domingo 08.12.2019
CONTESTA CARLOS CRUZADO | GESTHA

¿Por qué no es oportuno subir el mínimo exento de tributación de los premios de loterías?

Más allá de agujerear las arcas públicas y provocar una pérdida de más de 100 millones de euros, esta medida puede abrir una puerta para que el lobby del juego privado pida una mejora equivalente en la tributación de sus premios.

¿Por qué no es oportuno subir el mínimo exento de tributación de los premios de loterías?

Más allá de agujerear las arcas públicas y provocar una pérdida de más de 100 millones de euros, esta medida puede abrir una puerta para que el lobby del juego privado pida una mejora equivalente en la tributación de sus premios

Los agraciados en los sorteos de loterías serán más afortunados aún si cabe. Y es que si hasta la fecha sólo tributaban al 20% los premios superiores a los 2.500 euros, a partir de ahora se elevará el mínimo exento, después de que PP y Ciudadanos hayan acordado -mediante una enmienda a los Presupuestos de 2018- subir el umbral hasta los 10.000 euros este año, los 20.000 euros en 2019 y los 40.000 euros en 2020.

Pues bien, más allá de agujerear las arcas públicas y provocar una pérdida de más de 100 millones de euros, esta medida de última hora, acordada sobre la bocina -ni siquiera figura en la actualización del Programa de Estabilidad 2018-2021 que recientemente envió el Gobierno a Bruselas-, puede abrir una puerta para que el lobby del juego privado, que en 2015 movió más de 23.200 millones, pida una mejora equivalente en la tributación de sus premios, lo que supondría otra merma en la recaudación de Hacienda, así como un incremento de las externalidades negativas en lo referente al fenómeno de la ludopatía, con su correspondiente coste social.

Cuanto mayor sea la ganancia o más dinero puedan embolsarse los jugadores, mayor será el incentivo para jugar. Pero no seré yo quien entre a valorar cómo puede fomentar la ludopatía este tipo de exenciones fiscales. No obstante, es evidente que la consecuencia de elevar los mínimos exentos de tributación sería una nada desdeñable pérdida de ingresos.

Esta medida no resulta oportuna, ya que zancadillea la persecución de los objetivos de déficit público, que en 2018 volverán a incumplirse

Y no están las cuentas públicas para juegos. Por ello, esta medida no resulta oportuna, ya que zancadillea la persecución de los objetivos de déficit público, que en 2018 volverán a incumplirse, tras dos años consecutivos en los que el desvío presupuestario español ha sido el mayor de los registrados en la UE.

España vuelve a estar en el ojo del huracán. La voz de alarma empezó a escucharse desde Bruselas, donde la desconfianza en la estimación de nuestros ingresos tributarios llevó a corregir al alza sus previsiones de déficit público hasta el 2,6%. O lo que es lo mismo, cuatro décimas por encima del objetivo pactado previamente con las autoridades comunitarias. Son más de 4.000 millones de desvío, a los que habría que sumar los más de 1.500 millones que costará subir las pensiones en función del IPC para blindar el poder adquisitivo de los pensionistas, los cerca de 5.500 millones que costará a nuestra economía el subidón del precio del petróleo tras los conflictos geopolíticos entre Estados Unidos e Irán…

En resumidas cuentas: el Gobierno se ha quedado prácticamente solo a la hora de defender los objetivos de déficit. Nadie se los cree. E incluso los más pesimistas piensan que el desfase podría escalar hasta el 2,8%. De hecho, hay quien empieza a dudar de la posibilidad de que España salga, por fin, del procedimiento de déficit excesivo que actualmente nos sitúa bajo la lupa de las autoridades comunitarias.

Y en este contexto, en el que los ingresos no son capaces de sufragar los gastos -la Agencia Tributaria recaudó un 11,2% menos entre enero y marzo de 2018 con el gravamen sobre premios de loterías que en el mismo periodo de 2017-, y en el que se baraja la creación de nuevas figuras impositivas para engrosar la recaudación, sorprende que se pretenda cercenar una fuente de ingresos, como es la de las loterías. Sobre todo teniendo en cuenta la necesidad de “hacer caja” para no tener que acometer nuevos recortes del gasto público para poder cuadrar las cuentas.

En definitiva, elevar esta exención sólo favorece a unos pocos que ya de por sí han resultado agraciados en los sorteos de loterías. Y, en este sentido, aumentar el importe exento de los premios es una decisión que no responde a criterios económicos, ni al principio constitucional de justicia tributaria; ya que una renta de 40.000 euros es lo suficientemente significativa como para tener que tributar por ella, al margen de cómo se haya logrado -producto del azar o del esfuerzo diario de trabajadores o de autónomos-. Se trata, pues, de una mala noticia para los ciudadanos, en general, quienes sufrirán en sus propias carnes cómo el Gobierno se verá obligado a ajustar la ejecución del presupuesto o a subir otros impuestos para cumplir con Bruselas. Y, por eso, no resulta oportuno, ni conveniente, subir el mínimo exento de tributación de los premios de loterías. Aun así, que la suerte nos acompañe.


gestha200

Contesta Carlos Cruzado

Presidente de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA)

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