viernes. 01.03.2024
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Fotografías de Claire Bodson.

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Sinceramente, no es fácil sentarse a escribir sobre una obra tan compleja y ambiciosa como "Hedda, un retrato de varias mujeres". No es tanto por temor a no estar a la altura de un montaje tan complejo como el que nos trae la directora Aurore Fattier, sino porque precisamente la ambición es lo que impide afirmar con rotundidad que estamos ante una obra maestra. Así, con sus errores y logros, y con una duración de dos horas y media, esta obra procedente del Teatro de Lieja, que se pudo ver durante dos días en los Teatros del Canal de Madrid, es una de las propuestas más impactantes e interesantes que quien escribe ha presenciado en mucho tiempo.

La obra nos presenta a una compañía a punto de estrenar una versión de la famosa obra de teatro de Henrik Ibsen, "Hedda Gabler". Estrenada en 1891, esta obra del dramaturgo noruego ofrece un interesante retrato de una mujer adelantada a los ideales y a la moral de su época, que acaba suicidándose ante los ojos de una sociedad incapaz de respetarla y entenderla. Aurore Fattier, apoyada en el genial texto de Sébastien Monfè y Mira Goldwicht, inspirado en la obra de Ibsen, nos sumerge en los últimos días de ensayo de una compañía que lucha contrarreloj para sacar adelante la obra de teatro y poder estrenar con éxito. Un punto de partida que sirve para contarnos una historia mucho mayor sobre una directora de teatro que se encuentra en una difícil situación personal y que no ha superado completamente la misteriosa desaparición de su hermana hace 15 años.

"Hedda" contiene numerosos relatos en su interior y su narrativa se construye como si de una muñeca rusa se tratara

"Hedda, un retrato de varias mujeres" contiene numerosos relatos en su interior y su narrativa se construye como si de una muñeca rusa se tratara. La obra de Aurore Fattier se aproxima al texto de Ibsen solo en su parte más conceptual y teórica, ya que realmente distorsiona la historia para alejarse de la heroína trágica y suicida de la obra original y desarrollar un camino alternativo. La temática se transforma, los personajes mutan, ofreciendo un texto que rinde homenaje a Ibsen desde la perspectiva del siglo XXI.

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Fotografía de Claire Bodson.

En el proceso de creación y ensayo de esta obra, nos adentramos en el complicado pasado de la directora, un pasado que se entremezcla con la ficción y en el que todos los actores que la rodean parecen estar ocultando algún tipo de secreto traumático, como por ejemplo su padre, un decadente compositor que atribuye su falta de creatividad a los problemas con sus hijas. Así, malos tratos, machismo e infancias frustradas se dan la mano para una obra en honor a la mujer y con un aroma trágico que lo envuelve todo.

Aurore Fattier se apoya en un juego que oscila entre la ficción y la realidad para brindarnos una obra de teatro muy cinematográfica, donde se utiliza de manera excepcional la cámara y la pantalla de cine. La escenografía de Marc Lainé, en colaboración con Stéphane Zimmerli y Juliette Terreaux, se desarrolla inicialmente en un camerino del que van entrando y saliendo los actores de la obra. El punto novedoso de la propuesta es que gran parte de la obra sucede totalmente en una sala de ensayo que está fuera de escena, siendo solo visible gracias a una cámara que los sigue y, como un fantasma presente, nos relata todo lo que va aconteciendo entre bambalinas. Estas imágenes se proyectan en una pantalla de cine estratégicamente colocada encima del escenario, donde también podemos leer los subtítulos de esta obra que, recordemos, es en francés.

En este punto, es necesario elogiar la puesta en escena y la escenografía de la obra, donde los escenarios fluyen de una manera tan natural y dinámica que acaban siendo un personaje más de la obra. Esta forma de entender el teatro es un auténtico regalo y se encuentra en un nivel muy alto. Elemento que, seamos claros, define a la obra en una división muy distinta a lo que suele verse normalmente.

El resultado es una obra llena de capas y espejos, donde los actores se fusionan con el texto, y en la que es muy difícil distinguir el texto de Ibsen del resto de las historias que veremos en escena. Un reparto de altísima calidad, encabezado por Fabrice Adde, Delphine Bibet, Yoann Blanc, Carlo Brandt, Lara Ceulemans, Valentine Gérard, Fabien Magry, Deborah Marchal, Annah Schaeffer, Alexandre Trocki y Maud Wyl, da vida a una obra muy ambiciosa tanto en lo narrativo como en su discurso intelectual. Ficción y realidad se fusionan, creando un espectáculo brillante (me estoy conteniendo para no definirlo como absolutamente genial) pero también muy exigente para el espectador.

"Hedda, un retrato de varias mujeres" es una obra ambiciosa, más bien podría decir orgullosamente ambiciosa

Al comienzo de esta reseña, mencioné que "Hedda, un retrato de varias mujeres" es una obra ambiciosa, más bien podría decir orgullosamente ambiciosa. Por un lado, su extensa duración (2 h 30 min sin intermedio) puede acabar saturando al espectador, ya que prácticamente no hay un descanso para reflexionar sobre lo que estamos viendo en escena. Así, ideas, pensamientos y actuaciones se suceden para dar vida a una obra que, al reflexionar sobre el papel de la mujer, también lo hace sobre el hombre en general y termina siendo una poderosa reflexión sobre el sentido de la vida. El problema es que hay ciertos momentos en los que tanta brillantez podría confundirse con un cierto exhibicionismo escénico, en el que sorprender al espectador y saturar sus emociones parece ser la gran motivación. Este es el dilema de las obras que buscan dar un paso más de lo que generalmente vemos en escena.

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Fotografía de Claire Bodson.

Es evidente que Aurore Fattier presenta una obra intelectualmente desbordante que peca de excesos, pero también de genialidad y de amor por el teatro. Es además una propuesta profundamente cinéfila, en la que el juego de espejos y realidades nos remite al cine más existencialista de Bergman, y en que los cinéfilos encontrarán un claro homenaje a "Persona", una de sus más grandes cintas.

Finalmente, "Hedda, un retrato de varias mujeres" es una rareza dentro del panorama teatral, ya que rara vez se tiene el placer de acceder a una obra tan compleja y ambiciosa como la que nos brinda Aurore Fattier. Un teatro que nos recuerda las inmensas posibilidades que tiene este género, y en la que la sorpresa forma parte de su ADN.

'Hedda': un viaje teatral de ambición y reflexión