sábado 4/12/21

La crisis ha disparado los casos de mobbing: "Se premia a los acosadores"

LUIS MARTÍNEZ
La crisis aumenta el número de personas que sufren acoso en sus centros de trabajo. UGT denuncia que la pasividad de las empresas frente al acoso laboral responde, en parte, a motivos económicos. Tener a un acosador en plantilla sale a cuenta. Los sindicatos quieren que se establezca con claridad su origen laboral. Contra ello chocan los intereses de las empresas. Y de las mutuas.
NUEVATRIBUNA.ES – 16.11.2010

La crisis ha disparado los casos de acoso en el trabajo. Un fenómeno poco conocido. Pero muy utilizado en tiempos de crisis, cuando las empresas buscan deshacerse de muchos trabajadores. Nadie quiere perder su puesto de trabajo. Aunque tenga que soportar, en algunos casos, hasta violencia física. Otras veces responden a ataques racistas. Suelen ser los jefes. Aunque no siempre. También se da entre compañeros. En todos los casos, sin la implicación de las empresas, el acoso laboral permanecerá oculto.

Depresión. Ansiedad. Estrés. Síndrome del quemado. A veces, incluso, golpes. Un repertorio cada vez más habitual a causa de la crisis. El trabajo se ha convertido en un infierno para los más de 300 casos que llaman cada año a las puertas de UGT. Las empresas no colaboran, lamenta el sindicato. Menos inversión. Horarios descabellados. Mala organización. Y más carga de trabajo. Todo ello en aumento desde que, en 2008, la crisis comenzó a morder el tejido productivo.

“Las empresas no tienen en cuenta estos riesgos”, lamenta Lucila Sánchez, que esta mañana informa en la estación de Atocha, Madrid, a los trabajadores que acuden a su puesto de trabajo. “Hay un perfil de acosador”, asegura la trabajadora de UGT. Muy autoritario. “Es un hombre que cree tener más capacidad de la que tiene. Intransigente. Egoísta”. Aunque puede ser cualquiera, si sus circunstancias personales se tuercen. “O cuando, de repente, les ascienden y no tienen capacidades”, apunta. Entonces se desata el infierno. Humillaciones. Trato vejatorio. Normalmente sin testigos, para que sea más difícil probarlo.

A veces termina en golpes. Como en el caso de una empresa donde sus nueve trabajadores se han visto atrapados entre dos fuegos. La dirección se ha dividido. Y las dos facciones exigen, a golpes, adhesiones. Otras veces son los propios trabajadores. Como en el caso de un trabajador de origen africano. “Negro, hueles mal”, le espeta cada mañana su compañera. Cuando cuelga el teléfono, ella lo coge y lo limpia. En ocasiones son los clientes. Como en el caso de una trabajadora catalana que falleció recientemente, víctima de un atraco. También ha aumentado el riesgo en centros sanitarios y educativos. Todos son casos de violencia en el trabajo. Aunque, en rigor, sólo existe acoso si el maltrato se prolonga durante seis meses.

Un 90 por ciento de los casos de acoso terminan en acuerdo. Así se evitan juicios. El trabajador acepta una indemnización. O un cambio de puesto, si puede permanecer finalmente en la empresa. Así, apunta Sánchez, lo que se está haciendo es “castigar a la víctima y premiar al acosador”. “Normalmente el acosador se mantiene y la víctima sale”, se lamenta.

UGT ha detectado un frenazo en la política de prevención de las empresas, según apunta Rosa Robledano, responsable de salud laboral del sindicato en Madrid. Los trabajadores van capeando el temporal. Pero, cuando dan la cara, les cuesta mucho recuperarse de esta situación. Por eso, el sindicato mantendrá todo el mes una campaña informativa sobre las consecuencias que la crisis está teniendo sobre la salud y seguridad de los trabajadores, apunta.

ENFRENTARSE AL ACOSO

En el sindicato les enseñan a potenciar rasgos de su carácter que les permitan enfrentarse al acoso. Si el acosado abandona la empresa, la indemnización pactada dependerá de su antigüedad en el puesto y de los daños sufridos. Lo malo es que, para entonces, el mundo personal de la víctima habrá cambiado. Sus relaciones familiares se habrán deteriorado. Muchos han perdido a su pareja, a sus amigos…

Aunque la mayoría ha pasado por el médico, éste no relaciona los daños con el trabajo. “Hay que conseguir que los médicos establezcan esa relación”, afirma Sánchez. Algo muy difícil. Las empresas miran para otro lado. Algunos acosadores les resuelven la papeleta. Consiguen que la gente se vaya del trabajo. Y así ahorran en despidos. Todo a pesar de la ley que obliga a las empresas a evaluar los riesgos psicosociales, el nombre técnico del acoso laboral. Deberían sondear el clima laboral mediante encuestas a sus plantillas. Seguir un protocolo, en caso de acoso. Y utilizar la figura del mediador, una figura que a veces funciona.

Mientras tanto, UGT pelea por sacar a la luz estos casos. Los sindicatos quieren que se establezca con claridad su origen laboral. Contra ello chocan los intereses de las empresas. Y de las mutuas. El problema es que, reconocer el origen laboral de esas enfermedades, les penaliza. Por eso se resisten a tomar medidas. Aunque, con ello, consigan que la Seguridad Social pague por dolencias que son laborales. Y, sobre todo, prolongar el infierno en que viven cada vez más trabajadores.

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