viernes. 19.04.2024
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Scarlett Johansson en Asteroid City.

Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

Todos recordamos con una sonrisa la primera película que vimos de Wes Anderson. En mi caso fue Moonrise Kingdom y recuerdo quedar absolutamente enganchado con la paleta de colores, la simetría y el encanto de los personajes que navegan como peces en medio de simpáticos gigs, llegando como un soplo de aire fresco al cine que estamos acostumbrados a ver.

Si bien lo anterior es verdad, es innegable que por muy bueno que sea el mejor Anderson (El Gran Hotel Budapest quizá), su indistinguible estilo nunca ha sido garantía de calidad. Digámoslo con todas sus letras, hay películas que son pura forma sin fondo, bellísimas como todas sus obras, pero carentes ya no solo de alma, sino también de cualquier emoción o contenido relevante.

¿Cómo se planta Asteroid City, su última entrega, en este escenario?

Nos encontramos en Asteroid City, un pueblo ficticio en el desierto de Estados Unidos a mitades de los 50. Ahí se llevará a cabo una convención de genios adolescentes, aspirantes a ser astrónomos, y sus padres. Todo va de maravilla hasta que para sorpresa de todos un inesperado visitante llegará a cambiar el mundo por completo.

Así, somos partícipes de una divertida historia que de hecho es la representación teatral de una obra escrita por Conrad Earp, un atormentado escritor interpretado por Edward Norton mientras intenta encontrar el sentido de su obra, ¿lo logrará?

De esta manera, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que nos encontramos con la mejor película del director desde El Gran Hotel Budapest, la cual, con todo y sus fallas, es una obra muy disfrutable que vale la pena revisar.

Sus épocas indie quedaron atrás y el grandísimo reparto es prueba de ello. Difícil escarbar en la memoria para buscar una película que junte nombres tan impresionantes como Scarlett Johansson, Tom Hanks, Brian Cranston, Edward Norton, Jason Schwartzman, Tilda Swinton, Adrien Brody, Margot Robbie, Liev Schreiber, Maya Hawke, Matt Dillon, Willem Dafoe y la lista no acaba. La figura de Anderson es tan importante como para convencer a semejantes actores a tener un papel secundario o apenas relevante en algunos casos.

Si bien la trama no es maravillosa, funciona para unir de una manera interesante a tal cantidad de personajes con un abanico de personalidades enorme aunque con resultados contrastados: la historia de fondo tiene un giro refrescante y divertido que sirve para dar una causa común al resto de historias secundarias que se fueron formando de poco a poco. El problema es que precisamente esto le juega en contra ya que el prestar tanta atención a ciertos personajes que no producen ni un ápice de empatía ni fascinación es cansado para el espectador.

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Ante las críticas sobre la falta de sentido o justificación de ciertas escenas, el mismo director se burla de sí mismo con un apartado brillante en donde un actor sale de su personaje y tras bambalinas los guionistas comentan que tienen una metáfora brillante, no saben de qué pero eso no importa. Después este va con el director y le pregunta por el sentido de la obra a lo que este responde que eso nunca importó, que mejor siga en su papel.

La comedia siempre es un tema con Anderson. Sus películas cuentan con un humor tan específico que es normal que gran parte del público no exprese emoción alguna, cuestión de gustos personales, aunque vale la pena comentar que el trasfondo absurdista le da un punto extra por sobre las demás. Algunos gigs funcionan, otros aburren, pero el balance final es bueno.

En cuanto al apartado estético, el regreso de los colores pastel sería una maravilla si no fuera porque a los cinco minutos se pierde toda la sorpresa. Que no se malinterprete, el trabajo de dirección artístico es tan bueno como siempre, pero ahí está la clave, en el “siempre”. La irrupción de Wes en el mundo del cine fue tan importante gracias a su sello visual, y aunque cada película tenga un diferenciador, la fórmula se agota como todo en la vida. Que desde entonces la gente diga “mira, es muy Wes Anderson” con cada edificio bonito que ven es su don y su maldición.

Así, concluimos diciendo que ver Asteroid City fue una muy grata sorpresa. Es una película que no cambiará la vida de nadie pero tiene mucho encanto y un reparto que por sí solo es una buena razón para verla.

Crítica de Asteroid City