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lunes. 26.09.2022
ANáLISIS | HUGO BALTASAR CRUCES

La inmigración (legal e ilegal) es buena para la economía

Los inmigrantes vienen aquí a trabajar y no a ordeñar nuestro estado del bienestar, y al hacerlo nos benefician a todos.
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El ideario de “no cabemos todos” o “primero los nacionales”, para repudiar así la inmigración y ganar adeptos aprovechando no sólo una detestable moralidad, sino también una nociva ignorancia

@hugobaltasar | El preocupante auge de la ultraderecha en Europa y el racismo que lleva aparejada nos exige recordar que no existe fundamento económico para rechazar la inmigración; de hecho, todo lo contrario. El Frente Nacional en Francia, el Partido Popular en Dinamarca, Amanecer Dorado en Grecia y unos pocos por ahora minoritarios partidos en España son algunos de los que promueven, bajo un supuesto patriotismo, el ideario de “no cabemos todos” o “primero los nacionales”, para repudiar así la inmigración y ganar adeptos aprovechando no sólo una detestable moralidad, sino también una nociva ignorancia.

En una publicación reciente la OCDE afirma que la inmigración es beneficiosa para las economías de sus países miembro (entre ellos España y gran parte de Europa), y en otra plantea el posible descenso futuro del flujo inmigratorio como una de las principales amenazas de largo plazo para la sostenibilidad de nuestro sistema social.


Para decir lo primero se apoya en tres perspectivas:

  • la inmigración favorece el mercado de trabajo,
  • contribuye a las arcas públicas más de lo que obtiene de ellas, y
  • estimula el crecimiento económico per cápita al aportar población en edad de trabajar

Se insiste en la regularización pues aunque tanto la inmigración legal como la ilegal se creen beneficiosas, la legal lo sería más por conceder pleno acceso al mercado de trabajo

Lo segundo se debe al envejecimiento de la población nativa (provocado por la creciente esperanza de vida unido a la decreciente natalidad) y que constituye uno de los mayores retos sociales que enfrentamos, por ahora atajado precisamente por los flujos inmigratorios.

Un estudio de la Universidad de Harvard (que es en realidad una recopilación de otros muchos estudios) referido a varios países entre ellos algunos europeos, considera el impacto de la inmigración en el mercado laboral y las arcas públicas como pequeño pero positivo. Otra publicación, realizada por el Consejo sobre el Desarrollo Económico Internacional (IEDC, por sus siglas en inglés) y referida a Estados Unidos, afirma que la inmigración –legal e ilegal– aumenta los salarios reales y el nivel de empleo para todos los trabajadores del país, en el peor de los casos no perjudica las arcas públicas, y además describe como devastadoras económicamente las deportaciones masivas de indocumentados, recomendando en vez de ello su regularización.

En España, el Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, un organismo público, argumenta que los y las trabajadoras inmigrantes no han sustituido a los nativos ni provocado una mayor precarización de las condiciones laborales, son de hecho quienes más sufren las consecuencias de la crisis. Termina recomendando dedicar más recursos a las políticas de integración, en pos de la economía. Otro organismo público, el Observatorio Permanente de la Inmigración, coincide en señalar al inmigrante como el colectivo más perjudicado por la crisis, y estableció en 2010 la regularización de los indocumentados como objetivo prioritario. Se insiste en la regularización pues aunque tanto la inmigración legal como la ilegal se creen beneficiosas, la legal lo sería más por conceder pleno acceso al mercado de trabajo. Incluso en la coyuntura actual la regularización generalizada podría beneficiar nuestra economía si viene acompañada de medidas que efectivamente estimulen la creación de empleo y la demanda interna.

Parece que, “después de todo”, las y los inmigrantes venían aquí a trabajar y no a ordeñar nuestro (actualmente famélico) estado del bienestar, y al hacerlo nos benefician a todos y todas

Parece que, “después de todo”, las y los inmigrantes venían aquí a trabajar y no a ordeñar nuestro (actualmente famélico) estado del bienestar, y al hacerlo nos benefician a todos y todas. Parece ir por tanto en nuestro interés económico promover la igualdad de derechos y condiciones laborales entre las diferentes nacionalidades residentes en España, cosa que además es de justicia. La capacidad de los países desarrollados para atraer inmigrantes será en las próximas décadas uno de sus principales factores de éxito.

En definitiva, sin pretender repasar exhaustivamente la economía de la migración, este artículo busca llamar la atención sobre lo infundado de un ideario en peligrosa expansión y estimular el debate riguroso sobre tan importante cuestión social, pues urge replantear nuestra política inmigratoria. Las carencias que la Gran Recesión ha provocado favorecen el resurgimiento de ideologías que creíamos extintas o marginales, y que sólo olvidando nuestra historia podemos cometer el error de repetir. Es imperativo concienciar a nuestras amistades, familiares y vecindarios de que la inmigración es buena para la economía. La inmigración, lejos de ser una carga, es una fortuna.

La inmigración (legal e ilegal) es buena para la economía