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jueves. 18.08.2022
ANTONIO MORA PLAZA

Notas para los fundamentos de una nueva teoría económica a partir de Sraffa

Esta crisis, al igual que la del año 29 del siglo pasado, ha dejado para el arrastre gran parte de la teoría económica actual, en especial la microeconomía; también la teoría de las expectativas racionales y la de los mercados eficientes. Las recomendaciones sobre desregulación de los mercados y del sistema financiero más la especulación como expresión del egoísmo de los individuos no nos ha llevado al mejor de los mundos posibles sino al peor. El principio de la mano invisible que nos han traído los creyentes en las supuestas virtudes de las asignaciones eficientes y la flexibilidad de precios y rentas se ha mostrado tan falso como equivocadas las políticas económicas surgidas de estos principios para sostener el empleo. Quizá no esté en estos fundamentos el origen de la crisis, pero las políticas adoptadas inspiradas en ellos han demostrado su fracaso. Por ello es urgente unos nuevos principios, unos nuevos fundamentos, unos nuevos esquemas de pensamiento –podemos llamarlos nuevamente paradigmas– que nos traigan nuevos análisis, nuevas políticas, nuevas soluciones, porque todo los neoclásico-marginalista ha fracasado. También la macro prekeynesiana dominante, que ha devenido en una mera contabilidad, en una enfermiza obsesión por reducir el déficit cuando lo que hay que reducir es el paro, y la realidad está demostrando que acabar con el primero no lleva a acabar con el segundo, sino más bien lo contrario. Por todo ello, algunos –una minoría, un puñado de heterodoxos- defendemos el desarrollo de unos nuevos y alternativos esquemas de pensamiento para modificar para bien esa cosa que llamamos realidad económica. Los heterodoxos son –somos– pocos y de escuelas diferentes: keynesianos, marxianos, esrafianos, ricardianos, etc. Lo que aquí se propone es el desarrollo de unos nuevos fundamentos a partir de Sraffa y, en concreto, a partir de su corto pero singular y extraordinario –dicho también en sentido literal– libro Producción de mercancías por medio de mercancías. Sólo a partir -porque su obra no es suficiente per se para una alternativa a los esquemas marginalistas y/o prekeynesianos actuales- de lo escrito por el turinés es, en mi opinión, una semilla saludable para unos nuevos fundamentos de una nueva teoría y política económica. ¿Cuáles son esas características y esas diferencias respecto a la/s teoría/s imperantes actuales? Veámosla de forma esquemática:

1) Sraffa parte de la realidad, de toda la realidad. Probablemente eso sólo pueda decirse de los fisiócratas, con Quesnay y su “Tableau” a la cabeza 1, de Walras con su modelo de equilibrio general y de Marx, aunque Marx es algo más que un economista. Frente a los modelos neoclásicos de Marshall del equilibrio parcial de empresas, sectores y mercados; frente a los modelos explicativos marginalistas previos a Walras, el modelo de Sraffa no sólo parte de toda la realidad, sino que toma los datos de ella directamente. ¡No puede haber mayor realismo en un modelo! Y sin embargo, no por ello lo de Sraffa en “Producción 2…” deja de ser un modelo, al igual que lo son todas las explicaciones que tienen la realidad como espejo, incluido el mismísimo El Capital de Marx, con sus más de 2000 páginas. La ciencia –o lo que se reputa como tal, lo que tiene tal pretensión- no deja de ser un modelo. Y eso es así desde el primer gran modelo con pretensiones de cientificidad creado por la mano del hombre, Los elementos de Euclides, hasta llegar a los misterios de la mecánica cuántica y su pretensión de llegar a una teoría del Todo (S. Hawking 3). Sraffa parte del conjunto de todos los medios de producción, de todos los productos finales, de todos los precios y de todos los inputs de trabajo. Hace excepción con las dos variables que son, en realidad, objeto de su trabajo: salarios y ganancias, es decir, del conjunto del excedente. Sraffa reduce en su modelo los salarios y ganancias a una sola tasa de ganancia y a una sola tasa de salario. No hay mayor problema para generalizarlos y tomar salarios y ganancias de la realidad. Por supuesto que todos estos datos han de ser agrupados, agregados, para simplificar los cálculos, pero sólo para eso, para que podamos manejarnos mejor, con cierta eficacia. En realidad los datos de que parte Sraffa son los mismos –agrupados o agregados de otra forma– de los que parte Leontief y sus tablas Input-Ouput. Curioso que ambos emplearan un instrumental matemático similar y no se tiene constancia de que cruzaran alguna vez una palabra, oral o escrita.

2) Sraffa coloca el tema del excedente en el centro de su sistema. Ricardo lo hizo con la distribución, Marx con su teoría de la explotación o plusvalía y los marginalistas con la asignación de los factores y determinación de precios. El excedente es lo que le queda de la producción tras reponer los medios de producción en un período para volver a comenzar el ciclo productivo en el siguiente. No se para el italiano a definir exactamente los sujetos sociales a los que se destina; tampoco las relaciones sociales que hay establecidos entre ellos. Esa tarea ya lo hicieron sus predecesores clásicos y Marx. Ese trabajo ya estaba hecho, para qué repetirse.

3) La macro y la micro abordan eso que se llaman fenómenos económicos desde dos puntos de vista, bajo dos perspectivas. La macro estudia el conjunto de los fenómenos, el bosque de los fenómenos, como tal conjunto, con apenas unas variables que lo retratan: producción agregada, renta, consumo, exportaciones, importaciones, ingreso público, gasto público, salarios, empleo, etc.; por el contrario, el objeto de la micro es la empresa, el sector como agregado de empresas y/o productos y el mercado como ente –no sé como llamar algo que físicamente no existe como tal- donde supuestamente se forman los precios. Pues bien, el modelo de Sraffa estudia justamente lo que hay en medio, el conjunto de todas las empresas y de los bienes y servicios en su mutua interdependencia. Y eso tiene efectos prácticos y consecuencias teóricas que no acogen ni la macro ni la micro. Es verdad que para superar este inmenso hiato se ha inventado la teoría del equilibrio general por Walras, Debreu, Arrow, etc. ¿Pero es la teoría del equilibrio general algo más que los teoremas del punto fijo de Brower y Kakutani con conceptos económicos? ¿Es realista esta teoría? ¿Ha superado los problemas de la existencia de rendimientos crecientes, la de bienes públicos, los efectos externos, la información asimétrica e insuficiente, la competencia imperfecta, la existencia de los monopolios, los oligopolios? ¿Es la teoría del equilibrio general una teoría que explica la realidad o un teoría de cómo la realidad nos gustaría que fuera? ¿Están resueltos los problemas de existencia, unicidad y estabilidad del equilibrio más allá del plano teorético? Lo dejo en el aire . En el modelo de Sraffa la interdependencia es fundamental para establecer relaciones entre las variables monetarias del sistema: precios, ganancias y salarios, y no siempre un aumento de una lleva necesariamente la disminución de la otra, precisamente porque resultan fundamentales las relaciones entre medios de producción y trabajo de los diversos sectores objetos de comparación, de los que suministran medios a estos y de todos los sectores de la economía trasladados en el tiempo; también porque resultan determinantes estas relaciones para el sector cuyo producto tomamos como numerario.

4) Los precios. Para el marginalismo los precios tienen que ver con esa cosa que en los manuales de economía llaman costes marginales. Según eso, los gestores de las grandes empresas así como la vendedora de castañas que luego veremos, fijan los precios de acuerdo con los costes marginales incorporados a los costes totales por la última unidad producida o vendida (¡la última castaña del día!), aunque no tengan ni idea ni hayan oído hablar nunca de esa cosa llamada …marginal y menos aún sepan calcularla. Eso es lo ideal, pero entonces, ¿de qué hablamos? ¿De cómo se forman los precios en la realidad o de cuál sería el ideal de formación de los precios para otros fines, como por ejemplo … una supuesta eficiente asignación de los recursos? ¿Estamos en lo positivo o en lo normativo? Pues es así como te lo cuentan en todas las facultades del mundo, en todos los manuales ortodoxos, desde el de Marshall (Principios de Economía) de hace 120 años hasta el de Samuelson (Economía) que aún se estudia. Parte Sraffa de algo muy distinto y que hacen todos los comerciantes y empresarios de todo el mundo: añadir un margen a los costes para obtener los precios de venta. Esa es la tasa de ganancia de Sraffa, no obstante su generalización a tantas tasas como bienes y servicios producidos/vendidos como se quiera, como queda dicho, no tiene mayor problema.

5) Sraffa anuncia en el comienzo de su libro que no hace ningún supuesto sobre ningún tipo de rendimientos. Dicho así parecería al profano que eso es algo meramente técnico, acreedor de su atención sólo por los especialistas, por los economistas y no todos. Pues nada de eso, porque forma parte del núcleo duro de la pretendida fundamentación del análisis económico de raíz esrafiana. Que no se haga ninguna hipótesis en los rendimientos supone que el modelo esrafiano trabaja con una libertad sobrecogedora, porque no considera vital para esos fundamentos la relaciones reales e insoslayables entre los medios de producción que se emplean y los productos finales que se obtienen. Eso no significa que no se pueda concretar el modelo estableciendo esas relaciones y no por ello dejará de ser necesariamente merecedor el modelo que surja del calificativo de esrafiano, pero con una salvedad: siempre que salarios y ganancias no vengan determinados por condicionantes técnico-productivos, siempre que uno depende del otro. No obstante, quisiera hacer la pregunta a los estudiosos de Sraffa: ¿esta liberalidad esrafiana, esta negación de cualquier tipo de relación implícita en el modelo entre medios y productos, puede se mantenida a lo largo de todo el libro de “Producción …”? Queda en el aire.

6) Otra razón aún más importante que la anterior para ser acreedor “Producción…” de texto matriz de los fundamentos del análisis económico: para Sraffa el capital es sólo trabajo fechado. Ya ha salido a colación hace un suspiro, pero por otro tema. Aquí la diferencia con el marginalismo y lo neoclásico se ahonda hasta hacer incompatible un tipo de fundamentos con otros. El capital, es decir, el conjunto de los medios de producción que alguna vez han sido producidos, lo ha sido por obra de la mano del hombre y de la mujer. Ningún extraterrestre ha hecho el trabajo por nosotros, nadie nos lo ha regalado. Es algo tan de sentido común que cuesta explicar lo evidente, al igual que no hay que dar demasiadas explicaciones a las hipótesis en la geometría o, en general, en las matemáticas: las hacemos porque queremos, porque avizoramos finales interesantes, significativos, útiles, bellos estéticamente. Para el marginalismo y lo neoclásico, el capital entra como medio de producción en pie de igualdad con el trabajo, es un actor más de la producción, con sus derechos, sus esperas, sus penurias, sus escaseces y sus merecimientos. Y, claro está, merece una remuneración, una renta. Tiene además su destinataria clase social, claro. ¿Será por eso, por esta justificación ideológica, por lo que aún perdura ese marginalismo a pesar de los ataques merecidos y demoledores que ha sufrido por parte de los Robinson, Kaldor, Dobb, Sraffa, Garegnani, Pasinetti, etc.?6 Hay al menos tres modelos posibles, tres candidatos para los fundamentos del análisis económico -el marginalismo, el marxismo y el esrafismo- y los tres tienen su centro y gravitan en torno a esa cosa llamada capital: para el marginalismo es un factor más de producción, para el marxismo es una relación social, para el esrafismo es mero trabajo fechado. Intelectualmente –pero sólo intelectualmente– no hay color en mi opinión: lo de Sraffa es tan de sentido común que sólo puede ser atacado desde otro frente: el de la trivialidad. Ahora bien, el que ha triunfado en la enseñanza por diversos motivos, de los cuales ya hemos apuntado uno, es el marginalista.

7) Y ahora viene otra pregunta capital en el intento de ubicar a Sraffa en el epicentro del análisis económico: ¿Si el objeto principal de estudio de Sraffa es el excedente, es decir, la suma de ganancias y salarios, cuáles son los fundamentos que llevan a un reparto y no a otro? Los marginalistas tienen una respuesta: las productividades marginales; Sraffa, simplemente, no tiene ninguna. Al menos implícita, pero es fácilmente deducible por omisión: la lucha de clases. Por supuesto que el italiano no menciona esa expresión en toda su obra ni nada que lleve a ella, pero permanece implícita. Pero tan es así que cualquier intento de ampliación y/o concreción del modelo esrafiano es permitido salvo el de que se haga endógeno al modelo el reparto del excedente entre salarios y ganancias: una variable ha de ser independiente y la otra dependiente. Puede hacerse por aquello de la libertad de expresión, pero el resultado que quede, por brillante que parezca, por explicativo que fuera, por contrastable que sea, tendrá todas estas cualidades, pero no será esrafiano.

8) No es sustancial al modelo de Sraffa la optimización en las decisiones de consumidores y productores. El marginalismo nos somete a la tiránica y titánica tarea de optimizar todas nuestras decisiones, al menos en lo que se refiere a la satisfacción de nuestras necesidades materiales. Según el marginalismo, cuando compramos el pan, alquilamos una casa, tomamos el autobús, adquirimos un bolígrafo, pedimos un trozo de tarta, vamos al cine, damos una propina, etc., obligamos a nuestro cerebro, a nuestra conciencia y –también- a nuestra paciencia, a optimizar, a calcular –supongo que intuitivamente- cuál es la satisfacción, la utilidad marginal que ello nos produce. No sé si Walras haría tales cálculos, pero al menos él era ingeniero, pero para el común de los mortales no me lo creo. Ni siquiera las decisiones empresariales. ¿Cuántos empresarios saben qué es eso de la productividad marginal?, ¿qué es eso de las relaciones de sustitución?, ¿qué es un coste marginal? Parece un dislate, verdad, pero esos son los fundamentos –microeconómicos– en los que se basa la economía ortodoxa actual, la que se estudia en las universidades, al menos a niveles de grado y licenciatura. Reconozco que es una simplificación lo que estoy diciendo, pero da más miedo cuando te lo explican y razonan, os lo puedo asegurar. En Sraffa no hay que optimizar, al menos de esta agobiante y agotadora manera. Hay en su modelo una excepción, pero sumamente importante, cuando se llega al capítulo de los métodos de producción o elección de técnicas. Allí hay que elegir –o es muy conveniente–, pero se hace entre alternativas tecnológicas/organizativas tomadas de dos en dos: ¡eso ya es otra cosa!

9) Cuando estudiaba economía en la facultad y me explicaban los fundamentos de la producción siempre me decían lo siguiente: supongamos una empresa que produce un bien o servicio. 7 Como cualquier estudiante yo cometía el error de tomar apuntes y aceptaba eso que me decían de una empresa-un producto, pero luego me iba a El Corte Inglés a comprar algo que supuestamente necesitaba y entonces me acordaba de lo que me habían explicado y me decía: ¿me habré equivocado de clase y me he metido en una para marcianos curiosos? Yo esperaba que eso de una empresa-un producto lo fuera a efectos pedagógicos y que alguna vez me explicarían un modelo más acorde con la realidad, vamos, el modelo “CorteInglés”, donde tenía a mano –aunque no de mi bolsillo- millones de objetos. Pues nada de eso ocurrió y acabé la licenciatura sin salir del modelo uno-uno. Un día por la calle –era invierno- hacía frío y me encontré un puesto de castañas que sólo vendía castañas y compré un cucurucho del fruto del castaño a cambio de unas pesetas, la moneda de curso legal de entonces. Y luego pensé: ¡al fin una… empresa como las que me han explicado durante los cinco años de carrera! Sí, la teoría económica convencional, en sus fundamentos, es una teoría para castañeras. Lo peor es que cuando intenté preguntar a la castañera si la cantidad de castañas que vendía resultaba de igualar el precio que pedía con el coste marginal de la última castaña vendida me arrepentí: ¡Cinco años de estudio y no me servían ni para entablar una conversación económica sobre los fundamentos de la existencia económica de la castañera! Sraffa empieza con la producción simple, es decir, también con un modelo a lo castañera, pero con todos los oficios y productos insertos en el modelo, es decir, con mucho tipo de empresas distintas, aunque vendiendo una sólo tipo de producto. Algo es algo. Además, pasada la primera mitad del libro, arribamos a las tumultuosas aguas de la producción conjunta, donde una empresa puede producir múltiples mercancías –hoy diríamos bienes y servicios– y donde un mismo producto puede ser producido por cualquier número de empresas. ¡Esto ya es otra cosa! Y esto –y es fundamental- está en los fundamentos, no en las cúspides del equilibrio general walrasiano o de cualquier otro tipo, autor o estudio de esos que sólo lo escuchan los tribunales para la adquisición del título de doctor u oposiciones a cátedra. La producción conjunta tiene sus problemas, es verdad, pero nadie ha dicho que sea fácil eso que se llama desde Walras en economía teoría pura.

Y en mi opinión –discutible, como cualquier opinión- hemos acabado con los fundamentos del análisis esrafiano de la economía. Hay más conceptos en Sraffa, como los de la razón-patrón, la mercancía-patrón, la diferenciación entre bienes básicos y no básicos, el desplazamiento de los métodos de producción (hoy, elección de técnicas), el del capital fijo, las mercancías que se auto-reproducen. Son convenientes o no según gustos u opiniones, pero sólo son –en mi opinión- esenciales las cosas que se han explicado anteriormente: la realidad como fuente de datos, el excedente como objeto de análisis, las relaciones de interdepencia entre sectores, la formación de los precios a partir de un margen sobre los costes, los supuestos sobre los rendimientos, el capital como trabajo fechado, la lucha de clases o conflictos sociales para el reparto del excedente, la no necesaria optimización en la toma de decisiones y la producción conjunta. Estas podrían ser las notas distintivas de unos posibles fundamentos económicos de raíz esrafiana.

A pesar de lo anterior, nos podemos preguntar cuáles serían las características de un modelo para que pudiera ser tildado, motejado, de esrafiano, pregunta distinta de la anterior que ya hemos visto que se refiere a los fundamentos del análisis esrafiano. Pues bien, para mí sólo son dos: el excedente como objeto de análisis y el reparto exógeno del mismo, es decir, por los conflictos o la lucha de clases. De hecho podría darse la siguiente definición de qué es la economía según Sraffa: es el estudio del excedente, de sus límites y de su reparto. Por supuesto que Sraffa nunca lo expresó de esa manera porque era muy pudoroso o quizá porque no lo consideró necesario, ni importante, ni oportuno.

La importancia de Sraffa intelectualmente –pero de momento sólo intelectualmente, porque no ha llegado a los manuales– es que cambia los paradigmas de los fundamentos del análisis económico, tal y como hemos visto. Y no sólo una pieza, sino que es todo el puzzle, es un nuevo entramado lógico-económico lo que nos ofrece a partir del cual se puede completar la panorámica, hacer más nítido ese espejo borroso que son los fundamentos de una nueva ciencia, forma de conocimiento o expresión artística. Sobre la importancia de Sraffa en los fundamentos tengo una opinión personal que no pido sea compartida. En las áreas aludidas a veces una simple recolocación de las piezas del puzzle supone un hecho revolucionario, el nacimiento de una nueva visión, incluso de una nueva ciencia o forma de conocimiento o de expresión artística, como decía antes. Veamos algunos ejemplos. Euclides –o quien o quienes se escondan detrás de él– crean una forma de conocimiento abstracto –valga la redundancia– a partir de sólo cinco postulados. Esa forma de conocimiento tiene 2.300 años y aún se enseña. Copérnico, cambiando el paradigma del geocentrismo por el heliocentrismo, acaba con las complejas explicaciones basadas en ciclos y epiciclos, y con ello nace la ciencia de la astronomía relegando la astrología al campo de la creencia. Galileo pone en el centro de la física el movimiento –frente a la sustancia de Aristóteles– y junto con su ley de la inercia posibilita que Newton de a luz a la física clásica. Darwin y Wallace, con su criterio de evolución de las especies en función de su capacidad de adaptación al medio, dejan a Linneo y a todo la biología anterior en sus méritos taxonómicos. Con Freud el inconsciente es el responsable y motor de nuestros actos y no nuestra razón. El electromagnetismo se vuelve transparente en Faraday con la idea de campo (eléctrico y magnético), para que un matemático de alto nivel como Maxwell lo vuelva ciencia. Schrödinger, con su ecuación de onda ad hoc, responde indirectamente a los problemas del cuerpo negro y sienta las bases de la mecánica cuántica. Einstein, en 1905, aborda la aparente contradicción –no reconocida como tal hasta entonces- entre el principio de relatividad de Galileo y el hecho constatable de la constancia de la velocidad de la luz, y con ello crea la teoría de la relatividad.

Pues bien, Sraffa hace algo similar con los fundamentos microeconómicos marshallianos y marginalistas imperantes de la economía. Sitúa al excedente como objeto de la economía y no la formación de los precios; a los salarios y ganancias los saca del determinismo neoclásico para dejarlas caer en el campo de la lucha de clases, pero fijando sus límites, es decir, el propio excedente; a los efectos económicos, para lo que llamamos economía, lo importante es lo que se produce y cómo se distribuye, y no lo que se consume: éste es sólo un dato; Sraffa parte de una foto –aunque sea borrosa– de toda la realidad, del conjunto de relaciones intersectoriales de la economía y no de las empresas y mercados (microeconomía) o de sus agregados (macroeconomía); para el italiano las ganancias son un margen sobre los costes y no una retribución de un factor de producción (el capital) en pie de igualdad que otro (el trabajo); en su libro, los protagonistas son las mercancías (hoy bienes y servicios), los sectores y/o los procesos, y no las empresas o los consumidores; el capital es sólo trabajo fechado, un mero instrumento de trabajo que ya incorporó a su vez trabajo en su producción en el pasado, y no el centro de la teoría de la asignación de los recursos, como lo es para el marginalismo. En definitiva, Sraffa crea conceptos nuevos, pero también recoloca los de sus predecesores, especialmente los de los clásicos, y muy especialmente los de su referente máximo: David Ricardo.

No son sólo avances o –para algunos retrocesos– analíticos, incorporaciones al arsenal conceptual e instrumental del análisis, a la caja de herramientas de Robinson, sino una alternativa. Sraffa y el marginalismo son agua y aceite, no son combinables, no pueden vivir juntos en pie de igualdad. Bajo una perspectiva esrafiana, el marginalismo es una enfermedad infantil nacida a partir de la teoría de los rendimientos decrecientes en la agricultura (intensiva) de Ricardo más la visión del egoísmo smithiano como marco totalizador y como motor y matriz del comportamiento económico. El marginalismo es una infección en los ojos y en los huesos de la economía, que nace de una interpretación sesgada de los clásicos, arrancado con violencia intelectual a David Ricardo.

En mi opinión estas serían las notas características de unos nuevos fundamentos para un nuevo cuerpo teorético del conocimiento en lo que llamamos economía. Como todo, son discutibles, con diferente peso, quizá no únicos, seguro que deben ser completados con otros, pero encajados en estos, no superpuestos o amontonados. En Sraffa se echa de menos una teoría -una explicación- de la producción, del mercado y de la asignación de los recursos. Hay que trabajar en ello, pero por favor, nada de marginalismo, nada de absurdas asignaciones sobre supuestas productividades marginales, nada de niveles de producción basados en supuestos costes marginales, nada de relaciones de sustitución sobre supuestas decisiones racionales, nada de expectativas racionales, nada de falsos mercados eficientes. Nada de lo anterior tiene que ver con la realidad. Puede sonar bonito, puede dar títulos, doctorados, cátedras, pero todas esas cosas, todas esas construcciones mentales, son meras creencias, no han pasado la prueba de la realidad, ni en sus aspectos explicativos y menos aún, por lo visto hasta ahora, el qué hacer, la política económica para combatir las crisis, los ciclos, las desigualdades, el despilfarro de los recursos. La tarea está por hacer y ardua es, pero al menos tenemos la semilla: se llama Piero Sraffa.

Notas para los fundamentos de una nueva teoría económica a partir de Sraffa
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