martes. 05.03.2024
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Fotograma de la película. (Imágenes: Filmaffinity)

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Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

Tras pasar un poco desapercibida inicialmente, The Holdovers es una película que poco a poco se ha posicionado en boca de todos a base de sus propios méritos. Alexander Payne nos regala una obra mayúscula sobre las complejidades de la amistad, el privilegio y las normas sociales.

Nos encontramos con Paul Hunham, un solitario y severo profesor de historia quien, tras serle encomendada la tarea de cuidar a los estudiantes olvidados por sus familias durante las vacaciones de invierno de la escuela donde da clases, cruza su vida con la de Angus, un joven rebelde y Mary, la cocinera del instituto.

Así, obligados a estar juntos, los tres personajes conviven forzadamente explorando temas tan profundos como el duelo tras la pérdida o cómo lidiar con la soledad, aunque ante todo, The Holdovers sigue siendo una comedia y las risas no dejan de saltar durante toda la función.

Hay ciertas obras, como en el caso literario de Cien Años de Soledad, que por más profundidad que tengan e infinidad de análisis específicos que se pudieran hacer sobre ellas, también pueden ser disfrutadas incluso a manera de entretenimiento casual por el público promedio. Por esas olas navega esta película.

Si tuviéramos que destacar algún elemento en particular definitivamente sería el guion: a partir de un planteamiento inicial que parecería ser de nulo interés —tres personas encerradas en una escuela durante algunas semanas—, la película se abre paso en un reducido campo de acción para explorar la complejidad de las relaciones humanas en una fina línea entre el drama y el humor. Difícil nombrar películas en donde sintamos tanta empatía y hasta cariño por tres personajes distintos, y The Holdovers lo logra.

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Visualmente, aunque la película no destaque de manera particular, sí que logra generar un muy buen retrato de la época de los 70, en donde los atuendos, peinados y hasta la decoración de las casas o restaurantes nos acompañan al mostrarnos las actitudes sociales de la década, en especial en lo que respecta a la raza y el privilegio. La nostalgia por la era tiene como contrapunto una reflexión aguda sobre cuánto han cambiado los tiempos realmente.

Por último, si las actuaciones no paran de recibir premios y nominaciones no es gratuito, y seguramente los próximos Óscares terminen por consolidar el gran trabajo de Paul Giamatti —el mejor trabajo de su carrera—, Da’Vine Joy Randolph y Dominic Sessa, quien brilla por su ausencia en las nominaciones porque para ser su primer papel, el joven actor estuvo fenomenal.

En conclusión, The Holdovers es una película que merece ser vista, no solo por ser el retrato reflexivo de una época, sino por su exploración de temas atemporales de conexión, redención y la complejidad de las relaciones humanas. Una cinta que puede ser disfrutada por todo tipo de público y que merece todos los aplausos.

Crítica 'The Holdovers'