sábado. 02.03.2024
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Keita |

Este pasado 27 de octubre se ha estrenado el nuevo largometraje de Marie-Castille Mention-Schaar, una directora francesa con una notable filmografía orientada a la denuncia social. Si repasamos su reciente trayectoria no se nos despertará ningún deseo por ver sus trabajos más allá de un domingo de sobremesa. Con Les héritiers (2014) se adentró en las disyuntivas raciales a través de una profesora de historia, tema que explotará al máximo en Le ciel attendra (2016), doCINE FRANCÉSnde la delicadeza y el buenismo queda apartado en un drama sobre islamismo radical. Su abanico de luchas se abre aún más con La fête des mères del año 2018 hacia un feminismo blanco edulcorado y maternal, para enfocarse dos años después en A Good Man, un intento desastroso de charla distendida sobre la transexualidad con un chico trans encarnado en una Noémie Merlant bajo una barba postiza.

En definitiva, no tenía ningún interés en Divertimento fuera de buscar las torpezas lacrimógenas y las pretensiones de hacer un cine elevado que terminara cayendo en un cinefórum de secundaria. Y, aun así, me sorprendió.

Debemos entender, en primer lugar, que todo en la película es insípido, desde sus planos, hasta sus personajes tipificados y su propia historia. Es como si se hubiera rodado siguiendo un manual de instrucciones; un plano dorsal de seguimiento pretencioso de la típica niña que se interesa por la televisión de los adultos y cuyo insomnio marcará su vida profesional (trilladísimo), una vocación que no termina de entenderse y que no se profundiza en ella, una bacanal de tecnicismos, autores y citas ñoñas para darle dificultad y majestuosidad al asunto y alrededor de 45 minutos sobrantes de metraje.

Los personajes: padres sin ningún tipo de expresión, bullies embalsamados y críticos y profesores hombres muy imponentes y paternalistas que, en algún momento del filme, se habrán equivocado con las aptitudes de las protagonistas. Me cabrea, en cierta parte, que historias tan potencialmente feministas y con tanta verdad jueguen dentro de los márgenes de personajes masculinos y la propia narrativa pretenda su aceptación o, en algunos casos, los romantice.

Eso sí, las interpretaciones de Oulaya Amamra como Zahia y Lina El Arabi como Fettouma son impecables, tiernas, comedidas y en las que el silencio y la vergüenza se cuelan en los juegos de miradas. Si algo me ha hecho empatizar con la historia han sido ellas.

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Se agradecen también los momentos cotidianos en los que Zahia entra en éxtasis con los sonidos urbanos, así como las secuencias en las que esta ensaya y las tomas de contacto con aquellos personajes que no se encuentran dentro de las élites. Desprenden un poco de realidad y nos brindan tiempo para entrar en ella.

La banda sonora también favorece a un montaje bastante descuidado y, a veces, descompasado. Y, sin entrar en spoilers, el final tiene algo que me ha terminado calando y ha amortizado mi caída.

En definitiva, la película no es mala, cumple con su función, aunque tenga unas intenciones de erguirse como un drama lacrimógeno elevadísimo. Es interesante el elemento documental, el componente de realidad que esconde es lo que me mantiene atento pese a que se trata de una historia que hubiese sido más inteligente contar de otra manera, quizás a través de un documental a la vieja usanza.

Para aquellos que busquen algo que ver algo sin más o para los fans de películas suaves de superación, genial. Para los que realmente quieran ver un cine social o citarla en estudios feministas, en absoluto.

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