Fan-áticamente berlanguianos: un innovador documental de José Luis García Berlanga ilumina la vida y la obra de su padre
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Antonio Lázaro
He dedicado varios artículos a lo largo del tiempo al gran Berlanga. Tuve el privilegio de tratarle en diferentes ocasiones. En una de ellas, acompañado de Michel Piccoli, gran estrella gala y su actor fetiche en Grandeur nature y Paris-Tombouctú, además de amigo. Soy firme partidario de las tres Bés: creo que el cine español del siglo XX está prioritariamente encarnado en la tripleta Buñuel-Bardem-Berlanga. Que la filmografía berlanguiana expresa no tanto un imaginario creativo personal de excepción, que también, sino la quintaesencia, el alma y el cuerpo, de toda una nación.
Tuve la fortuna de colaborar en uno de sus proyectos, una serie documental que José Luis dirigió sobre la Ruta quijotesca y en la que intervine como asesor documentalista
José Luis García Berlanga, cineasta, tiene una intensa y extensa filmografía en cine y tv, quizá más volcado a las series de televisión. Como productor, guionista, realizador y director acredita casi medio siglo de dedicación al llamado séptimo arte. Es un todoterreno que hizo su meritoriaje en rodajes norteamericanos en España (como Conan el Bárbaro, de John Milius), impulsó y co-creó la nueva comedia madrileña, fue ayudante de dirección de su padre, dirigió un thriller trepidante, Barrios Altos (1987), y ha dirigido decenas de episodios de series nacionales de máxima audiencia (Hospital central, Sin tetas no hay paraíso, etc.). A mí siempre me ha parecido una genialidad berlanguiana crear, como él hizo, una serie, también exitosa, a partir del anuncio de un lavavajillas infalible con el “socarrat” de las paellas comunales: Villarriba y Villabajo (1994).
Siempre se ha asociado a la movida madrileña a sus hermanos Carlos, excelso letrista pop y co-líder de Alaska y los Pegamoides y Dinarama, y Jorge Berlanga, traductor de Bukovski, escritor y gran guionista (varias veces, en los créditos de algunas películas de su padre). Ciertamente, fueron referencias, puntales sin los que ese movimiento de despegue e inserción de Madrid entre las grandes ciudades de la Vanguardia no sería comprensible. Pero José Luis, primogénito de la saga, formó parte también de esa efervescencia y contribuyó (en labores de producción) a lanzar un género, la nueva comedia urbana madrileña, con títulos como Tigres de papel (1977) o Qué hace una chica como tú en un sitio como este (1978), al que posteriormente se incorporó, arrolladora, la filmografía de Pedro Almodóvar. Y que ha dado nombres tan influyentes como Fernando Colomo, Carmen Maura, Fernando Trueba, Antonio Resines, Óscar Ladoire, Joaquín Hinojosa, Félix Rotaeta, Marta Fernández Muro y otros, que emergen, en parte, de lo que también se llamó “Escuela de Yucatán” (nada que ver con el paraíso maya, sino más bien con la cafetería de la glorieta de Bilbao donde hacían tertulia algunos de ellos).
Personalmente, tuve la fortuna de colaborar en uno de sus proyectos, con motivo del centenario de la primera parte del Quijote (2005), una serie documental que José Luis dirigió sobre la Ruta quijotesca y en la que intervine como asesor documentalista. Lo recuerdo eficiente a la hora de dirigir ese pequeño ejército que todo rodaje comporta y siempre amable, con la sonrisa presta a asomar a su rostro, tanto en las reuniones preparatorias en la productora de Valencia como en el rodaje efectivo, en Toledo y en ese verde mar en que los viñedos transforman en verano a La Mancha.
Tras unos años de dedicación a la gastronomía, haciendo de embajador en la Corte de las delicias valencianas, ha regresado felizmente al audiovisual, que en realidad no ha dejado nunca. Y está dedicando una parte importante de su labor a recopilar, ordenar y difundir el ingente, torrencial legado de su padre. Un legado tan potente que se mantiene y acrecienta por sí mismo. Tiene razón José Luis al subrayar la modernidad y vigencia de las películas de su padre. Otros clásicos mantienen su calidad pero se resienten del paso del tiempo. El plano secuencia berlanguiano, su comprensión de las grandezas y humanas flaquezas (con especial foco en las celtibéricas), su sentido del humor (ora tierno, ora cruel) no decaen: los títulos de Berlanga recorren un presente continuo, mantienen una admirable frescura.
Hay varios tópicos en torno a su padre que José Luis desmonta: una cosa es tener un cierto síndrome diogénico y solipsista y otra ser caótico o desordenado
En 2025, el Festival de Málaga ha acogido el estreno de Fanáticamente contradictorio, un documental que recoge en 65 minutos biografía y filmografía del maestro, pero desde el interlineado, el negativo sin revelar, el anverso de la página, lo sótanos y los desvanes. Nunca mejor dicho. La acción se desarrolla mayormente en un inmenso almacén o trastero en que por primera vez visualizamos eso de lo que él propio Luis tanto habló, su afán coleccionista, sus manías, su fetichismo, su lado austrohúngaro, en definitiva. Nada que él, un tímido inconteniblemente locuaz, no hubiera contado ya, pues odiaba tanto a la censura que jamás la hubiera ejercitado con él mismo, espíritu libre e irreductible. Pero José Luis, por medio de este documental, tiene la valentía y la generosidad de mostrárnoslo, de permitirnos bajar a ese sótano donde no hay cadáveres escondidos sino mucha pasión por la vida.
Y no es lo mismo ver, presenciar, estar, que esperar a que te lo cuenten. Hay varios tópicos en torno a su padre que José Luis desmonta: una cosa es tener un cierto síndrome diogénico y solipsista (no tirar un papel, no desechar un objeto así como así, por ínfimo que pueda parecer) y otra ser caótico o desordenado. Minuciosos “story boards”, cálculo del ordenado follón humano en los planos secuencias (donde llegaban a confluir hasta 10 actores), minuciosa planificación. Luis G. Berlanga sabía imponer un cierto orden en la horda. Hay fotos, bastantes, del director comprobando el plano en el visor de la cámara. No todos los directores lo hacían. Bertolucci, por ejemplo, alardeó en algún momento de no hacerlo. Y entre sus máximas figuraban estas dos: querer a los actores y procurar no pasarse de presupuesto.
Mostrando grandes dotes de narrador, José Luis revive a su padre en decenas de pantallas de televisor y organiza una larga conversación con la actriz-presentadora (Eva Isanta), en que no queda títere con cabeza ni etapa o faceta de su vida y de su obra sin tocar y desvelar. Una banda instrumental, comandada por Mastretta, acompaña con músicas, compuestas por él, que evocan las películas de Berlanga, este paseo por los entresijos de un personaje decisivo en la cultura española contemporánea y en el cine europeo.
Cerca del centenar fueron los guiones de Berlanga que no llegaron a engrandecer el adjetivo berlanguiano. Luis no cultivaba el victimismo y no quiso cargar con la culpa de todos esos noes a la Sacrosanta censura, responsable de buena parte de ellos, sino que era consciente de lo piramidal de toda dedicación artística y creativa. La gran idea de José Luis ha sido filmar algunas escenas emblemáticas de ese cine imposible o no posible de su padre, con actores como Arturo Valls, Ernesto Sevilla o Agustín Jiménez. Otro gran acierto de este documental, que no decae en ningún momento y nos hace añorar más minutaje (¿quizá una segunda entrega?).
Cerca del centenar fueron los guiones de Berlanga que no llegaron a engrandecer el adjetivo berlanguiano
A plena luz de un ameno jardín, Jorge, uno de sus nietos, lee cartas y poemas de Luis. Dibujaba bien y escribía mejor todavía, me parece. Uno ignoraba que se hubiera presentado al premio Adonais. De las tenebruras del trastero a la luminosidad exterior: parece un guiño de José Luis, toda una promesa de transmisión y de futuro para la obra berlanguiana.
Este singular documental, excepcional, muy innovador e imprescindible para cinéfilos, fans de Berlanga y estudiosos de la España del siglo XX, está accesible en la web de la obra cultural de una conocida entidad financiera. Berlanga, Fanáticamente contradictorio: basta con registrarse y pinchar.