domingo. 14.04.2024
Cillian Murphy
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Hoy 15 de arranca la Berlinale de 2024, pero ayer ya hubo un pase de prensa en el que se proyectó el film que inaugura la sección oficial. Se trata de Small Thinks Like These. El tema es demoledor y su presentación consigue ser bastante original. Como hilo conductor se ha elegido a un actor conocido por una serie televisiva, Cillian Murphy, que aquí debe interpretar un registro muy diferente al desplegado en Peaky Blinders. La fotografía y las localizaciones recrean un ambiente que se corresponde con el nublado clima irlandés. Todo nos parece gris y, aunque se haya rodado en color, casi se llega en blanco y negro a los ojos del espectador. Desde un principio sabemos que algo raro le ocurre a nuestro protagonista. Es un modesto carbonero que trabaja todo el día y vuelve a su hogar por la noche, para cenar con su mujer y sus cinco hijas. En sus desplazamientos va encontrándose con algunos chavales desfavorecidos por la fortuna hacia los que muestra una inusitada empatía, como si algo debiera explicarla.

Estamos ante un acercamiento sutil del problema social que malversó la iglesia católica irlandesa durante buena parte del siglo pasado

Paralelamente aparece un chico preadolescente que vive con su madre y otras dos personas en una gran casa. Las relaciones de los moradores y lo que ha pasado allí deberá ir desentrañándolo cada espectador según su criterio conforme avanza la cinta, porque finalmente ambas historias paralelas reflejan distintos momentos de una misma biografía. El reservado padre de familia que conocemos ha tenido una infancia muy complicada, porque no deja de pertenecer al colectivo del que se ocupa la película. En muchas épocas y lugares la iglesia católica ha jugado un papel escasamente piadoso con quienes consideraban frutos de amores ilícitos e hijos del execrable -al tiempo que fascinante para esa morbosa óptica- pecado de la lujuria. Nacer fuera del matrimonio bendecido por las autoridades eclesiásticas era un fenómeno muy corriente, pero en lugar de reconocerlo se censuraba con saña por ciertas instituciones religiosas. Algunos conventos recogían a las muchachas caídas en desgracia para que tuvieran sus hijos y darlos en adopción a familias pudientes que borraban sus orígenes. 

La madre soltera quedaba estigmatizada y no tenía medios para salir adelante, salvo que fuese adoptada por una familia de fama intachable, aún cuando con ello pudieran encubrirse todo tipo de abusos y maltratos. Las monjas custodiaban a sus pupilas temporales con mano férrea y las jóvenes embarazadas vivían su embarazo encerradas en un convento para ocultar su terrible pecado. Luego debían separarse de sus hijos, aunque no quisieran hacerlo, y continuar en solitario con unas vidas condenadas a la miseria. No es la primera vez que se trata un asunto tan impactante. Cambia la perspectiva que se adopta, contándolo todo desde los ojos de un chico que aparentemente logra llevar una vida normal como adulto, pero que afectivamente se ve atenazado por los traumas emocionales de su infancia. Eso le hace rebelarse contra unos usos y costumbres que oficiaban como cómplices, porque sin el consentimiento de la comunidad no podría haberse instaurado un sistema tan cruel revestido con una piedad terriblemente hipócrita.

Se consigue trasladarnos la experiencia traumática de quienes nacían bajo unas circunstancias dominadas por una falsa moralidad social y religiosa

Flota una tristeza que no se comprende cabalmente hasta el final. Estamos ante un acercamiento sutil del problema social que malversó la iglesia católica irlandesa durante buena parte del siglo pasado. Se consigue trasladarnos la experiencia traumática de quienes nacían bajo unas circunstancias dominadas por una falsa moralidad social y religiosa, cuya combinación pretendía resolver de muy mala manera un fenómeno que requería una mirada completamente distinta. Cabe preguntarse si, por mucho que hayan cambiado las cosas. la figura de madre soltera sigue despertando recelos en sociedades que pretenden normalizar ese modelo parental como uno más entre todos los posibles.

A lo peor el poso de algunas inercias culturales continúa moldeando nuestros prejuicios, aunque la tradición religiosa en cuestión pierda su antaño indiscutible hegemonía. ¿Acaso nuestro imaginario sigue colonizado por algunas convenciones cuya vigencia se desliza subrepticiamente por el inconsciente colectivo y nos juega malas pasadas que no advertimos al resultarnos tan familiares? Conviene reformularse preguntas como esta cuando visionamos películas como Small Thinks Like These.

Arranca la 74 Berlinale con ‘Small Thinks Like These’ de Cillian Murphy