martes. 23.04.2024
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Martha Coolidge.

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Ainhoa Mela | @ainhoacriticas

Para muchos el nombre de Martha Coolidge (Connecticut, 1946) no les resultará familiar. Directora de películas con cierta notoriedad como “Valley Girl” (1983) que lanzó la carrera de Nicolas Cage, “El precio de la ambición” (1991) o más recientemente “El príncipe y yo” (2004), Martha Coolidge es una de esas pioneras a las que la historia le hará un hueco.

Corría el año 1976 cuando la primera y única mujer presidenta del sindicato de directores estadounidenses, estrenó su ópera prima. Hasta ese año ninguna mujer había conseguido una nominación en la categoría de mejor dirección en las 48 ediciones de los premios Oscars. Hubo que esperar un año más para ver a Lina Wermuller recibir una nominación para la historia y 33 años más para ver a Kathryn Bigelow romper esa barrera invisible que había alejado a las mujeres directoras durante décadas del tan ansiado reconocimiento.

Con una determinación que la haría rompedora de tabúes, techos de cristal y estereotipos, Martha Coolidge no sólo se aventuró a trabajar en un gremio y en un tiempo en el que las mujeres detrás del objetivo eran escasas y generalmente invisibles ante el reconocimiento, sino que inició su andadura con una película innovadora y una temática revolucionaria.

Y es que en un periodo en el que el feminismo empezaba a florecer en Estados Unidos y la cultura de la violación era una realidad de la que apenas se comenzaba a tomar conciencia, Martha Coolidge estrenó “Not a pretty picture” (1976), una cinta educativa y desgarradora que ahora recupera Atalante en cines en copia 4k.

Basada en una experiencia personal de la directora, esta obra que combina ficción y realidad documentada al más puro estilo making off aborda la historia de una violación sexual y las consecuencias que acarrean en la víctima, convertida en verdugo a los ojos de la sociedad que la rodea.

Con un carácter lineal, Martha Coolidge nos adentra en una de esas historias que se suceden con frecuencia. Una joven decide ir a pasar un divertido fin de semana a Nueva York con un grupo de amigos. Pero nada acaba siendo lo que prometía. Acorralada en un ambiente y en un lugar que la es desconocido por uno de esos hombres irreverentes, vanidosos y persuasivos que creen que todo les pertenece, sufre una agresión sexual cuyos efectos la perseguirán de por vida.

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Señalada por todos como la culpable y no la víctima de lo que ocurrió, la protagonista interpretada por Michelle Manenti, víctima al igual que su directora de una agresión sexual, se desnuda en una película que no tiene miedo a generar debate y abrir los ojos ante una realidad muchas veces silenciada.

Intercalando escenas de ficción con reflexiones y diálogos entre de los actores protagonistas y la propia directora sobre la violencia sexual y sus terribles consecuencias, “Not a pretty picture” disecciona el terrible y abrumador poso que los agresores dejan en sus víctimas.  Sentimientos como la culpa, la vergüenza, la soledad o el miedo, eternos presentes en las víctimas de la violencia sexual se debaten sin tapujos y la historia creada por Martha Coolidge se diluye entre las experiencias personales de los actores que se abren al espectador y denuncian sin miedo, a una sociedad que abandona y ridiculiza a las víctimas de la violencia sexual. “Conozco a chicos que no entienden que esto es una violación” llega a afirmar Jim Carrington, el actor que da vida al verdugo de esta historia.

Remarcando el consentimiento como centro de todas las relaciones, “Not a pretty picture” se estrenó para rebatir los estereotipos y las denigrantes excusas con las que se culpabiliza a las víctimas de las agresiones y ahora vuelve a nuestras pantallas casi 50 años con un discurso desgarrador que por suerte o por desgracia sigue siendo tan necesario como actual.

'Not a pretty picture': la abrumadora denuncia de la cultura del abuso