sábado. 20.04.2024
Año pasado por agua

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

De todas las iniciativas y acciones que el Teatro de la Zarzuela está llevando a cabo para difundir y apostar por las nuevas generaciones, sin duda, el Proyecto Zarza es la actividad con mayor potencial y capacidad para sorprender. Es importante recordar que este proyecto fue ideado por Daniel Bianco en 2015 con el objetivo de que los más jóvenes conozcan el patrimonio lírico español y participen activamente en su proceso de creación. Con este fin, anualmente se llevan a cabo procesos de audiciones en los que concurren cientos de jóvenes artistas con ganas de adentrarse en el género chico. Esto ha dado como resultado interesantes obras como La Verbena de la Paloma, Agua, azucarillos y aguardiente o Yo te querré, en las que no solo se ha reinterpretado su contenido y mensaje, sino que son auténticas canteras en las que se pueden descubrir jóvenes llenos de talento y creatividad.

El año pasado por agua, de Federico Chueca y Joaquín Valverde, es la obra que en esta ocasión ha sido reinterpretada por el Proyecto Zarza. Estrenada en marzo de 1898, se trata de una emblemática revista que nació a raíz de las fuertes lluvias que causaron estragos en Madrid en 1888 y que fueron motivo de gran preocupación y alarma. En lo puramente musical, se trata de una obra heredera directa de La gran vía, estrenada por estos mismos autores en 1866, y en la que se puede sentir toda su influencia musical y sonora. A pesar de ser una obra muy continuista, El año pasado por agua es una revista con momentos musicales deliciosos, como la Marzuca de los paraguas o el Vals de Neptuno.

El año pasado por agua. Teatro de la Zarzuela (1)

Partiendo de las fuertes lluvias que inspiraron la obra original, el Proyecto Zarza ha creado una obra totalmente distinta que busca ser una crítica a un mundo en peligro, amenazado por las consecuencias derivadas del cambio climático. Para lograrlo, el texto original de Ricardo de la Vega ha sido reinterpretado por Enrique Viana de un modo muy original, dejando solo el caparazón argumental de El año pasado por agua y apostando principalmente por la música de Federico Chueca y Joaquín Valverde.

El resultado es una obra muy original, rebosante de creatividad y entusiasmo, representada por jóvenes cantantes, actores y músicos que realmente lo están pasando bien en escena. El montaje, con dirección musical de Lara Diloy y dirección escénica y escenografía de Marta Eguilior, está lleno de audacia, y en él, sus creadores se permiten jugar con la narrativa/estructura clásica de la zarzuela con guiños muy divertidos y actuales, como ciertas melodías de Mecano, Bomba Estéreo o Rodrigo Cuevas que se introducen en su desarrollo. El objetivo es que la música y la conciencia social vayan de la mano; así lo manifiesta el libreto que acompaña la obra, firmado por Enrique Viana, cuando dice: “detrás de la zarzuela hay una crítica, una conciencia, un aviso, una llamada de atención para que el mundo de hoy sea mejor mañana y ese mañana es vuestro/nuestro”.

Año pasado por agua

Bajo el pretexto del famoso reloj de la Puerta del Sol de Madrid en los instantes previos al fin de año, el escenario se convierte en una especie de cabaret-revista lleno de lentejuelas y plumas, con un tono muy divertido y picante, y con momentos absolutamente deliciosos como los ya mencionados Marzuca de los paraguas o el Vals de Neptuno. La sensación constante es la de estar ante una obra muy libre que no busca rendir cuentas a nadie y en la que sus jóvenes intérpretes se sienten libres sobre el escenario.

La versión que nos muestra Enrique Viana se muestra muy aguda y creativa en lo narrativo, alejándose decididamente del texto original y proponiendo nuevos rumbos argumentales para dar pie a los distintos momentos musicales de esta zarzuela. Eso tiene como resultado una obra totalmente nueva, con sus aciertos y fallos correspondientes. Por ejemplo, en ciertos momentos, la obra se resiente de una narrativa algo rígida en su afán de ser un relato ecológico, con ciertas escenas que no acaban de funcionar y con un mensaje que, en no pocos momentos, es excesivamente simplista. Para el que suscribe, donde realmente brilla la obra es en lo puramente musical, con una dirección brillante de Lara Dioly que saca lo mejor de la orquesta (a la que saca del foso) y que también juega muy bien con los registros vocales de todos sus intérpretes.

En definitiva, una obra deliciosa y muy ágil que se pasa volando y que nos recuerda la importancia de apostar por nuevos talentos.

Del 23 de febrero al 1 de marzo

'El año pasado por agua': un clásico reinterpretado desde la juventud