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“¡Son fantásticos! ¿Cómo se llaman? –Pregunté al escuchar la maqueta–.
“Es una sola persona” –me respondieron–. “Compone todo, canta todo, toca todos los instrumentos”
Owen Husney (Primer manager de Prince)
A mediados de 1985 Prince Rogers Nelson finalizaba la gira de conciertos correspondiente a Purple Rain, disco que lo daba a conocer en todo el mundo. Tres años después asistía a la gala de los Grammy nominado al mejor álbum del año por Sign o’ The Times. Lo hacía promocionando ya LoveSexy, otro fastuoso trabajo que, aún hoy, cuarenta años después, suena vanguardista. En dicho trienio, Prince había compuesto cinco discos propios incluido su abortado Black Album, otros tantos para The Family, Jill Jones, Sheila E, Madhouse y Mavis Staples, realizado otra película, y culminado otras dos giras mundiales (1986 y 1987) al tiempo que iniciaba la siguiente; un ritmo de trabajo que nunca abandonaría. “Los Ochenta son suyos” llegaba a afirmar David Bowie, reconocimiento que adquiere más valor, si cabe, al constatar que dicha época conforma probablemente la más excelente década de la historia de la música de nuestro tiempo.
Prince buscó siempre dar salida a su ingente capacidad creativa mediante una constelación de artistas asociados que, orbitando en torno a él, hicieron las delicias de sus fans
Cantante, compositor, letrista, multinstrumentista, peliculero, productor… Prince lo hizo todo y todo lo dominó: pop, rock, funk, soul, blues, jazz… Su genialidad, fecundidad y diversidad creativas superaron cualquier sonoridad imaginable. Un colorista magisterio al que sumar fantasía, narrativa escénica, virtuosismo instrumental… Si en directo gustaba de acompañarse de grandes músicos, en el estudio no requería de nadie para parir álbumes como churros. Aún hoy, recrearse en la sofisticación sonora de no pocos de sus temas sigue teniendo algo de fascinante, conscientes de que todo es Prince. Él fue, sencillamente, el gran artista renacentista de la música contemporánea.
Padrino de compis del cole, amigos, novias y demás, Prince buscó siempre dar salida a su ingente capacidad creativa mediante una constelación de artistas asociados que, orbitando en torno a él, hicieron las delicias de sus fans. Hablar del Universo Prince es hacerlo también de imprescindibles acólitos; desde sus discos para The Time o Vanity en sus inicios, a sus últimas producciones para artistas menores en Paisley Park.
Resulta materialmente imposible ilustrar en una pieza de prensa la inabarcable obra del genio de Minneapolis: 1.000 canciones conocidas, medio centenar de discos propios (39 de ellos de estudio), otros tantos para sus epígonos, un océano de jams, ensayos y rarezas... Pendiente aún de inventario, The Vault, codiciada trastienda musical que Prince Estate busca dosificar y rentabilizar. “Grabé cientos de temas con él que nunca volví a escuchar; cientos Larry” llegó a confesarle Sheila E. a Larry King en pleno duelo por Prince. Desde su fallecimiento, reediciones de lujo de sus trabajos ven la luz incluyendo decenas de temas extras correspondientes al año en cuestión para recreo de unos fans que siguen amasando su ingente labor. Intentar condensarla es en vano. Procuramos, cuando menos, capturar una decena de momentos orientativos para el joven neófito dispuesto a asaltarla:
Cantante, compositor, letrista, multinstrumentista, peliculero, productor… Prince lo hizo todo y todo lo dominó: pop, rock, funk, soul, blues, jazz
Head: Entramos en los Ochenta; dos grandes discos le han dado ya a conocer: eye liner, panties, leotardos y taconazos. “A las mujeres les gusta” responde el angelito con 20 años. Para su tercer trabajo, Prince se encierra en el garaje y en una semana alumbra Dirty Mind. Su impúdico affaire con una novia camino del altar y otras travesuras anticipan al provocador Prince que pronto ha de motivar la creación de la poderosa Parents Music Resource Center. En cada álbum podemos ya advertir una recurrente coletilla que lo acompañará a lo largo de toda su carrera: “Producido, arreglado, compuesto y cantado por Prince”.
Do Me, Baby: Hasta ahora sabíamos que era bueno… ¿pero esto? Si Stravinsky consagró La Primavera, Prince consuma, y es literal, esta mimosa y lasciva cana al aire de ocho minutos que privilegia Controversy. Un semidios habita en Minneapolis.
Purple Rain: Operación Triunfo en Minneapolis. Junto a Prince, buena parte de la primera constelación satélite que lo acompaña desde un inicio: Morris, Jerome, Wendy, Lisa, Jill, Apollonia, el Doctor Fink… Pastiche entretenido para la época, la película no soportaría hoy algún violento ramalazo y un sonrojante machismo adolescente solo atenuante por inverosímil. Prince obtiene 3 Grammys y un Oscar a la mejor banda sonora. De postre, a alguien se le ocurre retransmitir un directo suyo al mundo, vía satélite, al estilo de Elvis en Hawái. Por supuesto, él no desaprovecha la ocasión de darse a conocer. Si aún no has visto sus últimos siete minutos de guitarra en Siracusa, no te los puedes perder.
Adore: Quienes anhelan la secuela de Purple Rain no la van a encontrar. Around the World y Parade son notables trabajos casi consecutivos, pero cada disco de Prince es distinto en concepto al anterior. Raspberry Beret, Kiss, Mountains… Sus singles se pisan unos a otros rompiendo los esquemas de las radiofórmulas. Sin descanso, lanza Sign o’ The Times. Adore, insuperable, despide el doble disco.
Beautiful Night: Prince decide promocionar en formato cine la gira de SoTT. Estrenada en salas de todo el mundo, la película del concierto rompe todos los moldes y se convierte en referencia de la catedra musical. Bien vale su apabullante Beautiful Night para demostrar que nadie le llega a la altura de los tacones.
Alphabet St.: El impacto causado por Sign o’ The Times Live provoca un año después la retransmisión por Eurovisión de una de sus citas europeas. LoveSexy ’88 es, sin duda, otro de sus conciertos por antonomasia. Dos horas de fantasía que expiraban con el exitoso single de aquel año, Alphabet St.
Partyman: “No impacientarse que ya llega er monstruo!” espeta en 1990 nuestro Ketama Antonio Carmona, telonero para la ocasión, a las 55.000 almas que abarrotan el desaparecido Vicente Calderón de Madrid tras una década de anhelada espera hispánica. Por fortuna, siete días después, las televisiones autonómicas aciertan a emitir su actuación en La Coruña. Su magistral adaptación de Partyman, un tema menor al calor de la película Batman, conformaba el primer bis de aquella gira.
Motherless Child: Prince vuelve a visitarnos en 1993 presentando su celebrado Symbol Album. Últimas visitas a España entre 1998 y 1999; tiene tiempo de pasarse por RTVE y dejarnos esta chuchería de regalo. Dos décadas contemplan al Artista anteriormente conocido como Prince tras un último quinquenio firmando con su icónico símbolo para poder publicar sin permiso de la diosa Codicia. La notoriedad de Prince se resiente mientras sus fans siguen amándolo con fervor.
DMSR (2004): En su madurez, siempre acompañado de grandes músicos. Le basta su maestría para arrasar.
Something in the Water (2014): Con apenas 1.57 de altura, Prince buscó siempre ganar algún centímetro más al suelo, al punto de dejarse literalmente la vida en escena. Tras casi cuatro décadas de frenética actividad, quebrantadas sus caderas al extremo, y tras una infructuosa operación quirúrgica, cuando en los últimos años recurre a las plataformas terapéuticas abandonando sus taconazos es ya demasiado tarde. Trabajador infatigable, apasionado musicólogo, vegano, enemigo del alcohol y del tabaco, Prince quedó, sin embargo, enganchado a los opioides que le permitían soportar el dolor. Ni siquiera él pudo escapar de la siniestra suerte zombi que deambula por los decadentes EE.UU. Transcurridos diez años desde su fallecimiento, el gran mural de Prince en el downtown de Minneapolis, homenaje de sus orgullosos vecinos, preside una ciudad doliente y avasallada por los nuevos jinetes de la Libertad. Es el signo de los tiempos.




