lunes. 26.02.2024
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Jaime Polo | @lovacaine

En el vasto lienzo cinematográfico de Sofía Coppola, "Priscilla" se revela como una joya única, desentrañando los hilos invisibles de un mito americano en el largo cortejo y matrimonio tumultuoso entre Elvis y Priscilla Presley. La película, como un susurro de épocas olvidadas, se sumerge en las sombras del ícono musical, revelando los matices más oscuros de esta historia cautiva.

Priscilla, personificada por la magnética Cailee Spaeny, emerge como una muñeca esculpida por los caprichos de Elvis. Su cabello, un enigma de ébano, enaltece los ojos a petición del Rey, y el vestido, una tela que ondea sus deseos. Coppola, con su pincel de nostalgia, pinta una dinámica sutil, explorando la lucha de Priscilla por encontrar su voz en un rincón del tiempo donde la atracción y la opresión danzan un vals delicado. La dirección de Coppola convierte la película en una sinfonía de melancolía visual, teñida con una paleta de colores que acerca a la audiencia a la realeza musical de una era ya pasada. La maestra cineasta, tejedora de atmósferas en las que bucear y nunca salir a flote, nos sumerge en la esencia misma del conflicto de Priscilla y Elvis, permitiéndonos sentir las complejidades emocionales de estos íconos entrelazados.

Jacob Elordi, un Rey encarnado, supera las expectativas, desenterrando las sombras más profundas del corazón de Elvis. Si bien Austin Butler dejó su huella, Elordi penetra en la esencia oscura, llevándonos por los pasillos de la psique del Rey del Rock 'n' Roll hasta lugares que dan auténtico terror.

Lo más llamativo de la relación principal reside en la caracterización además del propio casting. Dos actores nacidos en el mismo año prácticamente (Elordi en el 97 y Spaeny en el 98) que a pesar de tener la misma edad consiguen crear esa mala sensación en nuestros cuerpos de ver como Elvis, ya siendo mayor, entabla un amor con una niña de 14 años.

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Sin embargo, la película no es ajena a las grietas. Las escenas, como versos repetitivos, caen en la monotonía, y la falta de coherencia en el guion, una disonancia poética que perturba la armonía narrativa. Aun así, estas sombras no logran eclipsar la fuerza emocional que impulsa la película en su totalidad.

El final, un adiós trágico cuya tristeza satura la pantalla, dejando una resonancia de pérdida y reflexión sobre la fragilidad de las relaciones en el fulgor de la fama. "Priscilla" se alza como una exploración poética y hermosa de la realidad tras el mito, una oda de emociones que resuena más allá del apagarse de las luces de Graceland. En manos de Coppola, esta película se convierte en un testimonio conmovedor de amor, pérdida y la eterna búsqueda de autenticidad en el resplandor deslumbrante de lo que queremos ser y nunca podemos lograr.

La película se estrena el 14 de febrero en España y es el mejor plan posible para ir a ver con tu pareja el día de los enamorados.

Priscilla: atrapada en la canción de Elvis