sábado. 02.03.2024
 

Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarente

Con una sinopsis intrigante, No Quiero Ser Polvo llega a las salas de cine en un muy buen momento para el cine mexicano independiente. ¿Qué podemos esperar de esta película?

Nos encontramos con Bego, una señora de mediana edad que ve la vida pasar como espectadora, sin que nadie ni nada tome en cuenta su opinión. Cierto día, después de una meditación con su club de autoconocimiento, recibe la noticia “avalada por científicos y médiums de todo el mundo” de que el mundo como lo conocemos está por cambiar.

Al parecer, dentro de poco llegará una nueva era para la humanidad en la que habrá tres días de completa oscuridad que traerán cambios en todos los niveles de nuestra existencia, pero les piden de favor que no difundan tan abiertamente la noticia para no alertar a los demás.

Así, por primera vez, Bego posee “la verdad absoluta” y tiene un nuevo objetivo en su vida: preparar a la gente cercana a ella para esto que supuestamente está por venir, por más que nadie le crea.

Nos encontramos ante una mala película que será más recordada por lo que pudo ser que por lo que muestra en pantalla

De esta manera, nos metemos de lleno en una historia que aunque tiene un planteamiento inicial interesante no termina por aprovechar las oportunidades que éste le da. Como el mismo título lo sugiere, más que ahondar en “lo que está sucediendo”, la película nos lleva por una exploración introspectiva del personaje de Bego. El problema es que dicha exploración se queda en un nivel muy superficial: por más que los eventos pasen, la protagonista parece ser exactamente la misma de inicio a fin. Su vida cambia por completo en dos ocasiones y no vemos ninguna evolución, lo cual obedece más al guión que a la actuación.

Existen otros elementos argumentales desaprovechados que sí que generan mucho interés como el personaje del esposo, lo que pasa con “la secta” o incluso el mismo concepto de “la oscuridad” en el cual no se ahonda en absoluto a pesar de inspirarse en una historia religiosa bastante inquietante. Para no entrar en spoilers, solo diremos que muchos hilos quedan en simples anécdotas sin más, como la escena del arresto.

Las actuaciones son dispares, fluctuando entre personajes bien interpretados como la familia de Bego, y otros que no como el sujeto del bigote o la ayudante del club de meditación. Mención aparte merece la protagonista, quien sin ser actriz profesional entregó un trabajo bastante sólido, que aunque dista mucho de la perfección, es de aplaudir el empeño puesto.

Su director es joven y tiene buenas ideas, valdrá la pena ver cómo evoluciona su trabajo, pero por lo pronto, es muy difícil recomendar su cinta

Entrando a los elementos técnicos, la película es un festival de detalles que dejan mucho que desear. Visualmente es inaceptable el manejo de la cámara, que se desenfoca cada cinco segundos (no es ninguna exageración) y no sabe qué elementos poner en cuadro. Basta ver cualquier conversación entre tres o más personas para darnos cuenta hasta de la incomodidad de los actores. De la misma manera, nos encontramos con elementos innecesarios como un absurdo rompimiento de la cuarta pared.

Si bien los efectos de sonido son excelentes, no pasa lo mismo con los visuales: la ambientación es bastante buena, como se puede ver en las marcas del edificio, pero en los minutos finales todo se derrumba regalándonos un paisaje simplemente penoso, en el cual no ahondaremos para evitar spoilers.

En conclusión nos encontramos ante una mala película que será más recordada por lo que pudo ser que por lo que muestra en pantalla. Su director es joven y tiene buenas ideas, valdrá la pena ver cómo evoluciona su trabajo, pero por lo pronto, es muy difícil recomendar su cinta.

'No quiero ser polvo'