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nuevatribuna.es | 17.12.2010

El rumbo emprendido por Europa discurre por un camino muy estrecho. De un lado, el desfiladero de la deuda. Por el otro, la empinada rampa que las economías europeas deben remontar tras la asunción masiva de planes austeridad por parte de sus gobiernos. Sin el auxilio del consumo, la recuperación se complica. Incluso para Moody’s –uno de los máximos profetas de los planes de ajuste- que hoy degradó el bono irlandés a la categoría de basura, precisamente después de detectar las piedras que esa austeridad siembra en el camino de salida de la crisis para Irlanda y, por extensión, para toda la Unión Europea (UE).

Tras abogar por los ajustes, Moody’s sacó hoy el hacha contra la deuda irlandesa. La agencia rebajó su nota a los bonos del país celta a los que empujó cinco peldaños por la escalera que lleva a la insolvencia. Entre los motivos esgrimidos por la agencia, destacan los efectos del plan de austeridad. Según Diezmar Hornung, analista de la agencia, la mala nota de Moody’s refleja los problemas detectados para que Irlanda pueda enfilar con éxito el camino de la recuperación. Junto al derrumbe de su sistema financiero, Hornung reitera además otros motivos de la nota de Irlanda. "El anunciado recorte del gasto de 15.000 millones en los cuatro próximos años para reducir el déficit al 3 por ciento del PIB supone un considerable lastre añadido sobre las perspectivas de recuperación del país", admitió el vicepresidente de la agencia.

Cada vez que se mira al espejo, la Gran Recesión gana peso. Sin embargo, esta retroalimentación, propia de economías financiarizadas –como ha denunciado largamente el movimiento social Attac-, trata también de evitarla otra entidad de muy distinto orden. El Banco Central Europeo (BCE) sumó ayer otro de sus gestos dirigidos a los mercados. Dentro de la política denominada “evitar dar información gratis a los mercados”, la entidad presidida por Trichet decidió duplicar su capital y situarlo, mediante una ampliación, en más de 10.750 millones de euros. Con estos fondos, apuntan algunos, el banco continuará con su discreto programa de de compra de bonos.

Tras la ampliación de capital, el BCE situará en 24 su ratio de apalancamiento. Una proporción que recuerda a la de Lehman Brothers cuando el banco de inversión norteamericano se derrumbó hace dos años. La situación del BCE, sin embargo, dista mucho de la del gigante americano. El banco público europeo carece de dificultades para financiarse. Con los nuevos fondos, el BCE lanza un mensaje muy claro a los mercados, aseguran. Trichet seguirá comprando deuda. No al ritmo al que querrían algunos. Pero servirá de contrapeso para que los especuladores se lo piensen antes de apostar a la caída de Portugal o España. Una frágil barandilla, sin embargo, -según denuncian otros- como para lograr que los europeos aparquen de una vez en el recuerdo los efectos de esta Gran Recesión.

Moody’s castiga la austeridad de Irlanda