lunes. 22.04.2024
Una mujer utilizando instrumental quirúrgico. Detalle del manuscrito Sloane 6. John of Arderne, Medical treatise. Inglaterra, 2º cuarto del siglo XV.
Una mujer utilizando instrumental quirúrgico. Detalle del manuscrito Sloane 6. John of Arderne, Medical treatise. Inglaterra, 2º cuarto del siglo XV

Los archivos municipales custodian un auténtico tesoro documental que se ha convertido en una fuente fundamental para el conocimiento de la práctica profesional de la sanidad en España. Una parte importante de lo que se sabe en nuestro país sobre el ejercicio de médicos, cirujanos y boticarios se debe a la documentación que guardan estos archivos. Y por esa documentación conocemos la información sobre la presencia de las mujeres en la sanidad desde la Baja Edad Media hasta el siglo XVIII. 

En 1371, el Ayuntamiento de Murcia autorizó a la judía Doña Jamila para que ejerciera la profesión de cirujana, en plano de igualdad con sus colegas varones.

Hay que entender esta autorización en el marco de la sociedad medieval, acosada por epidemias, en la que empezarán a adoptarse medidas políticas para defender la salud de la población. Así, la conocida como plaga de Justiniano (emperador de Oriente entre 527 y 565), una epidemia de peste que se extendió, a partir del año 541, desde África a una gran parte del continente europeo causando, según cálculos, entre 30 y 50 millones de muertes, favoreció la creación y extensión del modelo de los hospitales cristianos, sostenidos por los poderosos y administrados por la Iglesia, como albergues en los que aislar a los enfermos pobres, apartándolos de la sociedad y reduciendo así el peligro de que extendieran las enfermedades que padecían. Del mismo modo, la epidemia de Peste Negra que, procedente de oriente, recorre Europa entre 1347 y 1351 causando, según distintos autores, entre 80 y 120 millones de muertes, impulsó la creación de lazaretos en los que aislar a personas y mercancías sospechosos de poder ser portadores de enfermedad, así como la constitución de las Juntas de Sanidad como instrumentos políticos, estables en el tiempo, que dictaban las medidas a adoptar para proteger la salud pública.

En 1371, el Ayuntamiento de Murcia autorizó a la judía Doña Jamila para que ejerciera la profesión de cirujana, en plano de igualdad con sus colegas varones

La autorización municipal para el ejercicio profesional de médicos, cirujanos y boticarios, e incluso su contratación cuando escaseaban, fue también una poderosa medida de salud pública, que a la proporcional asistencia a la población, garantizaba además el conocimiento de todos los casos de enfermedad, y por tanto su control. Desde muy pronto, quienes pretendían ejercer una profesión relacionada con la medicina (médicos, cirujanos, boticarios, parteras...) debían contar con la autorización municipal.

Doña Jamila, como se ha apuntado, ejerció en la capital murciana en los años finales del siglo XIV. El documento que se transcribe tiene fecha de 1371 de nuestra era cristiana [1]. Se trata de la carta de autorización que el cabildo municipal de Murcia expide a la cirujana doña Jamila. Su descubrimiento lo debemos al profesor Juan Torres Fontes, que lo publicó en el único número de la serie de Medicina de los Anales de la Universidad de Murcia (1977).

Sepan quantos esta carta vieren como nos el concejo, alcaldes, alguazil e jurados de la noble çibdad de Murcia porque muchos omnes buenos de la dicha çibdad nos dixieron e fizieron fe e testimonio que vos doña Jamila, muger que fuyestes de don Yuçaf, çulugano, judía, avedes fecho muchas e buenas curas del arte de çurugia e nos pidieron de vuestra parte que vos fuese dada liçençia para vsar del dicho ofiçio de çulugia. E nos seyendo çiertos que vos que erades abil e sufiçiente para vsar de la dicha arte de çulugia por las razones sobredichas, aviendo avido çertificaçion de muchos omnes buenos de la dicha çibdad de las obras que aviades fecho de la dicha arte de çulugia, por ende, por esta nuestra carta damos e otorgamos vos liçençia e abtoridad de vsar de la dicha arte de çulugia en toda la dicha çibdad e en su termino, e que vsedes bien e lealmente a seruiçio e merçed de nuestro señor el rey e pro e bien de las gentes .

E por ende, mandamos de parte del señor rey y de la nuestra que ningunos no sean osados de vos enbargar ni contrallar de vsar de la dicha arte de çulugia en ninguna manera. E porque esta dicha liçençia e abtoridad sea a vos mas firme e estable, e reçebido de vos juramento sobre la vuestra cora segun vuestra ley que lo faredes bien e lealmente, mandamos vos dar esta nuestra carta en testimonio, sellada con el sello mayor de nos el dicho conçejo de çera colgado

Son de destacar varios aspectos en este documento. En primer lugar, Jamila era judía. No es especialmente llamativo que lo fuera. Si bien después de la conquista de Murcia en 1243 por el Infante Alfonso (el que después sería el rey Alfonso X) las tensiones entre las comunidades musulmana, judía y cristiana se tensaron, aún se está en un momento en el que, todavía en Murcia, conviven de forma pacífica. No solo eso: la comunidad judía representaba un papel central en la sanidad murciana. De hecho, sabemos que el Ayuntamiento contrataba a profesionales, entre ellos varios musulmanes y judíos, para proporcionar atención sanitaria a la población. Así, por ejemplo, podemos mencionar entre otros citados por Torres Fontes a los médicos Abrahim Abenbahi en 1383, Yuçaf Abenalazar en 1385, Yçag Murdur en 1390, Yuçaf Benohaymi en 1396, e Yçag Abenbay en 1399; el médico y cirujano musulmán Maestre Farach, quien fue contratado en 1405; y otro cirujano, este judío y especializado en enfermedades de los ojos, David Damasto, contratado en 1409. Las predicaciones antijudías y antimusulmanas del dominico valenciano Vicente Ferrer tuvieron su reflejo en la normativa municipal que, en 1412, recogía que “nin alguno judío, nin jodía, nin moro, nin mora non sean espeçieros, nin boticarios, nin çurujanos, nin físicos”, abriendo un periodo de cambio en las relaciones entre las distintas comunidades.

Jamila no era universitaria. Las mujeres no accedían a la Universidad, pero además muy pocos de los profesionales, incluidos los varones, llegaban a ella

Un segundo aspecto a destacar es que Jamila no era universitaria. Pero tampoco es especialmente llamativo que no tuviera formación universitaria. Las mujeres no accedían a la Universidad, pero además muy pocos de los profesionales, incluidos los varones, llegaban a ella, no solo porque las recientemente creadas Universidades no tenían capacidad para formarlos en gran número, sino sobre todo porque los servicios de un profesional universitario resultaban excesivamente caros para la mayor parte de la población, por lo que su demanda apenas existía. Habitualmente, todos los médicos y cirujanos no universitarios, de hecho, se formaban de manera similar a otros artesanos, acompañando como aprendices a un maestro que, en el caso de Jamila, puede haber sido su marido (el cirujano don Juçaf), lo que le dio experiencia y la posibilidad de acceder a la profesión. El primer profesional universitario conocido en Murcia fue el Bachiller en Medicina Jaime Candells, contratado en 1416 por el ayuntamiento murciano para cubrir la necesidad creada después de que la normativa antes mencionada provocara que muchos de los profesionales judíos se marcharan de la ciudad.

Lo que sí es excepcional es que fuera mujer. Seguramente no fue la única, ya que, sin ir más lejos, la imagen que acompaña a este texto (figura 1) es la de un tratado de medicina británico, manuscrito, del siglo XV, y muestra precisamente a una mujer trabajando con un instrumento quirúrgico, posiblemente practicando una sangría. Pero aún así en la Edad Media (y después) es excepcional que una mujer ejerciera una profesión relacionada con la sanidad, como no fuera matrona, o una actividad marginal como el curanderismo.

En la Edad Media es excepcional que una mujer ejerciera una profesión relacionada con la sanidad, como no fuera matrona, o una actividad marginal como el curanderismo

Esta carta que autoriza el ejercicio de Jamila muestra también cuál era el procedimiento para obtenerla, procedimiento que es común a otros profesionales, judíos, cristianos y musulmanes. El interesado (en este caso la interesada) presenta su solicitud ante el Ayuntamiento para trabajar como cirujano, médico o boticario, a veces a través de terceras personas; el Ayuntamiento pide informes a otros profesionales y “hombres buenos” y si lo cree necesario organiza un tribunal que interroga al candidato. Si se le considera apto, se le extiende una carta que el profesional puede exhibir como un título oficial. Esa carta es el documento que se muestra.

Por último, se debe prestar atención a los términos con se expresa este texto, en el que como se puede ver, no se establece ningún tipo de limitación por ser judía o por ser mujer. Mas bien al contrario, se le concede “licencia y autoridad, firme y estable” para ejercer la cirugía, y se advierte que nadie ose poner, de ningún modo, impedimento alguno.


BIBLIOGRAFIA:

[Carta de autorización para el ejercicio de la cirujana doña Jamila]. Archivo Municipal de Murcia, Actas Capitulares de 1371, fols. 38v--39v. Reproducido en TORRES FONTES, J: Tres epidemias de peste en Murcia en el siglo XIV (1348-49, 1379-80,1395-96). Anales de la Universidad de Murcia – Facultad de Medicina. 1977. Apéndice Documental V
Torres Fontes, J. (1973). Los médicos murcianos en el siglo XV. Miscelánea Medieval Murciana 1973; 1: 204–267
García Ballester L. La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España medieval. Barcelona: Península; 2001.


[1] Como explica amablemente el Profesor Néstor Vigil Montes, el documento muestra como data "treze días del mes de agosto, era del dicho año de mill e quatroçientos nueve años", pero no está fechado en era cristiana, sino en era hispánica. La era hispánica fue un sistema de cómputo de los años que tenía como referencia el año 38 a.C., fecha de la declaración de la pacificación de la Hispania por parte del triunviro Octavio (futuro emperador Octavio Augusto), y que se empleó en la península Ibérica desde los visigodos hasta la Baja Edad Media (en Castilla fue reemplazada por la era cristiana en las cortes de Segovia de 1383). Por tanto, el asiento de las actas capitulares de Murcia hace referencia al año 1371 (1409-38=1371).


Otros textos de los autores: 'La medicina en la historia'

José Miguel Sáez Gómez y Pedro Marset Campos | Catedráticos de Historia de la Medicina. Universidad de Murcia

Doña Jamila, una cirujana judía en la Baja Edad Media cristiana