miércoles. 24.07.2024
Maruja Mallo

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Su nombre real es Ana María Gómez González. Nace el cinco de enero de 1902 en Vivero provincia de Lugo. Fue una pintora que pertenecía a la corriente surrealista española. ​ Está considerada como artista de la generación del año 1927 dentro de la denominada vanguardia interior española.

Fue la cuarta hija de los catorce que tuvo el matrimonio formado por el madrileño Justo Gómez Mallo que era funcionario del Cuerpo de Aduanas y María del Pilar González Lorenzo. El conocido escultor Cristino Mallo era uno de sus hermanos. Ambos hermanos utilizaron el segundo apellido de su padre en su nombre artístico.

Su pecado original era ser libre, y su gran talento, el de romper con todos los esquemas y convenciones. Hereje, blasfema y emancipada voluntariamente de un mundo en el que no encajaba

Debido al trabajo de su padre la familia se trasladaba con frecuencia y, por ello, después del nacimiento de su hermano, la familia se trasladó a Avilés, donde permanecieron desde el año 1913 hasta el año 1922. De esta manera, Mallo comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios y en estudios particulares. Allí trabó amistad con el pintor avilesino, Luis Bayón.  

En el año 1922, se produce un nuevo traslado de la familia a Madrid, y entró a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde entabló amistad con Salvador Dalí. De esa relación con Dalí vivieron juergas y poesía surrealista.

Permaneció en ella hasta el año 1926 porque consideraba a esta una institución con un sistema muy encorsetado. Para intentar conocer a Maruja Mallo hay que partir del principio que ella era totalmente libre. Al mismo tiempo que estaba en la Academia de San Fernando como también asistía junto con su hermano Cristino desde el año 1923, a la Academia Libre de Julio Moisés.  

Maruja Mallo siempre rechazó la idea de unirse a un hombre, quería preservar su autonomía por encima de todo y se negaba a ser una mera extensión de la vida y obra de alguno de sus compañeros. 

Ganó un concurso de blasfemias en el café madrileño de San Millán en el que derrotó a Buñuel y perdió su trabajo como docente por darse un paseo en bicicleta por una iglesia durante la celebración de una misa. 

En una ocasión, el grupo inseparable formado por Lorca, Dalí, Manso y Mallo fueron de visita al Monasterio de Silos a escuchar canto gregoriano. Al llegar, les prohibieron la entrada a las dos mujeres por llevar faldas, a lo que ellas respondieron con ironía e ingenio: les pidieron a sus amigos sus respectivas chaquetas y se las enfundaron a modo de pantalones. Así, los cuatro consiguieron entrar en el monasterio. 

“Aceptaron nuestra entrada al recinto sagrado como promotores del travestí a la inversa”, comentó Mallo en una entrevista para Televisión Española en la que recordaba la anécdota. 

Buñuel y Mallo no tuvieron buenas relaciones. Tal y como explican en las biografías de la pintora, al verla llegar, Buñuel siempre le decía: “¡Queda abierto el concurso de la menstruación!”. Pese a ello, Maruja Mallo formó parte de la Cofradía de la Perdiz, el histórico grupo de intelectuales formado por Lorca, Dalí, Buñuel y la pintora. En 1927, Mallo también se unió al pintor Benjamín Palencia para fundar la primera Escuela de Vallecas.

 Maruja mantuvo un romance en Madrid con Emilio Aladrén que la dejó por García Lorca. Maruja se relacionó con artistas, escritores y cineastas de la generación del año 1927 como Concha Méndez, Salvador Dalí Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Albertí, con el que mantendrá una relación hasta que él conozca a María Teresa León.

Maruja era una pintora de talento, excéntrica, ferviente republicana y encarnación de la nueva mujer libre y emancipada, Dalí la definirá como “mitad ángel, mitad marisco”.

Maruja cuenta una anécdota por la que se les paso a denominar “Las sin sombrero” y cuenta: "Un buen día, a Federico, a Dalí, a Margarita Manso y a mí se nos ocurrió quitarnos el sombrero. Al atravesar la Puerta del Sol nos apedrearon, insultándonos como si hubiésemos hecho un descubrimiento como Copérnico o Galileo”.

Estos jóvenes intelectuales escandalizaban a una sociedad totalmente mojigata por atreverse a salir sin sombrero. Este hecho dio el nombre de emancipación de las mujeres característicos de la Generación del 27.

Maruja Mallo fue libre totalmente en su época, se acostó con quién quiso y sus relaciones eran de igual a igual, destacando en sus relaciones con Pablo Neruda, Miguel Hernández. Otros intelectuales extranjeros como Éluard, Warhol o Breton la admiraron por su libertad.

Su madre muere en el año 1927, y tomó parte activa en la primera Escuela de Vallecas, una propuesta plástico-poética del escultor, Alberto Sánchez y el pintor Benjamín Palencia. 

Durante esa década de los años 1920 trabajó, asimismo, para numerosas publicaciones literarias como la Revista de Occidente, La Gaceta Literaria o el Almanaque Literario, y realizó portadas de varios libros. Ortega y Gasset organizó su primera exposición en el año 1928 en los salones de la Revista de Occidente, que obtuvo un gran éxito.

Exhibió diez óleos que representaban poblados llenos de sol, toreros y manolas, así como estampas coloreadas de maquinaria, deportes y cine de principios de siglo. La exposición fue todo un acontecimiento cultural en Madrid. 

En los inicios del año 1930 colaboró intensamente con Alberti, con quien mantuvo una relación amorosa de cinco años hasta el año1931, quedando constancia de este trabajo conjunto los decorados del drama “Santa Casilda” del año 1930 y “La pájara Pinta” , que fue publicada en el año 1932, testimonios en libros como “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos” del año 1929 y en “Sermones y moradas” del año 1930.

Rafael Alberti le dedicó un poema “La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo”

Tú,
tú que bajas a las cloacas donde las flores más flores son ya unos tristes salivazos sin sueños
y mueres por las alcantarillas que desembocan a las verbenas desiertas
para resucitar al filo de una piedra mordida por un hongo estancado,
dime por qué las lluvias pudren las horas y las maderas.

Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes.

Despiértame.

Hace ya 100.000 siglos que pienso en que tú eres más tú cuando te acuerdas del barro
y una teja aturdida se deshace contra tus pies para predecir otra muerte.

El espanto que suben esos ojos deformados por las aguas que envenenan al ciervo fugitivo
es la única razón que expone mi esqueleto para pulverizarse junto al tuyo.

Una luz corrompida te ayudará a sentir los más bellos excrementos del mundo.

Periódicos estampados de manos que perdieron su nitidez en el aceite desgarran hoy el viento
y los charcos de grasa solicitan tus ojos desde los asfaltos reblandecidos.

Aceras espolvoreadas de azufre aclaman por el alivio de una huella
para que se agiten de envidia esos vidrios helados que se abandonan a los terrenos intransitables.

Emplearé todo el resto de mi vida en contemplar el suelo seriamente
ahora que ya nos importan cada vez menos las hadas,
ahora que ya las luces más complacientes estrangulan de un golpe las primeras sonrisas de los niños
y exaltan a puntapiés el arrullo de las palomas
y abofetean el árbol que se cree imprescindible para el
embellecimiento de un idilio o de una finca.

Mira siempre hacia abajo.

Nada se te ha perdido en el cielo.

El último ruiseñor es el muelle mohoso de un sofá muerto.

Desde los pantanos, ¿quién no te ve ascender sobre un fijo oleaje de escorias,
contra un viso de tablones pelados y boñigas de toros,
hacia un sueño fecal de golondrina?

Dalí, por su lado, la definió como “mitad marisco, mitad ángel”.

Maruja pinta en estos años la serie “Cloacas y Campanarios”, cercana a los planteamientos de la Escuela de Vallecas de la que formó parte. A su vuelta a España, comprometida con los ideales de la República.

Obtuvo una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios para trasladarse a París en el año 1932. Conoce a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Gioirgio Chirico y participó en tertulias con André Breton y Paul Eluard.

Se sumergió de lleno en el movimiento surrealista, dejando que su obra se impregnara de aquella disruptiva y emergente corriente artística. Aquel año, Maruja Mallo organizó una exposición de su obra en la Galería Perre Loeb de París en la que André Bretón, impulsor del manifiesto surrealista, quedó prendado.

Su primera exposición en París tuvo lugar en la Galería Pierre en el año 1932. Allí comenzó su etapa surrealista. Su pintura cambió radicalmente y alcanzó una gran maestría, tanto que Breton le compró en el año 1932 el cuadro titulado “Espantapájaros”, obra que fue realizada en el año 1929, poblada de espectros, que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo. 

Surgió una amistad entre Mallo y Breton, quien le puso en contacto con Jean Cassou, Picasso, Aragón, Jean Arp y el grupo Abstracción-Creation, del que formaba parte Joaquín Torres García. 

 Regresó a Madrid en el año 1933 y participó activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. El gobierno francés compró uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Inició una etapa en la que destaca el interés por el orden geométrico e interno de la naturaleza.

En ese mismo año, Maruja Mallo, comprometida con la II República, desarrolló una triple dedicación docente como profesora de Dibujo en el Instituto de Arévalo, donde ganó la cátedra de dibujo, en el Instituto Escuela de Madrid y en la Escuela de Cerámica de Madrid, para la que diseñó una serie de platos que no se conservan, y para la realización de los cuales había estado estudiando matemáticas y geometría, con la finalidad de utilizar esos conocimientos en la cerámica. 

Se relacionó con Miguel Hernández con quien mantuvo una relación amorosa. Además, juntos planearon el drama “Los hijos de la piedra”, inspirado en los sucesos de Casas Viejas y de Asturias. 

A la influencia de Maruja Mallo se deben las cuatro composiciones que el poeta desgajó de “El rayo que no cesa”, bajo el nombre de “Imagen de tu huella”, que son 18 de los 30 poemas de esa obra. En el año 1934, volvió a relacionarse con Pablo Neruda, a quien ya había conocido anteriormente en París. 

Durante el año 1935, preparó la escenografía y los figurines de la ópera de Rodolfo Halffer “Clavileño”, que no llegó a estrenarse.

A partir del año 1936, comenzó su etapa constructiva, mientras seguía exponiendo con los pintores surrealistas en Londres y Barcelona. Participó como docente en las Misiones Pedagógicas, que la acercaron a su tierra gallega, donde a los pocos meses le sorprendió la guerra civil. 

En mayo del año 1936 tuvo lugar su tercera exposición individual en el Centro de Estudios e Información de la Construcción en la Carrera de San Jerónimo de Madrid con la serie de dieciséis cuadros de” Cloacas y Campanarios”, la serie de doce obras de “Arquitecturas minerales y vegetales”, y dieciséis dibujos de “Construcciones rurales”, que publicaría en el año 1949, en la Librería Clan. Realizó por entonces con Ángel Olanells una exposición de surrealismo internacional en las New Burlington Galleries de Londres. 

Al estallar la guerra civil, Maruja Mallo huyó a Portugal, donde fue recibida por Gabriela Mistral, quien en aquel momento era embajadora de Chile en Portugal. Toda su obra de cerámica de esta época fue destruida en la guerra. 

Gabriela Mistral, le ayudó a trasladarse a Buenos Aires, tras recibir una invitación de la Asociación de Amigos del Arte para dar una serie de conferencias sobre la temática popular en la plástica española, “Proceso histórico de la forma en las artes plásticas”, en Montevideo y luego en Buenos Aires, iniciando así su exilio.

Recibió un rápido reconocimiento en Argentina. Colaboró en la revista de vanguardia SUR, en la que también participaba Borges. Se dedicó a viajar, viviendo entre Uruguay y Buenos Aires, a diseñar y pintar. 

También realizó exposiciones en París, Brasil y Nueva York. Continuó la vía iniciada con “Sorpresa del trigo” con obras como “Arquitectura humana”“Canto de las espigas” y “Mensaje del mar”. Pintó “La Serie Marina”, armonías lunares en colores plata y gris. 

Otra influencia de esta época es el sol que queda reflejada en “La Serie Terrestre”, armonías solares, en ocres y dorados. En la serie de “Las Máscaras”, Maruja Mallo se inspiró directamente en los cultos sincréticos de las Américas.

Ese mismo año la revista Sur publicó su conferencia Lo popular en la plástica española a través de mi obra, que al año siguiente fue publicado en libro por la editorial Losada.

En 1939 Viajó a Santiago de Chile en el año 1939, siendo invitada para pronunciar un ciclo de conferencias. Aprovechó su estancia en este país para visitar Valparaiso y conocer las playas de Chile. 

De su paso por Buenos Aires, el Museo del Dibujo y la Ilustración, dentro de su colección tiene en dos témperas sobre papel, representando animales mitad real y mitad fantásticos. 

Empezó a pintar especialmente retratos de mujeres, cuyo estilo es precursor del arte pop norteamericano. Viajó nuevamente a Montevideo en el año 1940 y visitó las playas atlánticas de Punta del Este y Punta Ballena.

Se publicó, en el año 1942, el libro “Maruja Mallo”, con un texto previo del escritor Ramón Gómez de la Serna En este libro se reproducen textos de la autora. 

Viajó a Chile en el año 1945 y se trasladó a Viña del Mar y la Isla de Pascua, junto a su amigo Pablo Neruda, buscando inspiración para realizar el encargo de un mural en un cine de Buenos Aires, que se inauguraría en octubre de ese mismo año. 

Realizó una exposición en la galería Carroll Carstairs de Nueva York en octubre del año 1948. Maruja Mallo dejó Argentina en el año 1949 y se trasladó a vivir a Nueva York. 

El espantapájaros
El espantapájaros

Expuso en la Galerie Silvagni de París en marzo del año 1950 y en la galería Bonino de Buenos Aires en el año 1959. Finalmente regresó a España en el año 1962, tras veinticinco años de exilio. 

Se instaló en Madrid, donde, en el mes de octubre, realizó una exposición en la galería Mediterráneo. Retomó el dibujo de viñetas para la Revista de Occidente. Fue incluida en varias exposiciones sobre la pintura española y volvió a ser figura asidua de las tertulias y el mundo cultural del momento. 

Como artista cultivó un surrealismo muy especial. Su estilo pasó por dos etapas diferenciadas:

a) Una colorista en los años 20 con temáticas mágicas, cosmopolitas y optimistas, llenas de colorido y de vida.

b) Otra sombría y apagada en los 30, más caótica y desequilibrada, como consecuencia del drama de la guerra civil española. También experimentó en esta etapa técnicamente incorporando al lienzo materiales orgánicos como ceniza, cal….

Después Mallo va recuperando el equilibrio y la armonía, demostrando una gran pericia en la pintura figurativa y recogiendo objetos y caracolas del mar. Mallo fue una de las mayores exponentes del cubismo y el surrealismo en España

Se realizó una exposición antológica de su obra en el año 1979, en la que mostró cuadros de su última serie pictórica, “Los moradores del vacío”. Muere en Madrid el seis de febrero del año 1995 a la edad de noventa y tres años, en una clínica geriátrica donde llevaba ingresada diez años.

Maruja Mallo se ha convertido en la pintora española más importante del siglo XX, a la altura de coetáneas de otros lugares del mundo como Frida Kahlo o Georgia O Keeffe. Le fueron otorgadas la Medalla de Oro de Bellas Artes y el Premio de Artes Plásticas de Madrid en el año 1982logrando así el reconocimiento que tanto anhelaba.

La vida de Maruja Mallo fue, en sí misma, un anacronismo. La España que la vio nacer no estaba preparada para una mujer tan libre e independiente como ella. Transgresora en el vivir, en el hablar y en el pintar, su persona era motivo de asombro, indignación y persignaciones por parte de una sociedad mojigata incapaz de no escandalizarse ante sus provocaciones. 

Aunque a ella poco le importaba. Su pecado original era ser libre, y su gran talento, el de romper con todos los esquemas y convenciones. Hereje, blasfema y emancipada voluntariamente de un mundo en el que no encajaba, con su estética transgresora y su arrolladora personalidad fue capaz de deshilachar las cuerdas de la hegemonía que la ataban, como mujer, a su casa y a sus labores,


Bibliografía

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Muñoz López, Pilar (2003). Mujeres españolas en las artes plásticas. Pintura y escultura. Madrid: Síntesis.
Vidal, C. “Maruja Mallo”. 1999. A Nostra Terra. Vigo.

Maruja Mallo, la pintora rebelde