneamente. La Historia parece repetirse, las reacciones de pánico se calman con declaraciones de los responsables políticos y sobre todo con las intervenciones de los Bancos Centrales, porque obras son amores y no buenas razones, pero la crisis vuelve apenas las decisiones anunciadas tardan en aplicarse o aparece alguna nueva mala noticia.

Hoy, como hace tres años, los rumores más locos encuentran eco y todos los mercados financieros públicos y privados se deprimen. Como hace tres años, denunciamos la maldad de los especuladores y tratamos de contener sus practicas prohibiendo algunas de sus técnicas, como las ventas a descubierto de los valores mas amenazados. Pero son parches que solo permiten salir de un apuro momentáneo.

Mientras la cacofonía europea no cese es muy difícil que la confianza vuelva .El mismo día que Sarkozy y Merkel se declaraban convencidos de que el futuro de Grecia está en el euro, otros dirigentes europeos, incluso de la propia coalición del Gobierno alemán, avanzan la posibilidad de una quiebra de Grecia como un escenario realista a considerar. Y ni siquiera es seguro en estos momentos (viernes 16 de septiembre) que los Ministros de Economía de la zona euro reunidos en Polonia acaben de acordar la puesta en práctica de los acuerdos del Consejo del 21 de julio pasado sobre el segundo plan de ayuda a Grecia. Las reticencias de Finlandia a participar sin garantías adicionales, que Grecia ya ha acordado concederle de forma bilateral, y la participación del sector privado exigida por Alemania pueden dar al traste o retardar aún más esa solución. Por no hablar de los países, como Eslovaquia, que a estas alturas todavía no pueden asegurar que sus Parlamentos aprueben los nuevos estatutos del FESF que le permitiría comprar Deuda pública en los mercados secundarios.

El objetivo de que los acuerdos de julio estén ratificados en octubre puede no alcanzarse y en todo caso octubre puede estar demasiado lejos frente al doble riesgo al que se enfrenta el euro.

El primero es el empeoramiento de las condiciones de financiación de los países mas cuestionados por los mercados. El primero de ellos, Italia que aprobó un nuevo plan de austeridad, después de grandes forcejeos políticos, para volver al equilibrio presupuestario en el 2013 con el riesgo de agravar la recesión.

El segundo canal de propagación de la crisis es el sector bancario, en función de su grado de exposición a las Deudas públicas de los países en riesgo, real o supuesto, de impago. Solo ha faltado que la señora Lagarde echase leña al fuego declarando que la Banca europea necesitaba una recapitalización urgente de 200.000 millones de euros para que todas las alarmas saltasen, aunque después dijo haber sido mal interpretada. Los ministros de Economía europeos siguen diciendo que esa recapitalización masiva no es necesaria pero Trichet por si acaso ha vuelto a insistir en que los Bancos cumplan lo más pronto posible con las exigencias de Bale III.

Y en este panorama solo ha faltado que el Banco suizo UBS anuncie que uno de sus traders le haya hecho perder 2.000 millones de dólares a través de operaciones de mercado no autorizadas. Después del episodio del trader Kervel que en 2008 le hizo perder 5.000 millones de euros a la antes citada Societe Generale, parece que no hayamos aprendido nada y que el mundo financiero siga siendo una rueda loca que escapa a todo control... y aumenta la desconfianza en el sistema.

Tres años después de Lehman Brothers
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