jueves. 25.07.2024
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Red X de César Bardés (@csarbards).

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Torres-Remírez | @jostorresremrez    

Hay ciertos momentos en la filmografía de John Ford en la que muestra al espectador la cruda realidad, pero hay personajes que deciden no verla, escogiendo la leyenda. Una de esas veces es el final de “El Hombre que mató a Liberty Valance”, en la que el director de un periódico pone punto final a la verdad con la afamada frase: “Esto es el oeste señor, aquí cuando los hechos se convierten en leyenda, imprimimos la leyenda”.

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César Bardés homenajea al cine desde el título de su libro “Imprimir la leyenda. 500 anécdotas de cine”. En este libro ha recogido dos años de arduo esfuerzo en su proyecto de divulgación cinéfila en ese mundo tan hostil como es el de las redes sociales. Porque, aunque César es un crítico de cine (y un gran cinéfilo) se ha granjeado una gran popularidad subiendo cada día a su cuenta de Twitter (o X) una anécdota sobre el mundo del cine. Pero no se crean que son anécdotas “legendarias” o inventadas, nada más lejos de la realidad. Aquí Bardés hace lo mismo que el maestro Ford, muestra la realidad al cinéfilo y es decisión nuestra la de decidir si creemos la anécdota, o nos quedamos con la leyenda. Sin embargo, como si fuera un mago, nunca desvela de dónde obtiene la anécdota (un periodista no revela sus fuentes), aunque no es difícil imaginarlo. Su inmensa librería personal, la documentación que ha tenido que recoger a lo largo de su carrera como crítico, los corrillos con personas del mundo del cine y la de “making of” y documentales sobre cine que ha visto, son su fuente. Así que todos nosotros podemos hacer una de estas dos cosas, seguir los pasos de César Bardés para conocer las anécdotas o comprar su libro. Yo he empezado por el libro.

Este libro no sólo es un homenaje al cine, lo que indicaría que sólo está hecho para que los cinéfilos lo lean, sino que es una puerta de entrada al séptimo arte para aquellos que aún no lo aman tanto como lo hace el autor. Esta afirmación no es baladí, sino que quien no conozca las películas, los actores o directores de los que trata cada anécdota, se encontrará con un libro de 500 microrrelatos. Algunos graciosos, otros dramáticos y el resto, reveladores. Y da igual que se haya visto la película o no, cuando acabas de leer la mayoría de las críticas, te entran ganas de ver la película. Por cierto, alguna que otra crítica no va sobre una película en concreto, sino sobre una situación entre gente del cine; lo cuál es peor, porque en vez de apuntar una película para ver, empiezas a buscar toda la filmografía de los protagonistas de la anécdota.  

Uno de los grandes aciertos del libro es, sin ninguna duda, los grandes capítulos. Las anécdotas están agrupadas en torno a un tema genérico pero que genera una continuidad, permitiendo al lector tener un tema al que acogerse. Aunque, este acierto contrasta con la libertad del formato del libro. Al ser anécdotas cortas, el lector puede abrir el libro por la página que quiera y disfrutar de un pedacito del cine. En esto, habrá tantas maneras de leer el libro como lectores. Porque también existe una manera más de leerlo, por protagonistas. El índice onomástico nos muestra en qué páginas salen los que han hecho grande al séptimo arte; personajes como Hitchcock, Wilder, Wyler, Peckinpah, Gabin o incluso algunos españoles.

Y las anécdotas no sólo van sobre películas conocidas como “Centauros de Desierto”, “La condesa de Hong Kong”, “Duelo en la Alta Sierra” o “Érase una vez en América”, sino que el autor también intenta ser un descubridor de cine y mostrar a los lectores otras películas que, por azares de la vida, han caído en el olvido o ya casi nadie habla de ellas. Recordando que el séptimo arte está formado por decenas de miles de películas y aún queda mucho por descubrir. Podemos decir que nos gusta el cine, y que dentro del cine que nos gusta, sabemos algo pero, ¿cómo podemos decir que sabemos de cine si aún nos queda tanto por descubrir?

Como aún queda mucho cine por descubrir, ¿se quedará el autor en sólo quinientas anécdotas? Esperemos que no. De momento, César Bardés sigue subiendo, cada día, una anécdota más a X (su cuenta es @csarbards), haciendo que, entre tanto odio y tanto maleducado, haya alguien en las redes sociales, imprimiendo la leyenda.

Pasión por las leyendas