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Aleix Sales | @Aleix_Sales
Si hace ya casi 2 años 20.000 especies de abejas (Estíbaliz Urresola Solaguren, 2023) abordaba un tema tan candente como es la transexualidad en la infancia, Marta Nieto hace lo propio en su debut en el largometraje. Pero el enfoque es distinto al de la película vasca, puesto que el punto de vista reside en el de la madre, desde el cual la cineasta abre otras vías que incluso remiten a la misma filmografía de Nieto como actriz, inevitablemente pensando en Madre (Rodrigo Sorogoyen, 2019).
Mientras que en otros proyectos el conflicto principal residía en el descubrimiento de la identidad y aceptación de la familia, en La mitad de Ana se indaga en la dificultad de integración del infante, desplegando las múltiples problemáticas y evidenciando la educación y pedagogía aún necesarias por hacer. Sin embargo, esto es una parte (crucial) para hablar del personaje central, la Ana del título, que precisamente se encuentra también en momento de búsqueda y transición, en un presente vital fragmentado. Nieto, que propulsó su ópera prima desde las Residencias de la Academia de Cine, parte de su cortometraje Son (2022) -curiosamente con Patricia López Arnaiz de madre protagonista- y construye un film bastante didáctico y establecido en un realismo que, no obstante, deja resquicios para la fuga surrealista. Para ello, aprovecha el trasfondo artístico de su protagonista –maestra de arte reconvertida en vigilante de sala de museo- y establece una metáfora vivamente animada entre el cuadro abstracto Un mundo, de Ángeles Santos. Una comparación que acompaña todo el film y permite a Nieto diferenciarse un poco de las puestas en escenas puramente naturalistas al jugar con animaciones y un espectro algo más onírico, parecido al de Liliana Torres en Mamífera (2024). Aunque el recurso, como las piezas del cuadro, no terminan de encajar del todo con el tono.
La mitad de Ana es un film muy formativo, tal vez subrayando en exceso sus más que loables tesis, lo que genera en su desarrollo dramático varios altibajos que lastran un tanto el ritmo
Al margen de esto, decimos que La mitad de Ana es un film muy formativo, tal vez subrayando en exceso sus más que loables tesis, lo que genera en su desarrollo dramático varios altibajos que lastran un tanto el ritmo con el fin de introducir ciertas situaciones o mensajes necesarias para hablar de la problemática, pero no las más agradecidas narrativamente. A pesar de ello y la cierta distancia que pueda establecer por momentos, Nieto acaba firmando una pequeña y sensible obra, rodeada de aliados y colaboradores que reman a favor de ella. Competente delante y detrás de la cámara, es un primer y valiente paso que, del mismo modo que muestra todo lo que hay que perfilar y retocar, también expone el innegable potencial de la directora y actriz para dar forma a imágenes en movimiento.


