jueves. 04.06.2026
CINE

‘Heretic’: una casa llena de dudas

Heretic construye su tensión desde un sosegado diálogo en ebullición, donde casi tiene más importancia quien predica el relato, más que el relato en sí.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

En plena moda de ese terror centrado en el universo religioso, sean novicias, exorcismos o curas, la obviedad iconográfica es dejada de lado y encuentra su vuelta de tuerca en este trampantojo que apunta a las cuestiones teológicas de fondo. Al tratar aspectos que traspasan lo tangible y se refugian en aquello que no objetivamente se percibe, resulta lógico que la duda sobrevuele siempre cualquier persona entregada a un dogma que valora como sagrado. Heretic se agarra a esta idea y despliega todo un arsenal de divagaciones en un dispositivo tan entretenido como perverso.

Heretic deja suficiente espacio a la ambigüedad para que el espectador pueda forjar su opinión, que luego se atreva a dictarla como categórica es cosa suya

Como si de una pieza de cámara se tratara, dos misioneras en busca de nuevos adeptos a su causa llegan a la casa del apacible y culto sr. Reed qué, a través de su cautivadora labia, las acaba llevando por un juego entre el gato y el ratón donde la figura divina y la fe son constantemente puestas a prueba. Acertijos y dilemas son desplegados en este mind film que puede remitir al David Fincher más noventero con la pátina de la A24 más Blumhouse que nunca. Aunque acaba dejándose llevar por el efectismo -y, por consiguiente, desinflándose un poco-, Heretic construye su tensión desde un sosegado diálogo en ebullición, donde casi tiene más importancia quien predica el relato, más que el relato en sí. Por eso, es tan importante el canal de transmisión, que aquí encuentra su cuerpo en un Hugh Grant que desmonta los esquemas y pone su encanto, cinismo y verborrea al servicio de lo inquietante, desplegando una faceta nueva que le sienta como un guante. Para replicarle como víctimas están unas más que correctas Sophie Thatcher y Chloe East.

Vestida con un buen puñado de perspicaces conversaciones –memorable la escena crucial donde los juegos de mesa son el centro del diálogo-, Heretic deja suficiente espacio a la ambigüedad para que el espectador pueda forjar su opinión, que luego se atreva a dictarla como categórica es cosa suya. En medio de su titubeante filmografía, es un paso firme en la carrera de Scott Beck y Bryan Woods, brindando una obra que mira al público sin querer servirle todo en una fácil bandeja de pastel de arándanos.

‘Heretic’: una casa llena de dudas