ENTREVISTA AL CINEASTA PAUL URKIJO

Paul Urkijo: "Lo que hace Robert Eggers es mucho más turbio, yo parto desde una visión mucho más barroca, humanista y de cuento"

Paul Urkijo.
El cineasta vasco vuelve a adentrarse en los bosques del pasado de Euskadi con Gaua.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

En plena temporada otoñal de hojas caídas, descenso de las temperaturas y menos horas de luz, el cineasta Paul Urkijo vuelve a adentrarse en los bosques del pasado de Euskadi con Gaua. Una colección de relatos mitológicos narrados de un modo muy cohesionado donde vuelve a hacer gala de sus dotes para el fantástico folklórico, erigiéndose con una figura con sello propio. A pocos días del estreno y, tras su exitoso paso por el Festival de Sitges, charlamos con él.

Aleix Sales | ¿Cómo llegaste a Gaua? ¿De dónde salió la inspiración?

Paul Urkijo | De los cuentos que me contaban de niño. Desde que era niño me empezó a interesar ese mundo de fantasía y folclore. Me las contaban mis padres en la noche cuando íbamos al monte, o cuando me quedaba con los amigos a dormir, pues nosotros conocíamos las leyendas de Gaueko, que es el dios de la noche en la mitología vasca, y le oíamos susurrar en el viento. Siempre me ha interesado mucho ese universo de las brujas, los aquelarres, toda esta iconografía nocturna. Entonces, desde que hago pelis siempre tenía en la cabeza que quería hacer una película relacionada con ello.

Tiene la particularidad que está compuesta de varias historias. ¿Cómo ha sido para ti afrontar la tarea de hacer una película así?

Me apetecía mucho hacer un homenaje, precisamente, al relato corto, a ese momento en el que se cuentan historias alrededor de la hoguera o, en este caso, un grupo de mujeres alrededor de un lavadero. Quería hacer una especie de estructura capitular, una muñeca rusa en la que la protagonista está escuchando las historias de estas señoras y, poco a poco, según va escuchándolas, se va convirtiendo en protagonista de sus cuentos. Como los relatos en los que me baso son relatos cortos, pues me parecía un guiño bonito.

Respecto a tus anteriores filmes, ¿qué crees que aporta Gaua a tu filmografía?

Gaua habla sobre lo que se esconde en la oscuridad, lo que no es aceptado, lo que no es normativo, lo que se supone que es feo, diferente…

Los tres están vinculados a la mitología, a la tradición oral, a las leyendas del País Vasco. En Errementari yo creo que lo que hice fue más un homenaje, bueno, una adaptación de uno de mis cuentos favoritos, que es más un cuento folclórico basado en la mitología cristiana del mundo del infierno, los demonios y demás. Un cuento más socarrón, en ese sentido. Luego Irati, para mí, era una oda a la naturaleza, un canto romántico y épico a ese mundo de Amalurra, de Mari, de Basajaun, las Lamías, la vida de la propia naturaleza de Euskal Herria. Y Gaua es más adentrarnos en las oscuridades, más profunda, más adulta. Habla sobre lo que se esconde en la oscuridad, lo que no es aceptado, lo que no es normativo, lo que se supone que es feo, diferente… Cómo todo eso se esconde en la oscuridad de alguna manera, cómo adquiere su libertad a través de esos miedos.

Es una película que, en comparación con las otras que has mencionado, hay algo menos de peripecia porque es una película que lidia un poco más con la espiritualidad o con lo etéreo. ¿Te ha resultado difícil plasmar este elemento más inmaterial?

Hay que ir a rodar de noche en los bosques, eso también tiene su tela. En general, es buscar la poesía visual de lo nocturno

En el caso, por ejemplo, de plantear visualmente a Gaueko cuando es un ser que se transforma, que representa todo lo que es la noche. Representa el viento, el frío, la oscuridad, el lobo, las aves rapaces nocturnas, la muerte... Todos esos conceptos tan orgánicos, llevarlos a la pantalla en un personaje figurativo, pues ahí hay cierto cierto reto. Luego todo ese mundo de los aquelarres,  las brujas, los vuelos... Todo eso también fue técnicamente muy complejo. Sobre todo la propia puesta en escena de la noche, porque es muy fácil conseguir una atmósfera de cuento llenarlo todo de niebla, pero eso hace que se levante la noche, queda más luminosa. Y si no echas niebla, es una cuestión meramente técnica, te queda como muy plana. Conseguir esa profundidad mágica de la noche es complicado. Hay que ir a rodar de noche en los bosques, eso también tiene su tela. En general, es buscar la poesía visual de lo nocturno.

¿Y qué crees que es lo que te ha sido más difícil de rodar?

La película está rodada en más o menos un 95% en localizaciones reales, en muy poco tiempo

La película está rodada en más o menos un 95% en localizaciones reales, en muy poco tiempo. Han sido cinco semanas y media de rodaje. Mis rodajes siempre son muy complicados, muy batalleros, porque hay que ir a bosques reales, además de noche. En Irati nos fuimos a cuevas. Siempre los llevo a lugares complejos, pero sí que para mí es muy importante ese golpe visual realista con esa textura para generar esa vida. Es un golpe visual mágico también, porque tú cuando ruedas un bosque real está lleno de elementos, de personajes en los árboles. Pero ese 5% restante de la película está rodado en un plató, para la escena de la aquelarre, en el que recreamos un bosque con 170 árboles, con doscientos y pico figurantes. Quería hacer un plano secuencia, sin cortes, que fuera evolucionando por ese mar de cuerpos, una especie como de remolino que nos llevara hasta esa invocación. Eso fue un reto también, porque al final técnicamente es complicado, pero creo que a nivel poético el riesgo era bonito.

Llevas ya un tiempo haciendo películas y quería saber si, gracias a tu trayectoria, ha sido más fácil o más difícil levantar Gaua.

Te vas acostumbrando a la espera de conseguir la financiación y demás, pero sí que es verdad que Errementari fueron ocho años, Irati fueron seis y Gaua han sido tres, entonces voy acortando tiempos. También hemos tenido menos tiempo, menos presupuesto que en Irati, pero aprendes a ser más concreto. Como director mi trabajo es ser certero, aprovechar el tiempo, escuchar al equipo. Yo soy una persona bastante técnica y lo llevo todo muy cerrado, pero luego también hay que aprender a ser orgánico y buscar un poco ese equilibrio. Entonces, creo que, según voy haciendo películas, la experiencia te va dando armas para ser mejor director y que el equipo esté a gusto, que no haya estrés, que si hay que recortar de guión se recorta, que si hay que quitar planos se quitan, y todo eso llevarlo con organicidad y que todo sume a la película.

En tus películas hay la plana mayor de los actores vascohablantes, pero tú también tienes ojo para los nuevos talentos. ¿De dónde han salido las actrices: Yune Nogueiras y Erika Olaizola?

Yo las conocía ya de otras producciones. Yune, por ejemplo, había hecho Akelarre (Pablo Agüero, 2020), la serie de Intimidad (2022), sale en La infiltrada (Arantxa Echevarría, 2024), y cuando escribí el papel, su primer papel protagonista, ya estaba pensando en ella porque creo que tiene una potencia emocional brutal. Es una actriz que va a curar un montón, y Kattalin era un personaje que tenía un arco muy complicado porque, por un lado, es un personaje sometido, reprimido, que puede incluso parecer frágil, pero llega a convertirse prácticamente en una diosa. Tiene una potencia, una ira, una fuerza en la mirada... La película también es muy física, mis rodajes suelen serlo. Se pasa la peli corriendo, hay situaciones muy violentas y además de noche. Yune, la verdad, es que lo dio todo y nos dio el 300%.

Erika también la conocía de teatros y del mundo de la actuación vasca. Para el personaje de Maritxu sí que hicimos casting, vi que tenía muy buena química y se compensaba muy muy bien con Kattalin, o sea con Yune. Maritxu es ese punto de luz en la película de alguna manera.

Se ha dicho de ti que eres el Robert Eggers vasco. ¿Cómo se lleva que te equiparen con esta figura?

Me siento identificado con Terry Gilliam, Neil Jordan o Guillermo del Toro

Es un piropo primero porque es un director que me gusta mucho, admiro mucho lo que hace y tenemos edades parecidas. Nos interesan temas parecidos pero nuestras aproximaciones son muy diferentes. Lo que hace Robert Eggers es mucho más oscuro, más árido, más aterrizado, más turbio, y yo parto desde una visión mucho más barroca, más humanista, más de cuento. Yo me siento identificado con Terry Gilliam, Neil Jordan o Guillermo del Toro en ese sentido. Pero que me lo digan es un halago.

¿Hay algún referente que tomaste específicamente para Gaua?

Tengo referentes visuales, si hablamos de clásicos, como Kurosawa, que para mí es un dios

Intento no buscar referentes en ese sentido, casi es más es la gente la que los encuentra y me lo dice a mí. Hubo público que me dijo que le recordaba muchísimo a En Compañía de Lobos (Neil Jordan, 1984), y yo inconscientemente dije “es verdad”, tiene ese golpe visual, ese punto capitular… Pero intento no ver nada que se parezca a lo que quiero hacer para no sentirme contaminado de alguna manera, en principio. Tengo referentes visuales, si hablamos de clásicos, como Kurosawa, que para mí es un dios. De los clásicos es mi favorito, por todo ese mundo rural, la textura que tiene, la vinculación a la naturaleza...

Volviendo a Robert Eggers, el otro día leí en una entrevista que decía que a él no le interesaba para nada hacer una película ambientada en el presente, porque no sabría cómo filmar un coche, un teléfono móvil… ¿Paul Urkijo se plantearía alguna vez rodar algo situado en el presente?

Sí, yo no tengo problema realmente, pero es verdad que me atrae mucho más el pasado por la textura, por lo legendario. Me interesa más a nivel visual, pero en la actualidad hay muchísimos monstruos, aunque tal vez visualmente no se notan tanto. Sí, no tan bonitos quizás, te diría. A mí el proceso de la construcción de los monstruos a nivel visual me gusta mucho y siempre creo que, detrás de esas máscaras grotescas, hay un corazón, alguien con quien puedes empatizar. Sí que hay unos monstruos mucho más oscuros, creo que si en la oscuridad puedes encontrar luces, las oscuridades más terroríficas están precisamente en la luz, en esos supremacismos, en esas hegemonías… Hay una rima entre la Inquisición que inventó esas mentiras de las sectas satánicas en los montes, que rendían culto al diablo en forma de macho cabrío y fornicaban con él, que hacían antropofagia, infanticidio y demás, con gente que hoy en día intenta someternos mediante mentiras y que incluso hacen genocidios utilizando un argumentario mentiroso. Podemos encontrar rimas perfectamente con el presente.

Antes la cultura se transmitía vía oral, se iba pasando de generación en generación, ahora por suerte hay varios soportes. ¿A qué aspiras con tus películas a nivel cultural? Aparte del elemento de entretenimiento, es una forma de preservación de la cultura para llegar a nuevas generaciones.

Paul Urkijon.

A mí lo que más me gusta del cine es emocionarme y maravillarme. Creo que, especialmente en la pantalla de cines, puedes encontrar esa maravilla visual, esa epicidad. A mí me gusta transmitir todo ese mundo legendario fantástico porque es lo que me encanta. Y yo me considero un eslabón más de una cadena que lo que hace es adaptar todo eso que a mí me maravilla en texto y llevarlo a imagen de la manera más épica y ensalzada posible. Yo pretendo eso, aunque soy muy consciente de esa labor de transmisión cultural porque también quiero que sobrevivan las cosas. En la mitología vasca, se dice que todo lo que tiene nombre existe, que era un poco el leit motiv de Irati, y es necesario transmitirlo, que la gente diga los nombres. Y, en este caso, también los vea desde mi punto de vista, con una imaginería creada desde el amor y el respeto, para que sigan viviendo en boca y en la mirada de la gente, y que luego existan nuevas versiones de estos relatos. Es una forma de mantenerlos vivos y de adaptarlos a los tiempos. Lo bonito de la mitología y las leyendas, en contra de lo que muchos creen que son cosas antiguas para niños, es que realmente son artefactos con simbolismos muy poderosos que se adaptan a cada momento en el que un nuevo orador transmite esa historia a través del filtro de esa época. Siempre se puede actualizar, por eso son imperecederas. Entonces, cada vez que alguien cuente una historia hablará de los problemas y del momento.

Aquí hay un marcado componente feminista propio de nuestros tiempos.

El tema del feminismo va directamente vinculado al hecho de hablar del mundo de los aquelarres, de la época de la Inquisición

El tema del feminismo va directamente vinculado al hecho de hablar del mundo de los aquelarres, de la época de la Inquisición. Fue una época en la que esas mentiras reprimieron a colectivos y zonas por intereses meramente geopolíticos, utilizando la fe y la herejía como excusa para reprimir sobre todo mujeres en Europa. Para mí era lógico que el elenco fuera eminentemente femenino, una historia femenina que hablase sobre la liberación de las mujeres, la liberación sexual y sale de una manera natural. Es algo totalmente actual.