martes. 27.02.2024
Nebulossa gana el festival de Benidorm 2024 con el tema 'Zorra'
Nebulossa gana el festival de Benidorm 2024 con el tema 'Zorra'

Aleix Sales | @Aleix_Sales

Después de un primer año marcado por la polémica de los resultados y un segundo donde hubo un mayor consenso gracias a una propuesta ganadora sin fisuras, el Benidorm Fest cerraba ayer su tercera edición con la final más abierta de su corta historia en la que, diluyendo cualquier conspiración de, cualquier cosa podía pasar. Los 164 puntos (de 176 posibles) de la segunda semifinal para el bolero de St.Pedro parecían sentenciar el resultado, pero afortunadamente, en una edición sin un pack incontestable, otras candidatas pugnaron por la victoria en una gala con emoción hasta el último momento.

Ruth Lorenzo, quien ejerció de copresentadora junto a Marc Calderó y Ana Prada, abrió la gala para su cometido profesional principal: cantar. Y lo hizo reinterpretando, en una clave balada rock, ese Dancing in the rain con la que representó a España en Eurovisión hace 10 años en Copenhague, quedando en un digno décimo puesto, algo por debajo de lo que merecía su performance. La murciana volvió a brillar, llevándose una sonora ovación del público (y probablemente de los comedores de las casas), dejando a más de un participante con las vergüenzas al aire. La mano inocente de la ganadora de la edición anterior, Blanca Paloma, había sorteado el orden de actuación de los finalistas, otorgándole nuevamente a María Peláe el pistoletazo de salida a la competición. La malagueña se había presentado con Remitente, probablemente el mejor tema de la cosecha y de más valor temático: una carta que despide o advierte de los momentos más negros de la historia del país, invocando a fusilamientos, fosas comunes o a la ejecución de las 13 rosas sin subrayados innecesarios. 

Que un grupo independiente como Nebulossa sea el triunfador da alas y salud a un Festival que debe todavía consolidarse en muchos aspectos

Peláe se subió al escenario con su aplomo habitual y, aun con una entrega superior a la semifinal del jueves, estuvo al máximo nivel interpretativo, desgarrando con su voz, traspasando la pantalla con cada gesto, mientras su cuerpo de baile la sacudía para luego caer en una zanja en la tierra, en medio de una esplanada de cruces iluminadas con un fondo que transitaba del rojo al azul. De todas las participantes, Remitente era la opción más completa en cuanto a calidad musical –tema con estructura original, mestizaje y mensaje trascendente-, interpretación -son innegables las tablas de Peláe y su personalidad como artista- y puesta en escena –aunando varios elementos armónicamente en una propuesta moderna de reminiscencias lorquianas-, pero, tras el injusto decimoséptimo puesto de la nana flamenca de Blanca Paloma, el complejo de que el flamenco no gusta en Europa se ha vuelto a instalar en la mayoría de los espectadores y jurados, dejando en una discreta sexta posición una candidata que no debía bajar del top 3. El bajo televoto (sexto) y demoscópico (séptimo) eran previsibles, pero el jurado profesional decepcionó al dejarla por debajo de otras opciones mucho más facilonas. Como se dice, no está hecha la miel para la boca del asno, y Remitente era una de las mieles de la presente convocatoria, que ya llegaba maldecida por el prejuicio de EaEa. Pero si María ha logrado transmitir su mensaje a una audiencia amplia, ya ha ganado.

St. Pedro durante su actuación en el del Benidorm Fest
St. Pedro durante su actuación en el del Benidorm Fest

El segundo de la noche fue el virtualmente favorito desde que salió su canción, St.Pedro y su bolero Dos extraños (cuarteto de cuerda). Tras convencer unánimemente al jurado y seducir a buena parte del público el jueves, la narrativa de mandar por primera vez un bolero a Europa parecía bastante comprada. Lo atractivo de la idea y la novedad del género acabó nublando una cuestión bastante básica en la que Dos extraños (cuarteto de cuerda) falla: la canción. Por muy insólito que sea el género, la canción de St.Pedro, pese a su elegante producción musical, no ofrece ningún giro que vaya más allá de lo rutinario en las fórmulas de su tipo de tema, y adolece de una letra plagada de lugares comunes. Y la puesta en escena no ayudó, apostando más por un juego de pantallas y bailarinas en sombra que fiando todo a la interpretación de un intérprete telegénico que con una mirada puede desarmar a uno. No hubo cohesión y la gran baza de la candidatura, su intérprete, tampoco aportó la excelencia vocal ni la sensibilidad interpretativa que pedía el tema, quedando todo un tanto frío para la calidez que debe conllevar un bolero y no llegando a arrancar la lagrimita que, por otra parte, 5 minutos antes María Peláe había sacado. Pese a estas percepciones subjetivas, St.Pedro logró conquistar al jurado (empatando en primera posición con Nebulossa) y llevándose la plata del certamen por la buena recepción que tuvo el público. Si este estupendo resultado sirve para que el Benidorm Fest se abra a otras sonoridades clásicas, St.Pedro ya habrá hecho una gran labor.

Tras convencer unánimemente al jurado y seducir a buena parte del público el jueves, la narrativa de mandar por primera vez un bolero [St.Pedro] a Europa parecía bastante comprada

Cuando se anunció que Angy Fernández como concursante seleccionada en el Festival, la mayoría de la sociedad se preguntaba si todavía estaba en activo como cantante, tras años dedicada a la interpretación. Sé quién soy es su purificación hecha actuación con la que librarse de los fantasmas del pasado y los demonios de una industria musical traicionera. En su versión en estudio no partía como una de las favoritas, pero desde que el martes la mallorquina pisó el escenario de Benidorm, todo el país volvió a recordar la potencia escénica de esa adolescente emo de 16 años que casi ganó Factor X en 2007. Angy fue uno de esos claros casos en los que un buen show y un desempeño interpretativo excelente pueden levantar cualquier cosa, por más básico que sea el tema. Sé quién soy es una canción pop-rock de fácil escucha, efectiva, pero genérica, con esa influencia artificial que viene de Suecia de la mano de Tomas G:son. Sin embargo, pasando por el filtro de Angy, el tema cobra vida, elevándose hasta coronarse como una de las propuestas más sólidas del año. Con la puesta en escena más coherente de la noche –junto a la de María Peláe- a base de un enfrentamiento con uno mismo y a las figuras fantasmagóricas, el carisma y potencia vocal de Angy se acaba adueñando de cada una de las palabras, vendiendo un básico como si fuera calidad premium. Ese gran desempeñó terminó en un merecido bronce para una Angy resucitada musicalmente y visiblemente emocionada con la que ha vuelto a recuperar el cariño del público. Si ya puede acabar de forjar su identidad de cara al futuro, mejor.

A pesar de que hace años, probablemente desde el Satellite de Lena en 2010 o la Euphoria de Loreen en 2012, que el Festival de Eurovisión ha avanzado, abrazando propuestas de mayor diversidad musical y estándares de calidad que pretenden desvincularse del pachangueo dosmilero que caracterizó el concurso en la década de los 2000, hay personas y participantes que se empeñan en llevar eso que convencionalmente se conoce como “lo eurovisivo”, cuando atendiendo a ciertas victorias de la última década (2016, 2017, 2021), este concepto debería estar deconstruido. “Lo eurovisivo” vendrían a ser temas bailables de beat marcado, letra facilona, coreografía vistosa, intérprete sensual, gritos metidos con calzador para demostrar alarde vocal y más pirotecnia que en las Fallas para dar color al escenario. Tras el “fiasco” en resultados del flamenco de Blanca Paloma, Jorge González se ha pasado toda la pretemporada pregonando que su propuesta de ritmos latinos es lo que Europa espera de España, erigiéndose como el faro en el que confiar yapoyándose en la senda que abrió el podio de Chanel con su SloMo. Si SloMo a nivel musical era una basicada genérica, cumplía con unos mínimos pasables y era defendida por una bestia escénica como la catalanocubana. El problema es que González no es Chanel ni Caliente cumple con esos mínimos. 

‘Caliente’ no alcanza las expectativas del show explosivo que Jorge González, en su tercer intento para ir a Eurovision tras 2008 y 2014, juraba entregar

Caliente es un latineo anclado en la pista 17 del disco 2 Caribe Mix 2004 compuesta por 2 frases y 4 palabras al azar y tejida a sobre una base musical pobremente producida que recuerda más al insufrible hilo musical de Idealista que a otra cosa. Un cúmulo de clichés que bien iban acompañados de una puesta en escena plagada, asimismo, de clichés: cuerpos esculturales sudados, humo, fuego y una coreografía. Salvo un inicio prometedor entre el vapor de una sauna y un vestuario provocativo pero con una cierta gracia, Caliente no alcanza las expectativas del show explosivo que Jorge González, en su tercer intento para ir a Eurovision tras 2008 y 2014, juraba entregar. La sensualidad rozaba la vergüenza ajena y la coreografía, que debía ser el contrapeso fuerte a la carencia musical de la propuesta, flaqueaba mucho. Porque el que tenía que ser el “Chanel masculino” no bailaba, se limitaba a posar, poner mirada de empotrador, tocarse el pelo y, cuando llegaba el momento del dancebreak –al parecer, el requisito que se lleva ahora en todos los certámenes musicales, cuánto daño ha hecho Chanel-, se reducía a 3 pasos de flamenco mal contados. Por si fuera poco, González, que al menos tiene un desempeño vocal correcto, realizó una actuación más floja que en la semifinal, llegando a equivocarse en la letra (?!) de su joyita. 

A pesar de lo fallidísimo de la propuesta en la mayoría de los apartados, era de esperar que arrasara en el voto del público (primero del demoscópico y segundo del televoto) ateniendo a los resultados del jueves demostrando que tiran más dos tetas (o dos pectorales impresionantes) que dos carretas, pero incomprensiblemente el jurado profesional le aupó a una quinta posición, por encima de otras propuestas de más calidad como Miss Caffeina y, sobre todo, María Peláe -quien había quedado por encima de él en la semifinal-. Cabe mencionar que el jueves, cuando Beatriz Luengo (portavoz del jurado profesional) otorgaba la quinta plaza del jurado con 42 puntos a González, dejándolo fuera de la final, el foso del Palau d’Esports Illa de Benidorm abucheó el veredicto obligando a Luengo a calmar los ánimos con la actitud más conciliadora de la Concha Buika de Operación Triunfo 2023. Al día siguiente, González afirmó que “los errores pueden corregirse”, en clara referencia a un supuesto trato injusto del jurado. Ello, sumado a ciertas presiones en redes de su equipo, ha podido explicar la remontada de González en las puntuaciones del jurado, demostrando que las presiones han hecho efecto, pese a realizar un pase peor que el del jueves. Todo ello sirvió para que Caliente se situara en la parte alta de la tabla en un sobrevalorado cuarto puesto, confirmando que para gran parte de la sociedad española todavía se debe alimentar el cánon de “lo eurovisivo”, cuando el Festival ya va por otros derroteros. Porque lo de Jorge González estaba mucho más cerca de aquel Llámame (“Hola mi bebebé”) de Rumanía que finalizó en 18 lugar en 2022 que del tercer puesto de Chanel. Afortunadamente, el consenso propició que se esquivara esta bala caliente que no era más que una involución en la representación española.

Nebulossa, grupo formado en 2018 por el matrimonio María “Mery” Bas y Mark Dasousa, se apuntó al Benidorm sin más pretensiones que acercarse para amplificar su trabajo nacido en un sello independiente

En un año sin una clara favorita, cualquier propuesta con un cierto fondo, sin ser redonda, tenía posibilidades de convencer. Tras una Chanel quedándose a las puertas del micrófono de cristal en 2022 -edición influenciada por motivos extramusicales a causa de la Guerra de Ucrania-, y de la infravaloración de Blanca Paloma llevando una de las mejores actuaciones del año, había un cierto desencanto. Ya nos da igual convencer a Europa, si aun mandando calidad no se es debidamente valorado. Y es en este cambio de mentalidad lo que ha permitido destensarse y ser disfrutones en la elección del representante a Eurovisión. A simple vista, la ganadora de la noche, Zorra de Nebulossa puede parecer una petardada con la que ser el hazmereír de la noche, pero lo cierto es que desde el día 1 siempre ha sido la mejor canción de las seleccionadas, junto a María Peláe y Miss Caffeina. Porque es un electropop pegadizo, bailable que, a su vez, sirve a un mensaje de liberación femenina e independencia personal universal muy acorde a los tiempos actuales que, si además es defendido por una mujer de 55 años, cobra una especial relevancia en una sociedad edadista que destierra la madurez femenina a la irrelevancia. Y esto el jurado lo ha sabido detectar desde el primer día.

Nebulossa, grupo formado en 2018 por el matrimonio María “Mery” Bas y Mark Dasousa, se apuntó al Benidorm sin más pretensiones que acercarse a un altavoz desde el que amplificar su trabajo nacido en un sello independiente. Lo que no sabían es que llevaban el himno de la edición y, por fin, tras no elegir los temas que más han acabado triunfando en sus años -Ay mamá de Rigoberta Bandini en 2022 y Nochentera de Vicco en 2023-, el Benidorm ha abrazado a su tema más reproducido y coreado por el público del Palau. No hay ninguna fórmula para ganar el Benidorm o Eurovisión, pero lo que sí es fundamental es tener un buen tema. Zorra, por todo lo mencionado anteriormente, lo es, y eso ha sido suficiente para ganar el micrófono de bronce del concurso. Todo lo mejorable de la puesta en escena como si fuera un burdel masculino regentado por una mujer empoderada o la voz que debe curtirse más en directo de Mery fue suplido por el poderío de una canción contagiosa, divertida, coreable y, lo más importante, que no es una banalidad. Que no junta frases porque sí. Que tiene un mensaje de calado enviado de una forma efectiva para todo el mundo. Lo musical se acaba imponiendo al maquillaje de las actuaciones y que un tema logre tal conexión con el público es un síntoma de ganador. El jurado premió la originalidad del tema, empatándolo con St. Pedro, mientras que el tercer puesto del demoscópico y el primero del televoto alejaron las distancias con el bolero y confirmando que Zorra es la opción de consenso. 

Hace 40 años, en 1983, Las Vulpes sufrieron el látigo de la censura en TVE cuando acudieron al programa Caja de Ritmos a presentar su single Me gusta ser una zorra, levantando polvareda en la sociedad, esferas episcopales, y llevando al programa a su cancelación por su actitud descarada y provocadora en una España recomponiéndose del Franquismo. Es poético que, 40 años más después, RTVE lleve a Europa una señora que pregona a los cuatro vientos que le gusta ser una zorra, que le da igual ser apelada así y que lo único esencial es sentirse bien consigo misma al margen de todo el ruido de fondo. Como si una de esas jovencitas punk de los 80 vilipendiadas por erigirse como sujeto independiente hubiera encontrado, cuatro décadas después y un bagaje vital a sus espaldas, la complicidad de una sociedad algo más libre para proclamarse lo que quiera. Mucha gente pronostica que Zorra es carne de bottom 5 en Eurovisión. A falta de conocer la competencia, dudo mucho que se lleve el micrófono de cristal, pero es temprano para lanzarse a veredictos apocalípticos. Y más cuando Eurovisión sigue siendo imprevisible y está dispuesta a abrazar propuestas originales, auténticas y desacomplejadas. Zorra tiene mucho de ello, así que podría hacer un buen papel. Y si no lo logra, por lo menos nos lo habremos pasado en grande con ella, porque esa es la virtud de su propuesta.

No hay ninguna fórmula para ganar el Benidorm o Eurovisión, pero lo que sí es fundamental es tener un buen tema. ‘Zorra’, por todo lo mencionado anteriormente, lo es

Tras la ovación del público y del jurado, la catalana Sofia Coll, quien había pasado por el casting de Operación Triunfo 2018 y concursó en el talent show de TV3 Eufòria, demostró su enorme capacidad escénica y pudo resarcirse de su irregular empeño vocal del martes –lastrado por los problemas técnicos que ha acarreado RTVE a lo largo del Festival- con una actuación festiva y variada. Here to stay es eurodance puro y duro, cantado en 3 idiomas, decentemente producido, musicalmente eficaz y defendido por una artista magnética que esta semana no habrá ganado el Benidorm, pero sí un contrato con Universal Music. Sin ser de los mejores temas de la edición, Coll elevaba la propuesta con un buen hacer juvenil del que cabe esperar un futuro prometedor y firmó la coreografía más espectacular de la noche sin lugar a dudas. La puesta en escena, de inspiración daliniana, devino un tanto errática y no permitió brillar tanto a la propuesta por más de un error en la concepción y ejecución. En una final tan competida donde había un nivel bastante similar entre las candidatas, esta inconcreción terminó dejando a la catalana en el penúltimo lugar de la clasificación. Una decisión bastante comprensible para una intérprete que ha sabido usar el Benidorm Fest como trampolín definitivo para su carrera. Más que suficiente.

La asignatura pendiente del Benidorm Fest es traer grandes nombres de la industria musical española. Después de un 2023 al que se criticó la falta de figuras célebres más allá de exconcursantes de Operación Triunfo con baja popularidad ávidos de un buen hit, este año se ha avanzado ligeramente en este camino con María Peláe, Marlena o Miss Caffeina. El trío madrileño, uno de los exponentes del indie patrio, han sido un reclamo necesario para ampliar las miras del festival, saliéndose de los moldes de lo estrictamente eurovisivo o popero. Sin ser uno de sus mejores logros –el hecho de componerlo en unos parámetros para el festival le ha restado riesgo-, Bla Bla Bla ha sido de los grandes temas del año e injustamente valorado durante toda la temporada. El pop refinado del grupo queda musicalmente patente, acompañando a uno de los mejores textos de la edición, hecho suficiente para merecer una buena posición en la clasificación. Aunque la puesta en escena distrajo por momentos y el juego de escaleras supuso un pequeño lastre para que fuera orgánica, el vocalista Alberto Jiménez sostuvo los 3 minutos del tema holgadamente gracias a su experiencia y a una simpática coreografía de manos. Quedaron últimos en todos los ámbitos, pero pueden irse con la cabeza bien alta. En su alegato para captar el voto, animaron a otros compañeros de movimiento a participar en futuras ediciones. Esperamos que acudan a su llamada, porque son necesarios para realzar el nivel musical del concurso.

Si hubiera un tema que tuviera que definir el panorama musical mainstream español de 2024 ese sería Brillos platino de Almácor. Una canción urbana de 2 minutos y medio que se concentra en un tema tan usual y básico como el ligoteo en la discoteca, cantado por alguien de vocalización cerrada que arrastra las sílabas, y apoyado en el autotune, en la línea de Quevedo o Saiko. Lo que puede parecer un horror a primeras, sin embargo, toma otro cariz porque Brillos platino ofrece muchos elementos con el que conquistar. La base musical es competente, el tema tremendamente pegadizo y esos “labios mojados de vino y yo muriendo de sed” de la letra ya demuestran que el texto está por encima de la media del género. Y Almácor es un arma de doble filo. En la negativa, su voz en directo falla constantemente y desnuda las carencias vocales que la tecnología es capaz de maquillar, como a otros compañeros de estilo. En el positivo, Almácor es puro carisma en el escenario (junto a unos filtritos de Instagram divertidos), su gracia es capaz de llenar toda la palestra y contagiar al público con la cercanía de un amigo. Si es capaz de jugar bien sus cartas, seguir entregando hits tan efectivos y saber aprovechar su campechanía, va destinado al estrellato. La madera la tiene y el Benidorm Fest ha sido un escaparate para mostrarla. 

Es necesario dejar Eurovisión en un segundo plano y apostar por una mayor independencia del Benidorm. Aplicar el modelo italiano de San Remo y montar un festival alrededor de la canción española

Es una lástima que Brillos platino fuera víctima de los problemas técnicos de RTVE y se impidiera que la luz de la cascada de fuegos iluminara el show de Almácor en la recta final por todo lo alto. Al cabo de 20 minutos, cuando las líneas ya llevaban abiertas, Ruth Lorenzo salió al escenario para mencionar el error y pedir disculpas a Almácor, lo que llevo al estadio a un sonoro abucheo que derivó a una petición a gritos para que el valenciano repitiera su actuación. Minutos después, se denegó la petición y la crisis fue zanjada con la reiteración de la disculpa por parte de Marc Calderó y una Lorenzo pasando por un mal momento. Honestamente, RTVE debería haber tenido manga ancha para permitir repetir el número y dejar a todo el mundo contento.

Esta no fue la única polémica de la noche. No teniendo suficiente con actuar en la primera semifinal, donde competía su hermano Tony Mateo como integrante de Lérica, Abraham Mateo volvió a pisar el escenario del Benidorm Fest interpretando un medley de temas propios, que incluía el Clavaíto que firmaba a dueto con Chanel. Un rato después, Chanel publicaba en Threads un post donde tildaba de falta de respeto a ella y al público que no se la hubiera invitado a cantar el tema junto a Mateo. Decisión incomprensible teniendo en cuenta su victoria hace 2 años y lo que aporta a la marca Benidorm. Como también fue indecente no dejar actuar a Blanca Paloma, ganadora del año pasado, y tenerla solamente para entregar el micrófono de bronce. Si el Benidorm quiere sobrevivir, tiene que cuidar a los artistas que le han dado entidad y nombre.

Poco antes de las deliberaciones del jurado y tras la crisis de Almácor, Camela calmó los ánimos interpretando su tema insignia Lágrimas de amor, recibiendo un cierto prestigio después de 30 años de mofas de la crítica y percepción de baja cultura por toda la sociedad. El jurado desveló progresivamente sus votos llevando a un empate -inédito hasta entonces- en la primera posición a Zorra de Nebulossa y Dos extraños (cuarteto de cuerda) de St.Pedro. El público fue el encargado de dirimir quién de los que se llevaría el billete Malmö, siendo para el grupo valenciano por 156 puntos totales frente a los 139 del canario. Tras una primera edición sellada por la polémica en torno al amaño del voto del jurado, que ensalzó a Chanel y hundió a Tanxugueiras, quienes contaban con un 70% de apoyo del público; y una segunda donde el jurado vendió todo el pescado a favor de Blanca Paloma, dejar en manos del público la decisión final ha sido un acierto que lava y purifica la imagen de un festival siempre bajo la sombra de la sospecha de los intereses de RTVE o las discográficas. 

Que un grupo independiente como Nebulossa sea el triunfador da alas y salud a un Festival que debe todavía consolidarse en muchos aspectos. Por un lado, la involucración del público. No puede ser que no haya una aplicación gratuita para votar y conseguir una representación más fiel del gusto de los espectadores. 26.000 votos en una final son miseria para la audiencia cosechada de cerca de 2 millones de personas. Y más teniendo como ejemplo simultáneo las millonarias votaciones en la presente edición de Operación Triunfo. Por otro lado, los incontables errores técnicos que entorpecen la experiencia. Todo debería estar más por la mano. A su lado, las discutibles decisiones artísticas y el relego a un segundísimo plano de ganadoras anteriores y participantes previos que bien merecen más atención en las galas. Finalmente, es necesario dejar Eurovisión en un segundo plano y apostar por una mayor independencia del Benidorm. Es decir, aplicar el modelo italiano de San Remo y montar un festival alrededor de la canción española donde el certamen europeo es una opción para el ganador. De buen seguro que eso quitaría presión a los artistas, permitiría más libertad creativa y, por ende, hacer del festival valenciano un escaparate musical más robusto e influyente. Solamente así se consolidará y perdurará a lo largo de los años. Los cambios se verán el año que viene. Ahora toca ser unas zorras disfrutonas.

 

Al 'Benidorm Fest' le gusta ser una zorra