miércoles 13.11.2019

¿Por qué hemos salvado a los bancos?

Una de las razones que sustentaron la salvación de los bancos es que eran demasiado grandes para dejarles caer (to big to fail) y por tanto dañarían mucho la economía. Los bancos han fortalecido su impunidad siendo cada vez más grandes.

¿Por qué hemos salvado a los bancos?

Una de las razones que sustentaron la salvación de los bancos es que eran demasiado grandes para dejarles caer (to big to fail) y por tanto dañarían mucho la economía. Los bancos han fortalecido su impunidad siendo cada vez más grandes, así han llegado de esta forma a ser una bomba de fuerza irresistible y de consecuencias letales  que les ha hecho impunes ante la justicia (too big to jail). Parece ser, además que mientras las empresas gigantescas (entre ellas se incluyen claramente a los bancos convertidos en empresas principales que se distribuyen y reinan por todo el mundo) son tan grandes que no se pueden dejar caer y, claro está, socializan su pérdidas aunque sus ideales sean liberales y defiendan el Estado mínimo; los humildes ciudadanos, sin embargo, tienen que sufrir y cargar con sus propias deudas y además cubrir las de las grandes empresas deficitarias, muchas veces por su propia locura y ambición. A ellos (los ciudadanos) sólo les queda luchar por un salario (cuando se tiene) cada vez menor (race to the bottom). Sin embargo, esta alternativa parece a los dirigentes neoliberales más agradable: reducción de salarios, recortes en los servicios públicos, paro, precariedad, pobreza. Es decir que la mayoría menos pudiente soporte los abusos de la minoría en la cumbre y con muchas posibilidades económicas.

Pero el salvamento a los bancos por muy grandes que sean proviene de un enfoque equivocado: la economía es un fin prioritario a las personas. Sin embargo, es constatable “la paradoja del progreso: aquí, en la tierra de la abundancia, cuanto más ricos y más listos somos, más prescindibles nos volvemos[1]”. Pensemos en una huelga bancaria, posiblemente la ciudadanía buscaría la forma de intercambiar bienes como lo hicieron con tabaco los presos de los campos de concentración. Tratarían de inventarse medios de pago para realizar intercambios de bienes y servicios y el tema se solventaría de una forma u otra. Para muestra un botón. Nos cuenta el autor de Utopía para realistas la diferencia entre una huelga de limpieza en Nueva York y otra de bancos en Irlanda. “Mientras que los neoyorquinos habían visto con desesperación cómo se deterioraba su ciudad hasta parecer un vertedero, los irlandeses se convirtieron en sus propios banqueros. Mientras que Nueva York se asomaba al abismo después de sólo seis días, en Irlanda las cosas seguían funcionando como la seda incluso después de seis meses.” ¿Quién decide a quién salvar y a quién no?

Por experiencia sé que en los hospitales puede ser más dura una huelga de limpieza que cualquier otra, incluso una huelga de los propios médicos. Pero esta sociedad sigue haciendo diferencias entre unos y otros, aumentando la desigualdad, basadas sólo en el poder de quién las decide, aunque no sea quien más las merece. Los bancos no crean nada sólo intermedian y especulan con el dinero de todos para multiplicar sus beneficios y, sin embargo, sus administradores son los grandes beneficiados de la sociedad  por encima de aquellos que realizan las labores más necesarias, más costosas y más desagradables.

El Financial Times informaba no hace mucho, que si la actividad bancaria se restara del PIB en lugar de sumarse, cabría especular que la crisis financiera nunca se habría producido[2]. No obstante, parece significativo que cuanto más necesaria socialmente es una actividad, limpiar, cuidar, enseñar, proteger, menos peso tiene en el PIB; por el contrario, un director ejecutivo que vende temerariamente hipotecas y derivados para embolsarse millones en bonus contribuye más al PIB que toda una escuela repleta de profesores o una  fábrica de coches llena de mecánicos[3]. Además, y viene a cuento, hay evidencias de que el dinero gratis funciona. Y debemos tener en cuenta que la principal razón por la que la gente pobre es pobre es que no tiene suficiente dinero[4]. Lo bueno del dinero es que la gente puede usarlo para comprar las cosas que necesita en lugar de las cosas que quienes proclaman los expertos creen que necesita[5]. Da dinero con el convencimiento de que los verdaderos expertos en las necesidades de los pobres son los propios pobres[6].

Debemos tener en cuenta, como ya dije en otra ocasión, los efectos perversos de nuestras políticas y claros los fines perseguimos con ellas, ya que incluso “si se considera que lo más importante es restablecer la actividad económica, entonces el rescate bancario… ¡es la manera menos eficaz de lograrlo![7]” Por lo que no me cabe la menor duda de que lo prudente, si se quería reactivar la economía y evitar los daños infligidos a la ciudadanía, era repartir las inmensas sumas dinerarias dadas a los bancos entre los ciudadanos y las empresas, ya que “la mejor política doméstica es la de buscar el pleno empleo y la estabilidad de precios, no la de perseguir déficits públicos o techos de deuda arbitrarios[8]”.

Todavía hoy sigo preguntándome ¿Por qué hemos salvado a los bancos en vez de a las personas?[9]


[1] Rutger Bregman. Utopía para realistas. Salamandra 2017.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Keen, Steven (2015:604). La economía desenmascarada. Capitán Swing.

[8] Randall Wray (2015:19). Teoría Monetaria Moderna. Lola books.

[9] Se puede leer también mi artículo: ¿Alimentar a los bancos o a la población?

¿Por qué hemos salvado a los bancos?