jueves. 25.04.2024
Un aula de la Institución Libre de Enseñanza. enero de 1933. Fotografía de Vicente Sos. Cortesía de Alejandro Sos Paradinas. Ilustra el capítulo de Santos Casado en el libro Aulas modernas

Este artículo versa sobre la preocupación por vincular la educación con la igualdad como eje vertebrador del programa socialista debatido antes de la llegada de la Segunda República, en el XII Congreso del Partido, que se celebró en el verano de 1928. Gracias a este Congreso podemos entender algunos de los puntos claves que el socialismo llevó a la educación con el nuevo régimen.

La prioridad socialista pasaba por la escuela primaria porque se consideraba la escuela del pueblo. En el programa se colocó también al maestro como pilar fundamental del cambio educativo porque se consideraba que su trabajo era fundamental para el desarrollo de dicha escuela.

Había que aumentar su consideración social, que pasaba por un sustancial aumento de la remuneración con el fin de que se viera libre de lo que se calificó como las “zozobras de la miseria”, y de ese modo pudiera dedicarse plenamente a su tarea educativa. En ese momento los socialistas pensaban que su sueldo de entrada en el Magisterio debía ser de cinco mil pesetas.

Como decíamos al principio, la igualdad en la educación fue, efectivamente, el eje fundamental de dicho Congreso socialista de 1928. Esa igualdad iba en consonancia con el derecho de todos a cultivar plenamente sus capacidades.

Pero, aunque el objetivo prioritario era la escuela primaria, el PSOE quería también terminar con la consideración de que los Institutos, Escuelas Superiores y Universidades siguieran siendo un coto cerrado, imposible de acceder para la gran mayoría de los españoles, y no sólo de la clase trabajadora, aunque acreditasen capacidades para estos estudios.

La igualdad pasaba no sólo por el derecho de todos a recibir educación, y especialmente la media y superior, como estamos viendo, sino también lo era en relación con el género. Los socialistas defendieron la coeducación como su otra clara seña de identidad.

Por fin, la educación debía ser también laica y pacifista, porque había que asegurar el respeto a todas las opiniones religiosas, y había que enseñar la fraternidad entre los hombres.

Como fuente hemos empleado el número 6056 del día 8 de julio de 1928 de El Socialista.

La igualdad y la educación: reflexiones socialistas (1928)