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NUEVATRIBUNA.ES/ L.M. - 05.10.2010

La salida incompleta de Díaz Ferrán despeja el camino hacia la renovación emprendido por la Confederación empresarial. Hasta el momento, el todavía presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, no ha desvelado si presentará su candidatura a presidir CEOE. Sin embargo, muy pocos lo esperan, después del peculiar proceso de derribo a que se ha visto sometido el actual líder de la patronal. En este sentido, muchos son los nombres que, atentos al pistoletazo, permanecen atentos en la línea de salida de la carrera por ganar la presidencia de CEOE.

Los cuchillos vuelan ya en CEOE, cuando, nerviosos, los candidatos intentan encajar sus nombres en la cajonera de la lucha por el poder. “Lo que está haciendo todo el mundo ahora es tomarse cafés y ver qué hacen los demás”, aseguran en fuentes de la empresarial. Una fase de “tanteo” que no excluye algunas críticas preliminares para intentar adelgazar la nómina de candidatos. Así, a Joan Rosell algunos, desde Madrid, le reprochan ya la supuesta cobardía exhibida por el presidente de la catalana Foment del Treball a lo largo del proceso de derribo de Díaz Ferrán, que culminó ayer lunes con el anuncio de elecciones. En concreto, acusan a Rosell de haber tirado la piedra, pidiendo la salida de Ferrán, para luego esconder la mano.

Otros tratan en cambio de desacreditar al andaluz Santiago Herrero, que ya disputó la presidencia a Díaz Ferrán y cuyo nombre, dicen, ha envejecido, aun antes de salir del envoltorio. Todo lo contrario de lo que ocurre con Jesús Banegas, el presidente de las empresas tecnológicas, a quien diversas fuentes sitúan en todo lo alto en el listado de aspirantes a presidir la CEOE. Doctor en económicas e ingeniero, Banegas no se libra, en cambio, de algunas críticas que le reprochan su falta de sensibilidad hacia una institución como el diálogo social y tildan de “carpetovetónico” al presidente de AETIC. Según estas voces, el prestigio de Banegas procede en realidad del sector donde operan sus empresas, aseguran quienes le acusan de tener “nula” sensibilidad a la hora de entender los nuevos modelos de empresa, abiertos a la participación de los trabajadores.

También cuentan con posibilidades para ganar el poder en CEOE el presidente de los constructores Juan Lazcano, a quien, junto a Banegas, se atribuye la paternidad de la celebración de las elecciones que Díaz Ferrán se ha visto obligado a convocar, así como el hombre fuerte de Confemetal, Antonio Garamendi, sin descartar los nombres de Arturo Fernández, presidente de la madrileña CEIM, a quien algunos dan, sin embargo, por “quemado” por su vinculación con el actual líder, Gerardo Díaz Ferrán, o el de Jesús Bárcenas, ex presidente de Cepyme.

NUEVO MODELO DE LIDERAZGO

Díaz Ferrán revelará el próximo 20 de octubre ante la Junta Directiva la fecha en que se convocarán las elecciones. Los reglamentos obligan a que las elecciones se celebren antes del fin de la primera semana de diciembre. Pero, con la elección de un nuevo nombre, los patrones tendrán que decidir también su próximo modelo de liderazgo. Tras la experiencia de Díaz Ferrán, cuyas empresas se vieron muy afectadas por la actividad pública de su patrono, muchos se lo pensarán, antes de presentarse. Lo cierto es que la unánime valoración actual de José María Cuevas no hace olvidar, sin embargo, los feroces apelativos que pesaron sobre su gestión de “funcionario” -él no tenía empresas- entre 1984 y 2007.

Además, el proceso de renovación en la cúpula de CEOE coincide con dos procesos básicos en los que la patronal está implicada: la negociación del reglamento de la ley de reforma laboral, y, sobre todo, la reforma de la estructura de la negociación colectiva. Por cierto, muchos destacan el mal camino que lleva la reforma laboral. Como fichas de dominó, las cifras del paro van cayendo mes a mes -y ya van tres- siempre en la dirección equivocada. La reforma que prometía empleo estable, de momento está resultando un estímulo para más precariedad. Así, el contrato ‘estrella’ de 33 días languidece y no logra remontar. El poco interés de los empresarios se explica por la falta de incentivos. Los patronos no están dispuestos a pagar 33 días de indemnización por despido, cuando ahora, tras la reforma, sólo les cuesta 20.

La 'caza' de Díaz Ferrán se cobra ya víctimas