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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que varios personajes se hacen en Siempre es invierno. Una pregunta que nos remite al origen de toda ilusión, pero especialmente a la ilusión de vivir y de encontrar nuevos retos. Y es que la nueva cinta de David Trueba —quien por primera vez adapta para la gran pantalla una de sus propias obras literarias, Blitz (2015, Editorial Anagrama)— narra una historia de crisis de mediana edad a través de los ojos de Miguel(David Verdaguer), un arquitecto paisajista que viaja a Bélgica con su pareja. Tras la ruptura, decide quedarse unos días solo en la ciudad, donde conoce a una mujer mayor que él (Isabelle Renauld), quien le ayudará a recomponerse.
Es una de esas películas que duelen, que destilan belleza y frustración en cada plano, y en la que Trueba firma una obra destacada dentro de su filmografía
Escogida para clausurar la 70ª edición de la Seminci, Siempre es invierno es una coproducción hispano-belga cargada de nostalgia, en la que Trueba reflexiona sobre la necesidad de encontrar el camino que conduce a la felicidad y sobre cómo los rumbos del amor no siempre siguen los cauces normativos. En esta ocasión, el protagonista halla el amor —o al menos la serenidad— en una mujer de más de 60 años que parece darle la estabilidad que necesitaba. Trueba nos presenta a una “extraña pareja” que encuentra el equilibrio y el afecto perdidos, aunque no en los términos convencionales. No se trata de un “amor trampolín” (para saltar a otra relación) ni de un “amor tirita” (para curar el anterior), sino de un amor fuera del tiempo y de toda lógica, que simplemente los hace felices.
“¿Y ahora qué?” es también la pregunta que ambos se hacen al final. Su respuesta, quizá, sea imposible. Lo cierto es que Trueba retrata la relación sin trampas, y somos nosotros quienes debemos descubrir si este arquitecto —interpretado por un magnífico David Verdaguer— está realmente enamorado de ella o si, en realidad, atraviesa una crisis personal y ella representa la medicina que necesitaba.
Tal como sugiere la propia película, los jardines tal vez no sirvan para mucho más que envolvernos y ser el lugar de los besos; pero, desde luego, los besos pueden marcar la diferencia en la vida. Y esa mujer belga, mucho mayor que él, parece ser justamente eso: su jardín particular.
Rodada entre España y Bélgica, Siempre es invierno se mueve entre la tragicomedia y el romance, con un David Verdaguer y una Isabelle Renauld que irradian una química innegable y logran que sus rostros sean los verdaderos protagonistas. Es una de esas películas que duelen, que destilan belleza y frustración en cada plano, y en la que Trueba firma una obra destacada dentro de su filmografía: una cinta que rehúye las respuestas fáciles sobre el amor y que interpela al espectador con sensibilidad y madurez.



