domingo. 03.03.2024

Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

No es fácil sumergirse en el juego de ficciones y metarrelatos que nos propone Kaouther Ben Hania en "Las cuatro hijas", la película seleccionada por Túnez para competir en los premios Oscar a la Mejor Película Documental.

Se trata de un documental que narra la dolorosa historia de Olfa y sus cuatro hijas. Una madre humilde y bastante extremista que vio cómo dos de sus hijas fueron captadas poco a poco por el Estado Islámico, terminando por fugarse con dos yihadistas que posteriormente atacarían Túnez.

Kaouther Ben Hania nos presenta un aterrador relato sobre pobreza y maternidad mal entendida, que se convierte en un triste testimonio de los problemas que plantea el islam en las sociedades más empobrecidas y patriarcales. En este sentido, es importante reconocer que "Las cuatro hijas" es un documental que necesitaba muy poco para ser interesante, dado que la historia de Olfa y sus hijas se convirtió en una noticia muy mediática que captó la atención de la prensa y los telediarios de todo el mundo.

Un aterrador relato sobre pobreza y maternidad mal entendida, que se convierte en un triste testimonio de los problemas que plantea el islam

El aspecto innovador, y para el que suscribe no del todo acertado, es que Kaouther Ben Hania transforma esta historia real en una suerte de metarrelato en el que Olfa y las dos hijas desaparecidas son interpretadas por actrices que buscan recrear lo sucedido. De esta manera, Olfa le explica a la actriz que encarna su papel cómo debe comportarse, mientras que las hijas que permanecieron en Túnez interpretan a ellas mismas y simultáneamente explican cómo eran sus hermanas.

El resultado es un dudoso experimento entre el teatro y el cine, concebido principalmente como catarsis para sus protagonistas. Una especie de psicoanálisis en el que los implicados pueden expiar sus pecados y avanzar en la superación de los traumas que les acompañan, como en el caso de Olfa, quien en el documental puede ser testigo, gracias al trabajo de otra actriz, de cómo sus planteamientos y radicalidad al cuidar a sus hijos pudieron influir en el desgarrador curso de los acontecimientos.

‘Las cuatro hijas’ es un ejemplo del poder terapéutico que puede tener el cine y de cómo enfrentarse a ciertas imágenes puede ayudar a superar traumas del pasado

En definitiva, "Las cuatro hijas" es un ejemplo del poder terapéutico que puede tener el cine y de cómo enfrentarse a ciertas imágenes puede ayudar a superar traumas del pasado. El problema es que la reconstrucción de la ficción propuesta por Kaouther Ben Hania no termina de funcionar bien, ofreciendo una serie de secuencias excesivamente melodramáticas que casi parecen un telefilme. Solo en su recta final, ya más desligada de la recreación y centrada en los atentados del Estado Islámico, es cuando el documental cobra fuerza y logra ofrecer algunos momentos estremecedores.

Por otro lado, el mensaje en contra de la intolerancia religiosa en "Las cuatro hijas" se presenta en algunos momentos como excesivamente simplista y vacilante, no tanto porque no capte el mensaje de sus protagonistas, sino porque sus nobles intenciones acaban siendo lastradas por la propia esencia del documental, que en numerosos momentos se siente prisionero de su propia creatividad.

Sensaciones agridulces para un documental híbrido con mejores intenciones que eficacia y que funciona principalmente como ejercicio terapéutico para sus protagonistas.

 

Las cuatro hijas: el cine como acción terapéutica