lunes. 15.04.2024

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Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

Tras entregarnos absolutas obras maestras como Paris/Texas o El Amigo Americano en las décadas de 1970 y 1980, el director alemán Wim Wenders pasó desapercibido por mucho tiempo hasta ahora. Perfect Days, su nueva película, no solo está a la altura de sus mejores trabajos sino también es una reflexión poética muy necesaria en estos tiempos hipermodernos.

Nos encontramos con Hirayama, un hombre dedicado a la limpieza de baños públicos en Tokio. La historia se despliega en torno a su rutina diaria, su pasión por la música, los libros y la fotografía, revelando gradualmente las capas de su pasado a través de encuentros inesperados.

‘Perfect Day’ es la analogía perfecta entre la diferencia de una vida como objeto y una vida como sujeto

Así, nos adentramos de lleno en el día a día de una persona que, lejos de las pretensiones de una vida de necesidades creadas, encuentra la belleza en los detalles más simples como la risa de un niño, el movimiento de las ramas de los árboles o nuestra canción favorita.

Perfect Days es la analogía perfecta entre la diferencia de una vida como objeto y una vida como sujeto: el objeto vive en modo automático mientras que el sujeto ante todo se cuestiona su realidad. Hirayama, interpretado magníficamente por Kôji Yakusho, es un personaje que tomó la decisión consciente de alejarse de la riqueza material para entregarse a un modo de vida más contemplativo. Día tras día intenta ser el mejor en lo que hace y es feliz con su realidad, por más que esta se reduzca al café de lata, libros, disquetes o sus plantas. 

La película está llena de momentos conmovedores, donde la aparición de personajes singulares como su sobrina, aportan un toque melancólico a escenas que se convierten en inolvidables como el juego de las sombras a orillas del mar. Si a esta fórmula añadimos clásicos musicales de la mano de artistas como Lou Reed, Nina Simone o los Rolling Stones, el resultado es tal, que las palabras sobran.

‘Perfect Days’ se posiciona como una obra imprescindible, demostrando no solo la maestría de su director sino que también nos presenta un espejo ante nuestras vidas aceleradas

El cine es un puente para conocer distintas formas de vivir y de pensar, y Perfect Days nos permite adentrarnos en una cultura tan distinta como la japonesa, en donde el tiempo se mueve a otra velocidad y la gente obedece a otras necesidades. La profesión de Hirayama le permite tener cierto modo de vida y respeto que en otros contextos como el latinoamericano simplemente no sucederían. Aquí radica la belleza de este tipo de arte, la reflexión y el cuestionamiento de nuestra realidad nos lleva a tejer puentes, y esta película lo logra con creces.

En conclusión, Perfect Days se posiciona como una obra imprescindible, demostrando no solo la maestría de su director sino que también nos presenta un espejo ante nuestras vidas aceleradas, recordándonos el valor incalculable de los momentos sencillos incluso en la soledad. Este filme es un llamado a observar, a sentir, y sobre todo, a vivir conscientemente, marcando un hito en la carrera de Wenders y —ojalá— en la vida de quienes lo experimentan.

Crítica de ‘Perfect Days’