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domingo. 26.06.2022
MEMORIA DEMOCRÁTICA

La persecución franquista contra el Doctor Mira i López

mira interior
Dr. Emilio Mira y López (1896 - 1964)

Una documentación exuberante

La persona que entre en el Portal Pares del Centro de Memoria Histórica, sección Causa General e inserte el nombre de Emilio Mira en el buscador encontrará un expediente tan voluminoso que se preguntará quién pudo ser esta persona para merecer tanta atención por parte de la policía franquista. Que en 1960 la prensa hablase del “insigne doctor Vallejo Nájera, ilustre alienista y psiquiatra” (La Vanguardia, 12.3.1960) y del doctor Mira no se dijera ni una coma sería el nivel de miseria moral y científica al que el régimen franquista sumió al país.

Lo que el lector encontrará en esa documentación aludida no será otra que un cúmulo de falsas acusaciones, de invenciones fantasiosas contra el psiquiatra Mira López con el único fin de anular y silenciar su prestigio como científico.

Tras la guerra, el panorama de la psiquiatría española se hundió en la mediocridad intelectual. Los psiquiatras más relevantes de la II República se vieron obligados al exilio como Rodríguez Lafora, Ángel Garma y Mira López. Otros, como Sacristán y Bartolomé Llopis, serían reducidos a la nada del silencio. Entre las carencias de materiales y de una ideología sometida al tradicionalismo, que no admitía discrepancias, el avance científico se paralizó drásticamente.

Basta con fijarse en el comportamiento oficial ante el psicoanálisis durante los primeros años cuarenta. Fue calificado como un producto semítico decadente y el psiquiatra Ramón Sarro lo tachó como “una forma de neosionismo”. Pero, sobre todo, dijeron que el psicoanálisis era contrario “a una concepción católica de la vida y del alma española”, por lo que debía ser perseguido. No era ninguna novedad. El sector católico ya lo venía proclamando desde los años veinte en la prensa de derechas. En la II República, en las páginas de La Vanguardia se “cuestionaba el futuro de gloria que ciertos intelectuales pretenden con la ciencia sustituyendo a la moral religiosa. Ni la ley humana, ni la ciencia ofrecen materiales suficientes y adecuados para reconstruir el edificio de la moral. Deben supeditarse a la finalidad suprema de la moral religiosa, porque es un absurdo concebirlas sin la existencia de Dios” (6.5.1932).

El enfoque de la psiquiatría de postguerra fue netamente biológico, trufado de especulaciones nebulosas y metafísicas procedentes del credo. Sus más genuinos representantes serían Vallejo Nájera, José López Ibor y R. Sarró. Académica y políticamente estaban muy bien situados en el régimen. De Vallejo no hace falta decir nada; del segundo, recordar que fue Consejero nacional de FET y de las JONS en 1939; de Ramón Sarro añadir que, después de haber trabajado codo con codo con Mira López delató a su insigne maestro.

Apuntes biográficos

Emilio Mira López nació en Santiago de Cuba el 24 de octubre de 1896 y murió en Río de Janeiro el 16 de febrero de 1964. Estudió medicina en Barcelona. Se doctoró, en 1923, en Madrid, con una tesis titulada Correlaciones somáticas del trabajo mental. Sus especialidades fueron la medicina, la psiquiatría y la psicología.

Desde 1926 a 1939, fue director del Laboratorio de Psicología del Instituto de Orientación y Selección Profesional de Barcelona creado en 1918 y del Servicio Psiquiátrico del Ayuntamiento de Barcelona (1925). A partir de 1929, impartió clases en la Universidad de Ohio. En 1934 fue profesor agregado y responsable de la primera cátedra de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona. Para estas fechas, había alcanzado ya un renombre nacional y relevancia internacional notables. Su prestigio lo llevó a dictar conferencias por diversas facultades europeas y americanas, motivo por el que entró en contacto con psicólogos y psiquiatras de todo el mundo. Serían calificadas como “excitante y divertidas” (La Vanguardia, 2.2.1936). Su saber era interdisciplinar. Hablaba a los psiquiatras de su gremios desde las “Nuevas orientaciones terapéuticas en la psiconeurosis de angustia” (19.10.1927 a como a los padres de una escuela de las “Maneras de influir en la conducta moral del niño” (24.5.1934);  

También participó en mítines de carácter político. Seguro que el más curioso en el que participó fue el mitin socialista contra el fascismo, en el Iris Park, organizado por la Federación Comarcal de Barcelona de Unió Socialista de Catalunya (U.S.C.) en conmemoración del cincuentenario de la muerte de Karl Marx y a favor del Frente Único obrero contra el Fascismo Internacional. En el mitin, un espontáneo interrumpió su discurso subiendo a la tribuna de los oradores para “rebatir unos argumentos del doctor Mira”. Este calló, escuchó y, luego, contestó al espectador inconformista. El incidente no tuvo más importancia” (14.3.1933).

Fue miembro de Asociación Española de Neuropsiquiatría y la Sociedad Catalana de Psiquiatría y Neurología y, durante 1934 a 1937, dirigió la Revista Catalana de Neurología Psiquiatría. En 1937 fue designado miembro del Consejo Superior de Cultura de la República y presidente del Institut d’Adaptació Professional de la Dona de la Generalitat. Mantuvo estos cargos hasta 1938, momento en que el psiquiatra catalán participó más activamente en la guerra al ser nombrado Jefe de los Servicios Psiquiátricos y de Higiene Mental del Ejército Republicano.

Gaceta Médica Española, 109, Octubre 1935, Sup. I Congreso Español Pro Médico, p. 48

Justo antes de estallar la guerra en España estuvo a punto de ser elegido Presidente del Congreso Internacional de Psicología, pero nunca lo sería, debido a una conspiración premeditada y alevosa orquestada por el gremio de psiquiatras de Cataluña, apoyada por el aparato policíaco del régimen franquista.

Psiquiatra y Político

Mira intervino como militante fundador de un partido de izquierda catalanista la Unió Socialista de Catalunya. Eso sucedió el 8 de julio de 1923, tras la retirada de apoyo del PSOE al movimiento catalanista. Tras diversos intentos frustrados de unión con la CNT y partidos comunistas, la Unió se disolvió hacia 1926. Al reaparecer en 1930, Mira apoyó a los republicanos en su lucha contra la dictadura, a Macià y su partido (Esquerra Republicana).  

Dotado de una capacidad de trabajo descomunal, no solo colaboró en innumerables instituciones sociales como Ateneos y centros de enseñanza, sino que, también, lo hizo en la creación y dirección de sociedades científicas.

Una anécdota que define muy bien el talante de hombre bueno y generoso que tenía entre la gente fue la protagonizadas en 1934. Las exigencias del nuevo Código de Circulación obligaban a los chóferes de auto-camiones a obtener el permiso de conducción de primera clase. Como quiera que las pruebas a realizar ocasionaban muchas dificultades a los chóferes, José Manzanares Baró, presidente del Consejo Directivo de la Federación Industrial de Autotransportes de Cataluña, pidió ayuda a Mira para que viese el modo de hallar una fórmula que, dentro de los límites legales y justos, allanase el problema. El doctor Mira no lo dudó, y accedió a buscar esa solución (La Vanguardia, 27.12.1934).

MANUAL PSICOLOGIA JURIDICA

Esta actividad social e institucional, la completaría con la publicación de libros y ensayos divulgativos sobre el psicoanálisis motivo por el cual será considerado como uno de los primeros difusores de Freud en España. Ya en 1924, conferenciará en la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas sobre el tema “un nuevo método de exploración del subconsciente” (La Vanguardia, 19.11.1924). Y en 1935, publicaría “La Psicoanálisis”, una monografía médica, donde, como novedad, estudiaba la “Aplicación de la psicoanálisis a la Criminología” (La Vanguardia, 9.4.1935).

Escribió obas de gran calado analítico como su Manual de psiquiatría y Manual de psicología jurídica. Fue pionero de la psicología forense en Cataluña. Pretendía que psicología y derecho caminasen de manera complementaria en las causas judiciales, una perspectiva, entonces, inusual, pero necesaria. La Vanguardia hizo publicidad del mismo en 1983 y volvería a recordarlo en el año 2001 y 2005 (24.4.2005).

De la atención a los problemas de higiene mental -de los que venía ocupándose en distintos congresos y conferencias en la década anterior-, seguiría, en medio de la guerra, tratando a milicianos y soldados enfermos, actividad analítica y práctica que se plasmaría en su libro Psychiatry in War.

PSIQUIATRIA EN LA GUERRA

Respecto a sus ideas políticas, redactadas en el contexto de la guerra, que vivió como testigo, como psicólogo y psiquiatra, y como oficial del ejército republicano, cabe apuntar que no eran las habituales en los predios de la izquierda. Por ejemplo, la siguiente observación dejó perplejo a más de un dirigente: “La revolución no es necesaria para la consecución de un régimen de justicia. La revolución no asegura, ni tan sólo facilita, el advenimiento de dicho régimen; esto sólo puede ser fruto de una mayor perfección moral de la Humanidad, conseguida gracias a la cultura, con C mayúscula” .

Estaba claro que Mira soslayaba el punto de vista materialista. La revolución como fenómeno de masa la concebía no desde el punto de vista de estas, sino desde las coordenadas de una psicología individualista. Para él, la denominada masa humana no era un conglomerado informe, sino que estaba formada por individuos. La masa, caso de tener una naturaleza psíquica, era equivalente a la de la naturaleza humana individual. Su posicionamiento analítico se centraba en el estudio de por qué un individuo lo seguía siendo cuando formaba parte de una masa revolucionada y no se disolvía en una personalidad sin identidad, absorbida por la revolución. De esta manera, en su estudio indagó en cuatro aspectos claves de esa identidad:

“(a) La identificación de los rasgos psicológicos de la persona cuando se sumerge en una revolución;

(b) al establecimiento de una ley psicológica de causa y efecto para explicar la aparición de un movimiento revolucionario;

(c) la descripción de las fases psicológicas por las que pasan las actitudes y reacciones antes, durante y después de la revolución; y

(d) la determinación de los tipos psicológicos (revolucionarios, contrarrevolucionarios y seudorrevolucionarios) de las personas que participan en el proceso”.

A pesar de defender una política de izquierdas, su planteamiento tenía un enfoque caracterológico, lo que descolocaba al más ortodoxo de cualquier partido. Ni citará a Freud, ni los esfuerzos de Wilhelm Reich, quien pretendía asociar el psicoanálisis con el marxismo. Si hubiese que calificar el enfoque de Mira, habría que hablar de un “socialismo humanista”, nada acorde con los principios del materialismo histórico.

problemas psicologicos libros

En 1937, en la I. Conferencia Nacional del PSUC en el Palacio de la Música Catalana participó en la quinta sesión donde analizó los problemas que la guerra y la revolución plantean en Cataluña con referencia a las llamadas culturas de la selección de masas (La Vanguardia, 27.7.1937). También, lo hizo en el Lyceum Club” donde contaría sus impresiones de lo vivido en el frente de Madrid. Recuérdese que el Lyceum estaba formada por mujeres (La Vanguardia, 26.2.1937).

El Diario Oficial del Ministerio de Defensa lo nombraría director de la Clínica Psiquiatría de la tercera demarcación sanitaria, asimilado a teniente coronel, aunque seguiría desempeñando el cometido de inspector de los servicios de Psiquiatría del Ejército (La Vanguardia, 5.1.1938).

Mira participó en la organización y la movilización de la mano de obra femenina y después como responsable de los servicios psiquiátricos del Ejército de la República. Ocupó puestos de alta responsabilidad en este ejército que, por otra parte, tenía su Estado Mayor en Barcelona. Hizo de todo: desde redactar manuales con consejos a los soldados para mantener su salud física y mental hasta aplicar experiencias innovadoras en el tratamiento de los enfermos mentales.

Y seguiría dictando conferencias, como la pronunciada en el “Casal del Metge”, Vía Layetana, 31, sobre “Los problemas de técnica pedagógica que plantea la realidad actual”, y organizadas por la Federación Local de Juventudes Libertarias, que no dudará en calificarlo como “nuestro afiliado, camarada Dr. Mira” (Solidaridad Obrera, 13.3.1937).

Comienza la acusación calumniosa

Mira se vio obligado a exiliarse tras la derrota del ejército republicano. Cruzó la frontera el 25 de enero de 1939. Quiso instalarse en Francia, pero las autoridades lo confinaron a un campo de concentración, en un pueblo cerca de París, Lagny-sur-Seine. A mediados de febrero se reunió con su familia en Perpiñán. Sus biógrafos señalan que, por el stress, perdió 16 kilos. Lo recluyeron con los suyos en el campo de refugiados citado.

Su notoriedad pública en la guerra civil a favor de la II República, además de su relevancia nacional e internacional como psiquiatra, le acarrearon graves acusaciones por parte de quienes menos podía esperarlo: del gremio los psiquiatras catalanas, entre ellos, su discípulo Ramón Sarró.

Al término de la guerra, se descubrieron las famosas checas, cárceles de prisioneros, cuyo diseño se atribuyó al doctor Mira. No solo se le acusó de haber diseñado tales cárceles, sino que el Manual de Torturas utilizado en estas lo habría escrito él. El rumor se hizo “vox pópuli”, tanto que se llegó a sostener que entre las torturas recomendadas por dicho Manual, se encontraba el uso del pentotal, el llamado “suero de la verdad”, sustancia que se venía utilizando en Estados Unidos.

Historia de una infamia

Esta increíble persecución incriminatoria se puede rastrear paso a paso siguiendo el expediente aludido, cuya elaboración fue ordenado por el Fiscal que incoó el caso, Eliseo García Martínez. Como quiera que había que recoger toda la documentación posible para inculpar al doctor Mira, el fiscal de la audiencia de Barcelona encargó a dos agentes del Cuerpo Superior de Policía, José Luis Priva y Miguel García Sobrino, hacer una investigación completa sobre los antecedentes y relaciones de Emilio Mira para responder a la acusación de que era objeto. Los agentes enviarían al fiscal el 10 de abril de 1945 un memorándum firmado por cada uno de ellos, de 12 folios de extensión.

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.Subdirección General de los Archivos EstatalesMinisterio de Cultura.España
Documentos Causa General
Ministerio de Cultura.

Visitarán los archivos del Colegio de Médicos, Policía, Falange y Guardia Civil, entrevistarán a cada uno de los excautivos de las cárceles rojas, llamadas checas; a los médicos psiquiatras que mantuvieron algún contacto con el doctor Mira; y arracimar los escritos que guardaron relación con las checas, cuya construcción y diseño se atribuyeron a Mira y, sobre todo, la paternidad del manual de torturas que se aplicaban en dichas cárceles.

La declaración de Agustín Falgueras Ferrer, hecha el 21 de diciembre de 1943, fue de las primeras y, a diferencia de las otras, ocuparía una extensión de cinco páginas. Después de presentar su currículum político -militante del “Grupo Alfonso”, monárquico derechista, luego de Renovación Española, hasta que en marzo de 1936 se afilió a Falange y, finalmente, miembro de la Hermandad de Excautivos”-, sostendrá que de “todas las organizaciones rojas, la que llegó al grado más eminente de crueldad fue el fatídico SIM, donde sin reparar en ningún ahorro de detalle, se idearon los tormentos y celdas destinados a hacer hablar al preso más recalcitrante, celdas que fueron diseñadas por especialistas, entre ellos uno que era famoso en psiquiatría llamado, Mira”. ¿Prueba de esta acusación? Ninguna.

Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.Subdirección General de los Archivos EstatalesMinisterio de Cultura.España
Documentos Causa General
Ministerio de Cultura

En marzo de 1945, están fechadas las declaraciones de dos “testigos privilegiados”, encargados de hacer de cicerones describiendo las checas a quienes las visitaban. Sus nombres fueron Hilario Martínez Goñi y Juan Lluch Caralps. Conviene detenernos en ellas, puesto que, ya desde el principio, se observará que las acusaciones contra el doctor Mira se basarán en lo que “habían oído decir”, pero que nunca vieron ellos directamente.

Hilario Martínez Goñi, policía armado, natural de Lorca (Navarra), al término de la guerra dijo que “trabajó como “conserje o cicerone para explicar a los visitantes lo que había sido el funcionamiento de la checa de Vallmayor, cargo que ejerció desde julio de 1939 hasta el mes de marzo de 1941, en cuya época fue sustituto por Luis Sánchez García”.

hilario martinez

Cuando se le preguntó qué podía decir de Mira, el cicerone navarro dijo que “no recordaba haber oído hablar de él a persona alguna determinada como autor o inspirador de los tormentos que allí se había dado en época roja a los presos nacionales, por lo que desconocía en absoluto el nombre del D. Mira López por el que se le preguntaba. Que únicamente recuerda haber oído a los excautivos el nombre de un tal Laurencio como autor de dichas checas”. (20.4.1945).

Por su parte, Juan Lluch Caralps, al ser interrogado por los funcionarios, dirá que “no tiene conocimiento ni pruebas de que el Dr. Mira interviniera en la construcción de las checas, pero era voz pública en aquel entonces que había intervenido. Hablaba de oídas pues “no puede facilitar más datos sobre la actuación del Dr. Mira por no haber tenido contacto alguno con él, durante el periodo rojo”.

La “versión de oídas” del P. Ledit, S.J.

El reverendo P. Ledit S.J., “ conocido por revelar al mundo los horrores de los métodos de propaganda utilizados por los “rojos”, había publicado en “Lettres de Rome” (junio de 1939). un reportaje titulado “Impresiones de España” sobre un viaje que realizó a la España liberada del yugo de los “rojos”. También era autor  de Las paradojas del comunismo (1938).

las paradojas

En su visita a las checas, describía las celdas de tortura con palabras que superaban los tormentos del infierno descritos por Dante:

“El guía que nos conduce al jardín donde se instalaron las celdas de tortura. Estos han sido ampliamente descritos en la prensa y se han publicado numerosas fotografías en varios periódicos; las celdas diminutas donde el prisionero no podía sentarse, acostarse o incluso pararse. Si levantaba la cabeza, tocaría un timbre eléctrico. A la altura de los ojos, una abertura por la que entraba una luz fuerte. Le era imposible dormir; sus rodillas y riñones pronto fueron arañados por las paredes de su cajita; en otro, el piso estaba hecho de ladrillos colocados en ángulo recto con el piso; una luz intensa le mostró pinturas extrañas en colores vivos; de allí pasamos a la caja de resonancia, una celda sin ángulo, donde cada sonido se hacía eco simultáneamente por todos lados; un sonajero se puso en acción arriba, para producir un ruido infernal (…) Vemos a los torturadores con guantes, clavel en el ojal. Nunca había visto algo tan infernal. También tiene sillas eléctricas, celdas subterráneas de cemento reforzado, completamente a oscuras, donde los detenidos los ponían desnudos por 24 o 48 horas, un pozo donde los tiraban y de ahí se les reprochó que reanudaran la tortura”.

Luego, refiriéndose de modo elíptico a Mira decía que “el médico elegante que lo quiso, puede ir a Estados Unidos a hablar de ‘democracia’ con los locos que lo escucharán; haría bien en no volver a poner un pie en su país”. Lo que, más que un juicio analítico a posteriori, era una calumnia. Pero se entiende. La II República expulsó a los jesuitas de España.

En otro fragmento, después de la visita que había hecho al Instituto de Artes y Oficios, escribe a diferencia de los dos declarantes anteriores: “Sé que el Dr. Mira director del correspondiente Instituto de Psicotecnia de Barcelona, hizo los planos de las chekas de los que hablaremos más adelante como atestiguan los albañiles cuando fueron llevados ante los tribunales”. Aprovecharía este “calentón discursivo” para recordar el nombre del fisiólogo Negrín: “En Madrid y Barcelona todavía podemos hablar de los asesinos de la FAI, pero basta con destacar el nombre de Negrín, autor de estas sabias torturas, para suscitar protestas casi histéricas”.

Hay que decir que ese jesuita en su descripción de las cárceles utilizó el folleto Cómo funcionaban las Checas de Barcelona, Publicaciones CIAS, 1939, donde se concretan “los sórdidos detalles de la prisión de Vallmajor y de otras cárceles como de las torturas utilizadas por los asesinos del SIM (Servicio de Inteligencia Militar rojo).

En este enlace, se puede acceder y leer, caso de que el lector esté de buen ánimo, el folleto en cuestión que contiene distintas fotografías que bien podría ser de un matadero municipal de una ciudad cualquiera.

checas

Lo más curioso del folleto es que el nombre del doctor Mira no aparece en ninguna de sus páginas -yo, al menos, no lo he localizado en el texto-, a pesar de que en la publicidad del mismo, se afirmara que el psiquiatra republicano era el cerebro de la construcción de las cárceles y de la metodología a seguir en la aplicación de las torturas a los presos.

Los médicos de Barcelona se revolucionan

Fue en el campo de concentración, donde Mira tuvo conocimiento de que un grupo de médicos catalanes habían redactado una carta acusándolo de poner sus conocimientos al servicio de las cárceles rojas. La carta estaba dirigida al P. Agostino Gemelli. Se pedía que Mira no representara a España en los Congresos Internacionales de Psicología.

Gemelli, antes de publicar la carta de los médicos catalanes, escribió a Mira diciendo que “en España y sobre todo en Barcelona se afirma, según personas dignas de toda autoridad que como psicotécnico ha dado Vd. consejos, sugerencias y directrices para la construcción de prisiones, durante el periodo de predominancia de la checa y que algunas construcciones, sobre todo las de las prisiones de Vallmayor se han erigido según sus indicaciones”.

Gemelli añadía que se resistía a creer lo que se decía y consideraba necesario que “aclare Vd. su posición. Naturalmente esta declaración debe estar acompañada por datos que sirvan para desmentir los hechos de que se le acusa”.

El doctor Mira contestó a Gemelli el 25 de septiembre de 1939, negando rotundamente esas actividades psicotécnicas que le atribuían, añadiendo: “Recuerdo que un día me preguntó un médico militar que estaba al servicio del SIM (Servicio de Inteligencia Militar), sobre cuál era el criterio acerca de los medios científicos que se podrían emplear para controlar la sinceridad del testimonio. Le contesté que no conocía ningún medio seguro y que todo lo que yo sabía al respecto se recogía en mi obra Psicología jurídica (Salvat, 1932). Como estaba agotada la edición incluso le presté un ejemplar”.

Con respecto a las chekas, Mira expresó su repugnancia a “utilizar la violencia y la fuerza para imponer algo (…); toda mi actuación en ese ámbito se limitó a la asistencia psiquiátrica de los prisioneros que se remitían a la Clínica Psiquiátrica Militar de Sant Boi de Llobregat”.

Para el psiquiatra Mira, todo era parte de un complot de quienes “abrigan odio y envidia hacia mí”. Además, le comunicaba que había pedido al rector de la Universidad de Barcelona la apertura de una investigación que clarificase las cosas “por el crédito de mis ideales y por el prestigio de la Universidad a la que he estado ligado”.

Pero Gemelli, a pesar de que nunca ofreció ningún dato que avalase su acusación contra Mira, excepto los rumores habituales, nunca lo creyó. Y así, volvió a la carga publicando un artículo que firmaría con el psicólogo Mario Ponzo en la Revista Archivo di Psicología Neurología Psichiatria e Psicoterapia, titulado “Un psicotécnico a servicio della terza intenazionale rossa per esercitar el terrore nella Spagna?” (¿Un psicotécnico al servicio de la Tercera Internacional Roja para ejercer el terror en España?)

Gemelli era fundador de la Universidad Católica del Sacro Cuore, en Milán, y profesor de Psicología. Fue una figura central en Italia, dominada por Mussolini, próximo a la Alemania de Hitler y a la España surgida de la guerra civil. Su intento intelectual se centró en ajustar el Estado fascista a las coordenadas católicas y doctrina papal. Uno de sus libros que recibieron el aplauso en España fue España e Italia en la defensa de la civilización cristina contra el bolchevismo, traducido y prologado por el derechista y ultracatólico Isidoro Marín autor de “La revisión del concordato de 1943” en la perspectiva del episcopado español.

Ponzo era profesor de psicología y director del instituto de Psicología de Roma desde 1931. Y era miembro del Comité de la IUPS, interpelado por los psiquiatras catalanes firmantes de la primera protesta. Que Mira desapareciese de ese comité le venía a Ponzo de perlas para su prestigio.

padregemelli
Gemelli

El artículo de Gemelli y Ponzo se apoyaba en tres aspectos ya mencionados; a saber, el texto de Ledit sobre su visita a las cárceles de los rojos, el opúsculo mencionado de las Checas y la carta de los médicos catalanes. A ellos, añadieron la opinión de un médico militar que “sabía de estas cosas” -no cita su nombre, pero se refería a Vallejo Nájera.

Indicaban que de todo ello habían puesto en conocimiento a Mira, avisándole a la “Society for protection of Science”, señalando con recochineo que esta era “una sociedad que apoya a los exiliados judíos y bolcheviques” London WC 1, 6 Gordon Square.

Respuesta de Mira

En estos momentos, el doctor Mira se encontraba ya en Buenos Aires. Su contestación a Gemelli fue de “total indignación”, reprochándole que sus cartas eran “un montón de fantasías idiotas”. Lo acusó de “haber trabajado para Franco más que un moro y recibir felicitaciones por haber hecho la propaganda de la rebelión”.

Doctor Mira 1949
Doctor Mira 1949

Pero mucho más importante le exigía que “demostrara lo que yo no he hecho jamás”. Le pedía que aportara un solo hecho que justificase semejante acusación. Es decir, frente al supuesto de que él debía probar su inocencia, lo primero era demostrar su culpabilidad. Y a Mira le acompañaba el Derecho, desde luego, pues era doctrina aceptada el onus probandi incubit actori, es decir, la carga de la prueba incumbe al actor, es decir, a quien alegaba tal o cual acusación, en este caso, a Gemelli y Ponzo, los cuales basaban “sus acusaciones en fabulaciones, hechos inconcretos y culpas sin base empírica”.

Volvió a sugerirles una confrontación con los denunciantes en un lugar neutral y consideraba que “el escrito era apócrifo, pues se cometían graves errores en él, como suponerle nacido en España cuando de todos era conocido que había nacido en Cuba”.

En este aspecto, Mira se equivocaba. La carta no tuvo nada de apócrifa.

Como remate “curioso” a esta historia, en 1949, el doctor Mira y Mario Ponzo se vieron las caras en un congreso internacional de psicotécnica en Berna. Alice G. de Mira comentó que “Ponzo estaba lívido y asustado, pero Emilio le tomó del brazo y conversando llegaron hasta el final de un largo corredor. El profesor Ponzo procuró disculpar al profesor Gemelli y a sí mismo, explicando que tanto uno como otro habían sido víctimas de informaciones equivocadas de presiones políticas”.

Con su discípulo y colega, Ramón Sarró se encontró en 1957, en Zúrich, en un congreso de psiquiatría. Se justificó diciendo que “fue coaccionado mediante amenazas para que firmara el documento que lo desacreditaba públicamente” (Iruela, Vida y obra de Emilio Mira, Universidad Complutense, Madrid, 1988). Sin comentarios.

IRUELA

No consta que se encontrara alguna vez con Gemelli.

¿Cuál fue la fuente del rumor?

O preguntado de otra manera, ¿de dónde surgió la idea de que Emilio Mira había participado en las chekas?

Una de las respuestas más creíbles la ofrece Pere Domingo en Vivencias en Cuba con el Doctor Mira, versión con la que coincidirán, curiosamente, los dos funcionarios que elaboraron el informe para el fiscal.

A lo largo de la guerra, prisioneros facciosos, al ser liberados, afirmaban que habían sufrido alguna tortura inventada por el doctor Mira. La frase se hizo un lugar común. ¿Qué había pasado? Al doctor Mira, especialista en psiquiatría y psicología, los militares del SIM le pidieron un informe sobre métodos utilizados para descubrir las declaraciones falsas y provocar para las respuestas verdaderas. Sabido es que Mira había escrito sobre estos métodos existentes en EE. UU. y elaboró un informe sobre ellos. El informe terminó adquiriendo esta formulación desnaturalizada: “Métodos actuales para facilitar a la Policía el conocimiento de la verdad en los presuntos delincuentes y testimonios, según los métodos del doctor Emilio Mira”.

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Ni que decir tiene que Mira no escribió ni una coma de ese informe, el cual, a lo largo del tiempo, sufrió distintas variaciones. Como cuenta P. Domingo, lo que los detenidos oían en el momento del interrogatorio cuando sus respuestas no eran satisfactorias era la frase: “Aplíquenle el método de tal o cual del doctor Mira y era este nombre y estas palabras lo que el maltratado recordaba, aunque los métodos científicos fuesen acompañados de los más contundentes complementos” (P. Domingo, Vivencias en Cuba con el doctor Mira, Revista del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Barcelona, 1973).

Mira en su Manual de Psicología Jurídica, en el capítulo titulado “Técnicas utilizables para el control de la sinceridad de los declarantes” como en el titulado “Medios para obtener la máxima sinceridad posible en las respuestas”, rechazaba que se atemorizase al sujeto amenazándolo con castigos humanos y divinos. En su lugar, Mira sugería estudiar la intención del testigo utilizando preguntas indirectas. Y sobre el control de la sinceridad proponía varias pruebas como las de palabras estímulo y tiempo de reacción, detector de mentiras, y la de la expresión motriz de Luria. Ninguna de ella creadas por la inventiva “criminal” del doctor Mira.

FOTO MIRA LOPEZ

Así, pues, la tergiversación de un informe por parte de las autoridades encargadas de las checas -posiblemente el SIM- creó la leyenda negra del doctor Emilio Mira López.

Los médicos catalanes

Respecto a la carta de los médicos catalanes, los hechos demostraron que el doctor Mira estaba muy equivocado al pensar que aquella era una invención y, por tanto, apócrifa. El expediente del fiscal, que seguimos, es muestra concluyente de que sus colegas se la tenían jurada. Como el resto de los documentos, formó parte del voluminoso informe que elaboraron los dos funcionarios.

El contenido de dicha misiva fue el siguiente:

“Carta abierta de algunos psiquiatras españoles sobre el Prof. Mira de Barcelona.

Hablando de la nota anterior, recibimos de unos compañeros de Barcelona la carta que aquí reproducimos, documento del que sobra subrayar la importancia.

Llamamos la atención de los colegas del Comité Permanente de los Congresos Internacionales de Psicología sobre ello: “Reverendísimo Padre Gemelli. - A todos aquellos que en la nueva España se dedicaron a los estudios científicos, y en especial a los médicos, es profundamente doloroso saber que, en el Comité Internacional de Congresos de Psicología, nuestra patria está representada por el Dr. Emilio Mira López.

No es español, aunque lamentablemente nacido en España que, como el señor Mira, fue culpable durante el período bolchevique -una orgía de ladrones y asesinos- con cada muerte por deleite, abuso y crueldad; quien luego se enfureció contra sus colegas culpables de amar la patria y la civilización; quien, como un vulgar informante, los denunció; quienes, finalmente, se prostituyeron, llevando a cabo refinados tormentos para diversas celdas utilizadas para tal fin en las cárceles rojas.

El señor Mira López no puede ni debe participar de ningún consenso de científicos, siempre fieles servidores de la verdad, la justicia y el bien; sobre todo es indigno del honor de unir su nombre al nombre de España en Congresos Internacionales. Por tanto, le pedimos que sea el portavoz de estas regiones junto a sus ilustres colegas del citado Comité, para eliminar el nombre del Dr. Emilio Mira López es su calificación como representante de nuestra Nación.

Queremos aprovechar esta oportunidad para expresarle nuestro agradecimiento por el trabajo que ha realizado a favor de nuestra patria incluso antes del heroico movimiento salvador. Cuando el mundo educado nos miraba con desconfianza y con pegada antipatía, tú, franciscano, médico y filósofo, has defendido enérgicamente y sin implicación el derecho, más aún la obligación de los españoles de reaccionar con fuerza para que el país no se pudra en el pozo comunista.

medicos catalanes

Con el mayor respeto y admiración somos sus devotos. Yo: Dr. M. Taure. Decano de la Facultad de Medicina (Barcelona). -Escardó Monte, Neurólogo del Hospital Clínico (Barcelona). -Ramón Sarró Burbano, Vicepresidente Asociación española de Neurología y Psiquiatría. -Arturo Galcerán Gaspar, Director del Instituto Psiquiátrico Municipal (Barcelona). -O. Torras, Director del Instituto Montal de la Santa Cruz, de Barcelona. - Juan Guasch, Médico de la Clínica Mental de Santa Coloma de Gramanet. - Dr. Juan Alzina y Melis, Director del Instituto Municipal para ciegos, sordomudos, deficientes (Barcelona). – Dr. José Córdoba, Director del Instituto Frenopático (Barcelona). – J. Fuster, Subdirector del Instituto Mental de la Santa Cruz. - Pedro Portabella, Salvador Mussons, jefe del laboratorio médico Antropométrico del Instituto Psicotécnico, Juan Juncosa Orga…”

El expediente del Fiscal

Como ya señalé, el expediente recoge información exhaustiva de quienes intervinieron en propagar el rumor de que Mira había sido el diseñador de las chekas, además de ser el creador de un manual de torturas e, incluso, de haberlas aplicado él mismo a los prisioneros facciosos, en especial, el pentotal, el suero de la verdad.

El procedimiento fue el habitual en este tipo de expedientes. El fiscal remitía a los jueces municipales de distintas localidades para que practicasen las correspondientes diligencias de interrogatorios a diversas personas, entre ellas, muchos excautivos.

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Todos los declarantes caerían en la misma actitud. Se limitaron a hilvanar un compendio de caracterizaciones procedentes de un catecismo fascista, pero que no aportaban ningún dato verosímil que confirmase sus acusaciones: “Mira era dirigente de un partido socialista de Cataluña, colaborador muy activo de los separatistas, propagandista rojo, ateo y antiespañolista, íntimo amigo de Companys y teniente coronel de sanidad, nombrado por los rojos” y que era lo que indicó el sargento ocasional interrogado.  

Este sargento, autor de las palabras anteriores entrecomilladas, después de sostener que “Mira era uno de los que proyectaron las chekas y otros instrumentos de tortura usados por los rojos separatistas; que perteneció a la jefatura del SIM y tomó parte en dichos actos de propaganda” y, en otro orden de cosas, que “desplazó al Dr. Galcerán, Inspector Médico del Sanatorio de san Baudilio, porque simpatizaba con el Glorioso Movimiento Nacional”, al ser requerido por los funcionarios que demostrase con hechos todo lo que afirmaba relativo al tema de las checas y de torturas, lo único que pudo decir es que su “fuente de información se reducía al rumor, en definitiva, a lo que había oído”.

En la búsqueda de informes y fuentes de este “rumor”, los funcionarios no desdeñaron interrogar a todo aquel que hubiese tenido alguna relación con aquel. El turno le tocó en esta ocasión a dos sacerdotes. El primero fue el jesuita Antonio Castro Calpe, también médico.

Sus declaraciones revelaron hasta qué punto la clerecía no se anduvo con escrúpulos la hora de incriminar a Mira, basándose en el rumor. Bueno, también, en la “perfecta honorabilidad” de quienes hicieron más por extenderlo. Respondió que, “a instancias del Padre Palmés y por habérselo interesado el P. Agostino Gemelli, interesó del declarante le facilitara datos sobre la actuación del Dr. Mira con relación al movimiento rojo; el padre Castro se puso en contacto con los doctores Juan Alzina y Melis y don Guillermo Escardó Monte, los cuales afirmaban la intervención del dr. Mira en la construcción de las checas, como conocedor de los recursos psicológicos para aumentar las molestias delos encarcelados”.

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No importaba saber cómo tales doctores habían conocido tales supuestos, pero “dada la perfecta honorabilidad de ambos doctores, a los cuales juzgo completamente veraces, y dado también la conducta política y social, y médica del dr. Mira, tiene por digno de crédito el testimonio de los dos doctores”.

El segundo sacerdote en ser interrogado fue Fernando Mª Paimes. Dirá que, “hallándose en Italia -desde 1932 a 1939-, al visitar al P. Agostino Gemelli, O. F. M., rector de la Universidad Católica de Milán tuvo noticia  por primera vez de que se acusaba al doctor Mira López de haber, de alguna manera, intervenido en las checas de Barcelona, noticia que el dicho Gemelli sabía por un artículo publicado en la revista de Lettres de Romes (junio de 1939): que Gemelli le pidió al declarante que cuando llegase a España le comunicase lo que aquí se pensaba del asunto; pudo comprobar que eran muchos los que aquí afirmaban que el Dr. Mira había de alguna manera intervenido en las checas; y al visitar la de Vallmajor que era frecuentada por numerosas personas, pudo comprobar que el empleado encargado de mostrar y explicar, al llegar a la celda características por los procedimientos psicotécnicos de tortura afirmaba categóricamente y como cosa cierta, con estas equivalentes palabras que era de lamentar que hubiese sido un médico español muy conocido en Barcelona, el Dr. Mira, nombre que pronunciaba claramente- quien había intervenido en la organización de aquella terrorífica celda”. Pero al preguntarle los funcionarios “en qué había consistido la intervención del dr. Mira y de qué manera esto constaba, no obtuvo de él respuesta”.

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Pero eso no le impidió al sacerdote informar a Gemelli que “era voz pública en Barcelona que el dr. Mira había tenido alguna intervención en las checas, (esto no obstante, yo quisiera tener pruebas fidedignas para poder firmar la cosa como absolutamente cierta)”. En ningún momento consta que se dedicara a buscar dichas pruebas fidedignas; menos aún que las encontrase.

Un hermano del doctor Guillermo Escardó Monte, llamado Bricio, ingeniero industrial, declarará “por la honorabilidad de su hermano y puede afirmar que la citada carta fue redactada por el citado Dr. Escardó y firmada por todos los demás que aparecen en la revista”. Añadirá que “por haber tratado y colaborado antes del Movimiento Nacional con el Dr. Mira en el Instituto de Orientación Profesional en el edifico de la Escuela de Ingenieros, afirma y cree muy capaz al citado Dr. Mira por sus conocimientos médicos psicotécnicos enteramente capaz de haber dirigido los elementos de tortura psicotécnica que figuraban en las checas durante el periodo rojo y que era de ideas izquierdistas y ateo”. Pero, pruebas directas y materiales de tales capacidades convertidas en hechos, cero. Ni una.

José Córdoba Rodríguez, médico, asegura que “el 28 de agosto de 1935 pudo pasarse a la España Nacional motivo por el que desconoce toda la actuación de Mira en zona roja”. Añade que sí firmó la carta, pero no recuerda en ella se “hicieran afirmaciones con respecto a las actividades de Mira en la construcción de las checas”.

Manuel Taure Gómez, médico, “lo califica de ideas izquierdas, hombre reservado y de pocas palabas además de tener un trato sumamente orgulloso para sus compañeros”. Solo le faltó añadir que el doctor Mira era caníbal. Afirmará “que durante la época roja estuvo oculto, lo que no le impidió visitar la Jefatura de Sanidad del Ejército Rojo y vio a Mira. En su calidad de Decano de la Facultad de Medicina, recibió de la Jefatura de Falange y en ocasión de la depuración de los facultativos rojos, el informe del Dr. Mira en el sentido de haber tomado parte él mismo en la dirección técnica en la construcción de elementos de tortura en las checas de esta ciudad, informe que el declarante no ha podido comprobar, ya que respecto a lo que se decía entonces del tal Dr., en el sentido de que efectivamente había construido tales elementos, en honor de la verdad el dicente no puede afirmarlo en modo alguno ya que no ha venido en conocimiento del mismo ningún indicio en tal sentido”. ¡Menos mal que este hombre dispuso del informe que la Falange había confeccionado del doctor Mira!

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Luego, concluirá que “al doctor Mira nadie ha negado su valía en el campo científico y profesional, pero que distintos doctores escribieron una carta para que fuera dado de baja como representante del Organismo Internacional de psiquiatría, pues un hombre tan significado en el campo izquierdista siguiera representando a nuestro país en un congreso u otro organismo científico internacional era un deshonor”.

Juan Alzina Melis, médico psiquiatra, aseguró que “conoció a Mira, pero sus relaciones con el fueron puramente profesionales. Al igual que todo el mundo, por ser del dominio público, sabe que dicho doctor profesaba ideales de izquierdas, pues acaparó cargos todos los que podía ya antes de la guerra. Que intervino activamente en la dirección de la construcción de elementos psico-técnicos de tortura en las checas de esta ciudad, extremo que conoce mejor que otros el dicente por haber estado cautivo en la checa de Vallmajor durante la época roja”.

Le faltó añadir que fue el propio doctor Mira fue quien lo torturó.

 “Que desde luego el declarante firmó en unión de otros compañeros de profesión una carta dirigida al P. Gemelli, presidente digo, Rector de la Universidad católica de Milán, a fin de que dicho Dr. Emilio Mira López fuese destituido de su representación ya que la ostentaba en nombre de España, en el Congreso Internacional de Psicología, ya que considera el declarante que dicho doctor no era digno de ella por las actividades que llevó a cabo durante la época roja.

Leída su declaración “el doctor Alzina se ratifica, y firma con S. S., doy fe. Antes de firmar manifiesta que cree al dr. Mira López capaz de inspirar tales elementos de tortura y de mucho más inclusive, juicio que tiene el dicente por conocer sus ideas, carácter y conducta”.

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Juan Guarch Arévalo, médico psiquiatra, dice que “solo habló con Mira dos o tres veces, aunque sabía que profesaba ideas de izquierdas, aunque por las escasas veces que había tenido contacto con él no lo pudo comprobar personalmente el declarante. Solo por vox pópuli vino en conocimiento de que efectivamente el doctor Mira había participado en la construcción de las checas, pero no puede afirmarlo plenamente por carecer de los elementos de juicio necesarios a tal fin. Firmó un carta al P. Gemelli, para pedir la destitución de Mira como representante de la ciencia de nuestra patria, ya que por sus actividades a favor de los rojos lo hacían indigno de tal representación”.

Oscar Torras Buxeda, médico psiquiatra, sostuvo que “desconoce en absoluto la actuación y actividades del doctor Mira durante el periodo rojo. Recuerda haber firmado la carta, pero lo que no recuerda son las afirmaciones que sobre actuación en la construcción de las checas hace referencia”.

Pedro Portabella Durán, médico psiquiatra, dijo que “reconoce haber firmado la carta motivado por el hecho de las ideas de índole moral expresadas públicamente por el dr. Mira en muchas ocasiones al publicar una monografía titulada Psicoanálisis que editó la editorial Miguel Servet de Barcelona”. El doctor Portabella sostuvo que “Mira injurió a los católicos al calificar el sacramento de la eucaristía de acto de antropofagia, así que al ver la invitación a firmar la carta a Gemelli no vaciló en firmarla. Y por la participación de Mira en las checas que solo conocía de rumores públicos y por los comentarios que se hacía en Barcelona referente a la intervención de Mira en la inspiración técnica de la construcción de determinadas celas de la checa de Vallmajor”. A continuación, refirió que Mira “era persona destacada en el campo de las izquierdas políticas y desempeñó la jefatura del servicio de Psiquiatría del ejército rojo y como tal presidió un tribunal militar rojo para el examen médico de los enfermos mentales que podían ser movilizados. Con tal motivo se atribuye de rumor público que ordenó ese tribunal la movilización de determinados individuos que eran verdaderos enfermemos mentales lo que a juicio del declarante justifica sobradamente que el dicente firmara la carta dirigida a Gemelli”. Y como era rojo y ateo…

Joaquín Fuster Pomar, médico psiquiatra, con respecto a la actuación de Mira en la construcción de las checas, manifiesta que se remite a lo que dijeron los periódicos de aquel entonces en los que se le atribuía participación en las mismas. Al ser preguntado si firmó la carta junto con otros doctores dice que “no recuerda en este momento haber firmado documento de clase alguno puesto que desconocía la participación del Dr, Mira en los hechos que se le pregunta”. Lo que sí sabe es que “Mira pertenece al partido socialista con tendencias comunistas, pareciendo recordar tuvo un cargo en el ejército rojo sin que pueda concretar la graduación que obtuvo”. ¡Importante aclaración!

Salvador Mussons Trullols, médico psiquiatra, reconoce que “firmó la carta. Y ello  por el rumor público que afirmaba que Mira había contribuido en cierto modo a la construcción de las checas. Que lo supo por los comentarios entre los médicos, tanto en el Colegio como en la dirección de Sanidad, sin que el declarante pueda precisar de donde salió el rumor público, aunque el declarante estuvo en las checas no presenció nunca que el Dr. Mira se constituyera en las mismas para realizar experimentos psicológicos con los presos”.

Luego, dijo: “Gracias al doctor Mira y a su gestión personal fueron salvadas las monjas que prestaban servicio en el Manicomio de san Baudilio de Llobregat. Que él mismo fue detenido por los agentes del SIM rojo en el mes de enero de 1938 siendo llevado a la checa de la Tamarita donde sufrió un interrogatorio por unos sujetos cuyo nombre no recuerda, en su mayoría asturianos. Entre los presos en dicha checa se decía que tenía comunicación con el consulado soviético en Barcelona.”

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Ramón Sarró Burbano, medico psiquiatra. asegura que “conoce a Mira desde hace más de diez años. Compañeros de profesión y especialidad, buenas relaciones de amistad y profesionales, hasta estallar la guerra, a partir de la cual quedaron distanciados. Nunca tuvo la menor sospecha de que pudiese haber tenido actuación alguna en relación con las llamadas chekas”.

Sin embargo, cuando “la liberación de esta ciudad saludó al Teniente coronel médico Dr. Antonio Vallejo Nájera el cual actuaba de jefe en los servicios psiquiátricos del ejército nacional, quien le manifestó que consideraba probado que el Dr. Mira había intervenido en las chekas, no concretando por la brevedad de dicha conversación en qué había consistido tal actuación, pero siempre y en todo caso, reprobable. 

Que fue informado en sentido análogo por el también compañero del mismo, Dr. Escardó Monte, y que firmó la carta a fin de que Mira fuera excluido del Comité Permanente Internacional para la convocatoria de Congresos Internacionales de Psicología, del cual formaba parte como representante de España, carta que se dirigió en 1939”.

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Juan Juncosa Orga, médico psiquiatra, que aparece firmando la carta, dijo en su declaración que “conoció a Mira en el año 1929, quien gozaba de prestigio como especialistas en enfermedades mentales, ya que dominaba la especialidad de una manera brillante. De hecho, trató a un hijo, enfermo de un trastorno mental, de Companys. Nunca habló de política con Mira, pero sí tenía idea del conocimiento general que lo calificaba de ideas socializantes. Que antes del Movimiento tenía un sanatorio en la avenida del Tibidabo para “el tratamiento de niños defectuosos y atrasados” y una clínica, llamada Bonavista. El médico Juncosa dijo que en mayo de 1938 “fue detenido por el SIM, que estuvo preso en la checa de Vallmayor no habiendo visto durante su estancia en al dr. Mira y por la forma de funcionamiento está en el ánimo del declarante que el dicho Dr. Mira no ha tenido ninguna intervención en aquella organización”. Dijo que su nombre aparecía “entre otros, como firmante de la misma sin que el dicente haya firmado dicha carta”.

Los funcionarios quisieron cerciorarse de “si la firma del Dr. Galcerán, que aparece como firmante del manifiesto pudiera haber sido incluida sin ser auténtica”. El declarante manifestaría que “habiendo intervenido en la redacción y recogida de firmas los doctores Escardó y Alzina Melis, hombres de probada moralidad, lo tiene por completamente imposible una suplantación de firmas”.

Sin embargo, el doctor Arturo Galcerán Gaspar negará, a posteriori, que él firmase dicha carta.

¿Cómo terminó todo?

Los Agentes, encargados de recabar la información pertinente, reconocerán que “nuevamente se han prodigado hasta el límite posible las investigaciones estimadas como conducentes a la realización del fin indicado”. Esto es, “la localización de excautivos y otro tipo de estudios de pistas que pudieran llevar a la aclaración de la acusación”. Pues bien, el resultado sería un fracaso absoluto. Lo dijeron así: “No es la claridad de sus resultados, sino cierta antinomia derivada del contenido de los escritos y las manifestaciones hechas a los distintos excautivos”. Después de recabar información en los archivos del Colegio Médico, de la Policía, de la FET y de las JONS y de la Guardia Civil, los agentes sostuvieron que “se trata de un caso de acusada complejidad, puesto que los factores que intervienen no tienen fundamento material. Como resultado se nos aparece siempre la inexistencia del testimonio fehaciente capaz de materializar lo que tan solo se presenta y adquiere cuerpo como rumor público”.

En definitiva, las informaciones obtenidas de los distintos archivos señalados no aportaban pruebas concluyentes que sostuviera las acusaciones contra el doctor Mira. También lo acusarían de masón. Era un secreto a voces. La Vanguardia ya contaba que Mira pertenecía al Rotary Club de Barcelona. En una de las reuniones del club, Mira explicaría a los socios “sus impresiones de su reciente estancia en Rusia” (8.11.1931).

En cuanto al “rumor en determinadas esferas relativas a las relaciones del Dr. Mira con el SIM”, lo mismo: “era de carácter especulativo sin estar acompañado de una contundencia material probatoria. Los hechos no están valorados por testimonio alguno que haga aparecer tal hecho como indubitado”. Respecto al suero de la verdad y otros fármacos, los funcionarios se mostraron contundentes: “No son invención de Mira, sino que este se limitó a describir dichos métodos de psicólogos exóticos en sus libros, pero no que él los hubiese utilizado”.

Los funcionarios requirieron al doctor Alzina, el más agresivo de los médicos, que aportase cuantos antecedentes pudieran constarle “en corrobación de su absoluta certeza”, pero no suministró indicio, ni referencia que permitiese esclarecer aquella intervención del Dr. Mira.

El cicerone Luis Sánchez García que decía que aquellas celdas habían sido inspiradas por un médico español llamado Mira, también, sería interrogado. Dijo que “si había hecho tales manifestaciones era por haberlas recogido de algunos excautivos, pero ignoraba lo que pudiese haber de cierto sobre el particular”. Para colmo, en los archivos oficiales del SIM relacionados con el proceso de Laurencio, activo participante en la construcción de las checas, los investigadores afirmaron que “carecen todos ellos de la más pequeña alusión al Dr. Mira”.

Todo se redujo a “un rumor inculpativo, sin que se haya podido concretar en ningún testimonio fedatario que lo valorice”. Los investigadores sostuvieron que “el proceso físico de tal rumor se basaba en razones subjetivas y en un acopio de características derivadas del análisis introspectivo de la personalidad de Mira”. Y, sobre todo, “de consideraciones basadas en la relación analógica de un médico especializado en la psicología aplicada y en métodos para obtener la verdad en las cárceles de los presos, que las creen obra de ese técnico especializado”.

El rumor creado en torno al Dr. Mira solo fue posible recogerlo “en la esfera pública y limitada a los de los médicos especialistas en Psiquiatría”. Se trató, pues, de una reacción gremial donde se ventilaban intereses personales, tal como su futura participación en un congreso de psiquiatría, cuya presencia dependía de quién fuera el comité ejecutivo a la hora de elegir a los futuros ponentes. Visto lo visto, era “lógico” que Mira, siendo uno de los vocales de dicho comité, no tuviera en mente aconsejar el nombramiento a ninguno de los citados psiquiatras en el futuro congreso, que, finalmente, no tuvo lugar hasta bien terminada la guerra.

Los funcionarios quisieron interrogar a Vallejo Nájera. El psiquiatra nazi español fue quien sostuvo que “estaba seguro de que Mira diseñó las cárceles e introdujo en ellas los métodos de tortura”. No fue posible. ¿Por qué? Porque “reside actualmente en Madrid”. Excelente excusa.

In memoriam

El compromiso político, científico y social del doctor Mira en pro de la II República fue la poderosa causa de su persecución y linchamiento de su persona, en los planos ético, político, científico y humano. Porque, como aseguraron los funcionarios, “ninguna de las numerosas personas consultadas han podido facilitar referencia alguna que haga mención al Doctor en su posible participación de construcción o asesoramiento para la realización de aquellas cárceles y de las torturas que en ellas infligió el SIM”. El franquismo lo silenció y lo difamó a conciencia católica. Y la recuperación de su nombre, como en la mayoría de los científicos exiliados, ha sido tardía, pero significativa. Felizmente.

En el año 1972, el Dr. Joan Obiols, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, junto con otros doctores, Rodríguez Arias, De la Cruz, Antonio Colodrón, Pere Domingo, Josep Trueta, Vidal Teixidor, entre otros, le rindieron el primer homenaje póstumo que recogió el periodista Andreu Avel-li Artís, firmada con el seudónimo de Sempronio. La crónica llevaba este singular título: “El Doctor Mira, resucitado” Diario Telexprés de Barcelona, 13.6.1972; en La Vanguardia, 7.6.1972).

En 1987, La Vanguardia publicó un artículo de José Mª Solé Isabate recordando la persecución a la que fue sometido siguiendo la información del expediente al que hice referencia (24.2.1987). La hija del doctor, Monserrat Mira Campins, contestaría agradecida dicho testimonio, al mismo tiempo que resumía con exactitud el periplo vital y profesional de su padre (La Vanguardia, 20.3.1987).

En noviembre de 1993, se renovaría el lejano homenaje de 1972, con un singular acto. Al doctor Mira i López, “líder de la ciencia psicotécnica, médico psiquiatra, psicólogo, pedagogo, prácticamente desconocido fuera del círculo de científicos”, se pondría su nombre a una plaza en el distrito de Sarriá-Sant Gervasi. El acto concitó la asistencia de un numeroso público estudiantil. En el texto, Juan Arias recordará que fue Indalecio Prieto, ministro de Defensa, quien lo nombró Jefe del Servicio Psiquiátrico del Ejército. En el acto, intervinieron el rector de la Universidad de Barcelona, José María Bricall, el decano del Colegio de Médico, Trías Rubiès, y el doctor Camps, quienes evocaron al doctor Mira en varias facetas de su vida.

LV.5.11.1993
5.11.1993

En 1996, se celebró el centenario de su nacimiento, 24 de octubre. Con el apoyo de la Generalitat, representado por su Conseller de Sanidad, Eduard Rius y del Ayuntamiento, representado por su Alcalde, Pasqual Maragall, la presencia del psiquiatra López Ibor, de Pedro Pi y Suñer, ex conceller de economía e hijo del fisiólogo Augusto Pi Sunyer, recordaron de forma entusiasta la figura del doctor Mira.

LAVANG. 8.1.1996. SALVO A UN LOCO

 

En el año 1999, el Primer Congreso Catalán de Salud Mental se llamó Memorial del Dr. Emili Mira i López.

Y ya en 2005, en su homenaje, se celebraría el programa de peritaje grafopsicológico de la Universidad Autónoma de Barcelona, con lección inaugural a cargo de su hija Montserrat.

Pero, sin duda, los más sentidos homenajes que se le rindió fueron el de Jordi Garriga que recordaba cómo el doctor Mira había salvado a su padre de la muerte por parte de unas patrullas “incontroladas” y que reproduzco en la imagen de la izquierda.

Y, en segundo lugar, el recuerdo de la familia de López Raichs, psiquiatra. En la esquela del segundo aniversario de su muerte, el finado se presentaba como “discípulo del profesor Emilio Mira y López”.

LAVANGU. 20.9.2005. ESQUELA RAICHS
20.9.2005

Existe una Escuela Emili Mira i López de Formación profesional donde se cursa la especialidad de Técnico Auxiliar Psiquiátrico.

LAVAG. 6.5.1990. ESCUELA PSIQUIATRIA
6.5.1990

Y un Centro de Salud Mental Dr. Emili Mira i López de santa Coloma de Gramanet.

Pues, bien, con estos antecedentes, ¡¡¡en 2007!!!, con internet de por medio, Beatriz Preciado, una colaboradora del periódico La Vanguardia, aseguraba que “con distinta ideología, pero con procedimientos similares, en España el comandante Antonio Vallejo Nájera, jefe de los servicios militares, y los doctores Emilio Mira y Juan José López Ibor llevan a cabo sucesivas investigaciones con el fin de investigar las raíces psicofísicas del marxismo (para descubrir el famoso gen rojo) y la homosexualidad, preconizando, a pesar de la escasa tecnificación de las instituciones médicas durante el fascismo, la lobotomía, la terapias de modificación de conducta, el tratamiento mediante convulsiones y la castración terapéutica, con fin de mejorar la especie y acercar el individuo a la salud sexual” (5.12.2007).

Al texto de B. Preciado respondió la hija del doctor Mira, Montserrat, no solo para denunciar la supina ignorancia de aquella en materia de psiquiatría, sino, sobre todo, para recuperar la honorabilidad de su padre: “Los dos nombres más opuestos posibles, no solo por sus ideas políticas, sino por sus concepciones sobre la medicina y la psiquiatría, eran el fascista-nazi Vallejo y el doctor Mira” (12.12.207). El periódico, en la misma fecha y en la misma página, en una “fe de errores” añadía el “mea culpa” de B. Preciado limitándose a decir que “el doctor Mira fue un psiquiatra republicano reconocido internacionalmente cuyos libros fueron prohibidos durante el franquismo precisamente por sus discrepancias con la psiquiatría de Vallejo Nájera y López Ibor”. Ni se excusó, ni presentó disculpas.

Con toda seguridad, esta colaboradora desconocía lo que el doctor Mira decía: “En la vida, lo afectivo es lo efectivo”.


Bibliografía

En este enlace, el lector interesado puede encontrar información exhaustiva del Doctor Emili Mira i López:

La persecución franquista contra el Doctor Mira i López