martes. 23.04.2024

Carlos Valades | @carlosvalades

Hace 16 años que Claudio Tolcachir no se subía a un escenario en España. Fue con Daniel Veronese. El director, dramaturgo, actor y fundador de la aclamada compañía Timbre 4 se atreve con un monólogo basado en la novela Rabia, del autor argentino Sergio Bizzio. Noventa minutos en los que los espectadores vamos de la mano, imaginamos, nos emocionamos y sufrimos con el protagonista de la historia. 

José María, un albañil que trabaja en la construcción, decide esconderse en la buhardilla de una gran mansión en la que trabaja su novia como sirvienta. Al principio pasa un día. Luego otro. Y luego los demás. José María permanece en el mismo edificio que su pareja sin que esta lo sepa. Voyeur del clasismo de la sociedad en la que se desenvuelven los dueños y los sirvientes de la casa, el protagonista se las arregla para observar sin ser visto. Asistimos a la frustración y la impotencia, la rabia y los celos de la sombra en la que se convierte José María. 

Voyeur del clasismo de la sociedad en la que se desenvuelven los dueños y los sirvientes de la casa, el protagonista se las arregla para observar sin ser visto

Tolcachir se funde con la puesta en escena, mimetizado en color gris de pies a cabeza. Tan solo una escalera diseñada por Emilio Valenzuela y el juego de luces de Juan Gómez Cornejo son suficientes para transportarnos al interior de ese casoplón. Lautaro Perotti, codirector junto con Mónica Acevedo y María García de Oteyza no necesitan de más aparataje que el actoral, como ya vimos la temporada pasada en La habitación blanca, dirigida por Perotti. Menos es más. Se busca la pureza escénica para centrarnos en el trabajo interpretativo.

Así, como un bululú, a la usanza de las transmisiones orales, Claudio Tolcachir interpreta a todos los personajes y a ninguno, en una narración a veces divertida y a veces trágica. Su voz nos traslada a los avatares por los que atraviesa José María. Visualizamos y sentimos sus penurias físicas y emocionales, tan cerca y tan lejos de su amada Rosa, a la que vigila. Poco a poco vamos creando al personaje, sutilmente, en una gran interpretación basada en la contención, a veces narrador, a veces protagonista.

Una historia, bien narrada y excelentemente resuelta y que hace que nos preguntemos hasta dónde seríamos capaces de llegar si la rabia dirige nuestras vidas

El texto creado a cuatro manos, transita sin aleccionar ni justificar las diferentes acciones de José María y terminas empatizando con un personaje incómodo, un perdedor que siempre estuvo en la planta baja de la sociedad y que responde a la violencia con violencia. Un papel con muchas aristas magistralmente narrado por Tolcachir, un maestro de ceremonias para el espectador. 

Cabe recordar la excelente Parásitos, ganadora de varios Oscar en el año 2020 con una metáfora okupa similar.

En definitiva, una historia que mezcla diferentes géneros, bien narrada y excelentemente resuelta y que hace que nos preguntemos hasta dónde seríamos capaces de llegar si la rabia dirige nuestras vidas.

Rabia: espectadores de un espectador