jueves. 25.04.2024
Sigmund Freud, Ángel Garma y Gonzalo Rodríguez Lafora

El siglo XIX fue difícil para España y, cómo no, para el cultivo de la ciencia, a causa del reinado de Fernando VII que desarboló el país justo cuando se ponía en marcha la Revolución Industrial en Europa. En el campo de la medicina se comprueba ello al examinar la evolución de la impresión de obras de medicina, que sólo se recupera a partir de la muerte del nefasto monarca (figura 1). El esfuerzo de unos pocos que apostaron por la regeneración de la sociedad española a través de la cultura y la enseñanza permitió instaurar las disciplinas experimentales en la Universidad. Ello posibilitó la “edad de plata” de la ciencia española en el primer tercio del siglo XX con la “generación Cajal”. La producción científica revela la paulatina introducción de las prácticas experimentales en el ámbito de las ciencias naturales alrededor del modelo causal hipotético-deductivo abandonando el analógico. Algo parecido aconteció con las ciencias sociales, que depositaron, en la aplicación del psicoanálisis a la pedagogía, esperanzas de avance social.

  1. EL PSICOANÁLISIS EN ESPAÑA

Mientras en el resto de los países europeos la asimilación y práctica del psicoanálisis tiene lugar entre la primera y segunda década del siglo XX, en nuestro país hay que esperar a los años cuarenta y cincuenta para que se dé tal proceso y, aún así, con dificultades añadidas a causa del efecto retardatorio del franquismo. 

En Europa la asimilación y práctica del psicoanálisis tiene lugar entre la primera y segunda década del siglo XX, en nuestro país hay que esperar a los años cuarenta y cincuenta

La construcción del psicoanálisis se erige, según Gaston Bachelard (La formación del espíritu científico, 1938) como el tercer eslabón de la empresa acometida por Europa de desmontar la visión medieval, aristotélico-tomista, del universo. Este modelo, elaborado en la segunda mitad de la Edad Media, una vez recuperada parte sustancial de la ciencia grecorromana, descansa sobre tres principios que se encargan de asegurar la primacía de la voluntad divina en su interpretación:

a) La Tierra es el centro del Universo por albergar al Hombre y por ello gira a su alrededor en órbitas circulares. Galileo, siguiendo los trabajos de Copérnico, muestra como es la Tierra la que gira alrededor del Sol en su Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo (1632) y Newton en su Philosophia Naturalis Principia Mathematica (1686) extiende la mecánica universal. La inquisición obligó a Galileo a abjurar de tal afirmación que, según la tradición, tuvo como supuesta respuesta el “Eppur si muove”. 

b) La especie humana ha sido creada por Dios en la Tierra. La obra de Charles Darwin explica en El origen de las especies mediante la selección natural (1859) la dinámica de la vida con sus diferentes especies y manifestaciones, incluyendo a la especie humana, bajo la ley de la “Lucha por la vida” (Struggle for life), una vez alargada la edad de la Tierra a varios miles de millones de años y no los cinco mil o siete mil años que establecía la Biblia, y

c) Explicar la conducta humana a partir de la aplicación de la ética cristiana. Precisamente la obra de Freud (figura 2) La interpretación de los sueños (1900) sitúa el motor de dicha conducta en las pulsiones afectivas de índole sexual derivadas de aquella Struggle for life biológica, que trascurren en la esfera subconsciente.

Sigmund Freud en sus últimos años de vida. Fuente: Wikimedia por Viejo sabio, CC BY 2.0
Sigmund Freud en sus últimos años de vida.
Fuente: Wikimedia por Viejo sabio, CC BY 2.0

El impulso regeneracionista de la sociedad española tras el retroceso de Fernando VII se extendió a todas las ciencias y actividades de la sociedad española, desde las ciencias experimentales hasta las actividades sociales. Por una parte, estaría la proeza de Santiago Ramón y Cajal y en general de las ciencias experimentales y, por otra, la bienvenida al psicoanálisis como contribución a la mejora y renovación de las condiciones sociales a partir de una visión positiva de la actividad humana.

El comienzo de siglo XIX se caracteriza en Europa por el incremento de las psicosis como consecuencia de la disrupción social que ocasiona la Revolución Industrial en el recientemente creado proletariado. Ello obliga a la creación de hospitales psiquiátricos lo que a su vez favorece la creación de la disciplina médica de psiquiatría, al quitar Philippe Pinel las cadenas a los “locos” en plena Revolución Francesa (Marset,P, 1973). El final de ese siglo XIX se caracteriza a su vez por la instauración de la doble moral y el incremento de las neurosis (Michael Schneider, 1980).

El comienzo de siglo XIX se caracteriza en Europa por el incremento de las psicosis como consecuencia de la disrupción social que ocasiona la Revolución Industrial

La forma en la que Freud llega a sus conclusiones ilustra sobre la complejidad de la tarea. Al acabar Freud sus estudios de medicina en Viena se desplazan a París, centro médico por excelencia, para formarse como neurólogo con la figura más prestigiada de la medicina europea, Jean Martin Charcot. Éste aplica los principios de la mentalidad anatomoclínica a la sistematización de las enfermedades neurológicas. Con sus “leçons du mardí” en la Salpetrière ha creado la “Neurología” con la secuencia de identificar el cuadro sindrómico en el enfermo, en este caso, la enferma con “ataques de histeria”, y cuando fallece identificar la lesión anatomoclínica subyacente. Sin embargo, en este caso no aparece tal lesión con lo que Charcot recurre a una explicación “ad hoc”, recurso frecuente en la investigación científica: la lesión era “temporal”. Pasado el ataque histérico se acaba la lesión. Este fracaso gnoseológico de Charcot es inaceptable para Freud que persiste en aclararlo. Recurre para ello a la aplicación de la hipnosis, que se usaba en la Facultad de Nancy (Bernheim y Liebeault) desde que Mesmer lo introdujese como “magnetismo animal” a finales del siglo XVIII en Viena. Tal pretensión fue rechazada por la Comisión científica parisina en la que participó Pinel. De esta forma identifica Freud los contenidos subconscientes desencadenantes del “trauma psicológico”. El “caso” de Anna O (realmente Bertha Pappenheim), con su parálisis del brazo derecho curado tras la sesión terapéutica al descargar la tensión acumulada, abre un mundo nuevo para interpretar y corregir los trastornos psicológicos (neurosis). Freud abandonó posteriormente el recurso a la hipnosis decantándose en su lugar por la libre asociación de ideas. La terapéutica descansaría en la capacidad de interpretar por el propio paciente ese proceso fallido de construir las instancias de su persona a lo largo de la infancia (el Yo, el Súper-yo y el Ello), con sus dinámicas, y el complejo de Edipo, a partir de las experiencias concretas que depara el proceso de maduración de la personalidad). El instrumento terapéutico de indagación y asimilación de ese proceso exige realizar una serie de sesiones psicoterapéuticas impartidas por un profesional que a su vez las ha experimentado con la adquisición de su maestría. El marco de referencia es la conducta infantil con sus pulsiones afectivo-sexuales, algo que era difícil de aceptar por las élites profesionales. 

En 1893 aparece en Barcelona y Granada una reseña dando cuenta de la publicación en el mes de enero de ese mismo año de un artículo de Joseph Breuer y Sigmund Freud

EL PSICOANÁLISIS EN ESPAÑA

Consta la evidencia de la prontitud en la notificación de las primeras publicaciones de Sigmund Freud. Así, en 1893, el 13 de febrero, aparece simultáneamente en la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona y en la Gaceta Médica de Granada, una reseña dando cuenta de la publicación en el mes de enero de ese mismo año de un artículo de Joseph Breuer y Sigmund Freud en la revista Wiener Medizinische Blatter sobre un caso de histeria. A partir de esa notificación se pueden distinguir tres etapas en el proceso de introducción del psicoanálisis en España. Una primera de valoración positiva de las novedades que van apareciendo sobre dicha práctica, una segunda de profundización y mayor perspectiva posibilitada por la traducción sistemática de las Obras Completas de Freud, y una tercera, tras la Guerra Civil, de creación del movimiento psicoanalítico en España.

Primera etapa

Gonzalo Rodríguez Lafora. Museo Archivo Histórico de la Sociedad Española de Neurología.
Gonzalo Rodríguez Lafora.
Museo Archivo Histórico de la
Sociedad Española de Neurología.

La primera etapa se caracteriza por la recepción, en general positiva, del psicoanálisis por las principales figuras de la psiquiatría española, excepto casos aislados de crítica dura por razones ideológicas. Así nos encontramos con las valoraciones de Rodríguez Lafora (figura 3), Sanchis Banús, César Juarros, Mira i López, Fernández Sanz, etc, así como del movimiento pedagógico de la JAE (Junta para la Ampliación de Estudios), de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), el Museo Pedagógico, y con la actitud negativa del núcleo psiquiátrico conservador de Vallejo Nágera y López Ibor. También aparecen en esta etapa reseñas de artículos o de libros tratando sobre el psicoanálisis o la sexualidad infantil, como la de A. Forel sobre La cuestión sexual expuesta a los adultos ilustrados o la de H. Ellis Estudios de psicología sexual, que dan una imagen bastante pobre del tema. En este ambiente bastante crítico destaca la figura de Valle y Aldabalde, profesor de número en el Hospital Provincial de Madrid y en la Facultad de Medicina, que valora la aportación del psicoanálisis. 

Se puede afirmar que en esta primera etapa predomina la valoración positiva que supone la obra de Freud, pero no se da el paso para aplicarlo. El diario El Sol canalizará esa opinión favorable, pero sin dar el paso de recomendar su aplicación. 

En la publicación de las actas del XVII Congreso Internacional de Ciencias Médicas celebrado en Londres en 1913 se recoge una comunicación de P. Janet y C.G. Yung (sic) sobre “El Psicoanálisis” donde se critica el exceso en el uso de la sexualidad, así como la pretensión de curación. Tiene así misma repercusión en España la publicación francesa del libro La psichoanalyse des nevroses et des psychoses de Régis y Hesnard del que E. Fernández Sanz obtendrá argumentos para criticar el psicoanálisis. De esta forma: 1) reconoce la originalidad de la doctrina de Freud a pesar de lo extraño de muchas de sus conclusiones, 2) la falta de rigor lógico de las demostraciones , 3) la arbitrariedad de los símbolos, 4) el abuso de la artificial sistematización teórica y del nominalismo, 5) la vaguedad de conceptos fundamentales, 6) la contradicción de algunos de los conceptos fundamentales, 7) el exclusivismo concedido a la sexualidad, 8) así como a la sexualidad infantil, 9) lo ficticio de la “curación”, y 10) el psicoanálisis es un método perjudicial 

Se puede afirmar que en esta primera etapa predomina la valoración positiva que supone la obra de Freud, pero no se da el paso para aplicarlo

Segunda etapa

Ángel Garma. Biblioteca T. Navarro Tomás del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC
Ángel Garma. Biblioteca T. Navarro
Tomás del Centro de Ciencias
Humanas y Sociales del CSIC

La publicación de las Obras Completas de Freud fomentó una mayor difusión de la teoría psicoanalítica en la sociedad española, así como los primeros intentos de adquirir la formación psicoanalítica con la figura de Ángel Garma (figura 4) que la interrumpe por el desencadenamiento de la guerra civil, emigrando a Argentina. Cuando vengan las dictaduras del cono sur de América Latina a partir del golpe de Estado de Pinochet en Chile en 1973, será España la que acoja a los psicoanalistas argentinos que huyen. 

Esa publicación de las Obras Completas de Sigmund Freud a partir de 1922 fue recomendada por Ortega y Gasset (figura 5) quien a su vez propuso como traductor a López Ballesteros y fue todo un éxito editorial. La postura de Ortega sobre el psicoanálisis se expone en el artículo “Psicoanálisis: una ciencia problemática”. Se atiene a la publicación de Freud “Psicopatología de la vida cotidiana” y a un esquema simplificado y negativo de su teoría. La postura oficial de la psiquiatría española la establece Lafora en su artículo de la revista Archivos de Neurobiología al hacer una valoración de la obra de Jelliffe The Technique of Psychoanalysis calificando al psicoanálisis: 1) como aprovechable como teoría instrumental, 2) exagera la importancia del componente sexual, aunque hace bien en resaltar su importancia, y 3) para poner en práctica el psicoanálisis no hace falta un largo entrenamiento. La postura de Ortega tendrá amplia influencia. Considera la obra freudiana como interesante y original, aunque exagerada en la importancia dada a la sexualidad. Un autor serio y ponderado es M. Sacristán que recomienda tomar en serio la obra freudiana, aunque no la practique. 

José Ortega y Gasset, Nuevo Mundo, 06-08-1920
José Ortega y Gasset,
Nuevo Mundo, 06-08-1920

Tienen importancia el conjunto de actitudes negativas a la obra de Freud, que constituyen una “Cruzada” contra el psicoanálisis y que se convertirá en postura oficial en la dictadura franquista.

Tercera etapa

Una vez acabada la guerra civil se dan las primeras experiencias de aplicación de la doctrina psicoanalítica. Quedan lejos los inicios prebélicos de Garma y Tosquellles y por fin se llevan a cabo sesiones formativas. Sarró llegó a coquetear con el psicoanálisis, pero no realizó su pauta formativa, El único que inició una experiencia psicoanalítica antes de la Guerra Civil fue Ángel Garma pero que al acabar la misma tuvo que emigrar a Argentina. Hasta 1946 no se da la experiencia de practicar un psicoanálisis. 

El único que inició una experiencia psicoanalítica antes de la Guerra Civil fue Ángel Garma pero que al acabar la misma tuvo que emigrar a Argentina

Efectivamente, acabada la Guerra Civil, al comienzo de los años 40 se había iniciado un acercamiento a la práctica del psicoanálisis por parte de dos grupos de profesionales, uno en Madrid y el otro en Barcelona que, ante la ausencia de docentes directos en España optan por fórmulas distintas. El grupo de Barcelona recurriendo a docentes que trabajan en Francia y Suiza. El grupo de Madrid, alrededor de Portillo y Molina harán, su iniciación en Berlín en 1949 y contactan con la Asociación Psicoanalítica Alemana. Se constituye en Madrid, alrededor de la psicoanalista alemana Margarita Steinbach. La formación de ese grupo madrileño se interrumpe en 1954 con la muerte en condiciones dramáticas de Margarita Steinbach. Tras esta interrupción Molina opta por continuar el proceso de formación recurriendo a Ángel Garma en Buenos Aires, pero no satisfecho con el resultado decide completar su formación en Berlín. Los psiquiatras catalanes organizados alrededor del grupo Erasmo realizan su formación en Francia y Suiza, y fundan más tarde la Sociedad Luso Española de Psicoanálisis que forma parte de la API. 

Años sesenta. Los matrimonios
Gállego y Molina Núñez. CPM.
Centro Psicoanalítico de Madrid

Jerónimo Molina Núñez (Blanca, Murcia, 1907 - Madrid, 1974) estudió medicina en Madrid, antes de la guerra, en la Residencia de Estudiantes donde convivió con Severo Ochoa, García Lorca, Luis Buñuel, etc., en un ambiente cultural favorable a las innovaciones sociales. Se le concedió una beca por la JAE para estudiar en Madrid en el Manicomio de Ciempozuelos donde conoció a Sacristán. También se incorpora al grupo de Lafora. Al morir Sanchis Banus se hace cargo del servicio de psiquiatría del Hospital Provincial de Madrid. donde conoce a Ángel Garma con el que inició su análisis didáctico al comienzo de los años treinta. Participó también en las famosas semanas de higiene mental en las que se llevó a cabo una tarea de divulgación de las ideas psicoanalíticas. Acabada la Guerra Civil, en 1957 Molina Núñez es comandante médico del ejército del Aire y jefe del servicio de neuropsiquiatría del hospital central del Aire. Imparte cursos de capacitación para médicos de aviación y es donde encuentra personas con las que crea el Instituto de Psicoterapia Analítica “Peña Retama” y así mismo crea la Asociación Española de Psicoterapia Analítica. En esos años esta Clínica es un modelo de organización para tratar las enfermedades mentales. Atrae a varios profesionales entre los que cabe señalar a Alejandro Gállego. Es la primera experiencia española de comunidad terapéutica basada en las ideas de Gill, psicoanalista del Hospital Henderson de Londres, así como de Maxwell Jones y Rappaport.


BIBLIOGRAFÍA

Francisco Carles, Isabel Muñoz, Carmen Llor y Pedro Marset. Psicoanálisis en España (1893-1968). Madrid: Asociación Española de Neuropsiquiatría; 2000.
Granjel, Luis S. El libro médico en España: 1808-1936. Salamanca: Universidad. Instituto de Historia de la Medicina Española, 1975
Michael Schneider. Neurosis y lucha de clases. Madrid: Siglo XXI; 1979
Pedro Marset. Prologo. En: Philippe Pinel. Tratado médico-filosófico de la enajenación mental o manía. Madrid, 2013
Gaston Bachelard. La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo. 20ª ed. México DF; Siglo XXI; 2007. 


Carmen Llor Moreno | Murcia 
Pedro Marset Campos | Catedrático Jubilado de Historia de la Medicina de la Universidad de Murcia
José Miguel Sáez Gómez | Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad de Murcia.

La difícil introducción del psicoanálisis en España