jueves. 04.06.2026
LIBROS

Esa extraña pareja: Luis G. Berlanga y Jess Franco ('Las memorias caóticas' de LGB)

Debo decir de entrada que de caóticas, nada. Sus capítulos siguen con bastante rigor la filmografía de Berlanga, que si no extensa, sin duda fue, y es, intensa.

Berlanga y Jess Franco
Berlanga y Jess Franco

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Antonio Lázaro

Tenía este libro, editado en 2005, probablemente desde ese mismo año. Lo debí de hojear, más que ojear, y solo ahora, veinte años después, me ha dado por leerlo. He disfrutado a fondo y a tope haciéndolo. Lo recomiendo vivamente.

La magna exposición itinerante sobre el universal cineasta valenciano, que yo vi en Valencia hace unos pocos años, y los valiosos documentales que su hijo, hombre también de cine, viene dedicándole, no neutralizan por completo ese interregno de brumoso olvido que, inevitablemente, se cierne sobre los grandes creadores tras su fallecimiento.

Debo decir de entrada que de caóticas, nada. Sus capítulos siguen con bastante rigor la filmografía de Berlanga, que si no extensa, sin duda fue, y es, intensa.

Extraña pareja, hemos titulado. Quizá no tan extraña. Tío Jess era un tipo cosmopolita y divertido, capaz de congeniar con los más grandes. Ahí está su montaje del Quijote de Orson Welles

(Queda fuera de comentario la tv movie, para mí bastante estimable, casi al final de su carrera, una suerte de biopic dedicado a ese genial, como escritor y como personaje, valenciano que fue Vicente Blasco Ibáñez. Uno de los primeros guionistas internacionales, de los pocos, que hemos visto triunfar en Hollywood. No sé si fue en La Pepica o El Estimat, históricos restaurantes de la Malvarrosa, donde cerró un acuerdo, hablando de dólares con el americano de turno en los lavabos. ¿Mito o realidad? Así recuerdo aquella historia.)

Lo primero que sorprende es la veracidad, a tumba abierta, que estas memorias destilan. En lo profesional, creativo y artístico. Pero también en lo personal, analizando intimidades, asuntos familiares, capítulos gozosos, y también los dolorosos, humanamente hablando. ¿Quién habla en este libro? No conozco la génesis ni las circunstancias de composición de la obra, pero la voz que me llega es la de Berlanga. (Tuve la suerte de conocer a Luis García Berlanga desde muy joven, por amistad familiar. Su exuberancia, amenidad y simpatía se reconocen bien en este libro.)

Parece que Jess Franco hizo de transcriptor y ordenó las torrenciales declaraciones que debieron de sostener. Este heterodoxo francotirador de nuestro cine fue ayudante de dirección primero de Bardem y luego de Berlanga, nada sospechoso ninguno de los dos de adictos a la serie B que Franco cultivó en su copiosa filmografía.

Extraña pareja, hemos titulado. Quizá no tan extraña. Tío Jess era un tipo cosmopolita y divertido, capaz de congeniar con los más grandes. Ahí está su montaje del Quijote de Orson Welles, tan cuestionado; que, si no acaba de funcionar, no es por culpa de los gags y morcillas que añadió Franco sino porque Orson no redondeó el o los rodajes previos. No, desde luego, al nivel de sus versiones shakespearianas, que es lo que el Quijote merecía. Estaba en España disfrutando de la buena mesa, de las corridas y de los cócteles de Jockey y de Chicote. Y no es un reproche, quién hubiera podido ver, acodada en la barra, a Ava Gardner, aunque fuera de lejos. Siempre lo digo y lo sigo diciendo ahora: el Quijote todavía aguarda la adaptación al cine que merece. Pero esa es otra historia.

No solo le debemos el formar parte de “Las Tres BBB”, marca imbatible del mejor cine hispano: Buñuel, Bardem, Berlanga

En una pausa de rodaje
En una pausa de rodaje

Volvamos pues a Luis Berlanga.

Su filmografía se comprende bastante mejor tras la lectura de este libro. Y en su afección de creador parece guardar mayor estima a títulos como Tamaño natural o a su genial testamento París-Tombuctú, quizá no suficientemente reconocidas y valoradas, que a sus obras generalmente tenidas como cumbres, Bienvenido Mr. MarshallEl Verdugo o Plácido. Incluso, su relación con Rafael Azcona, que siempre se ha considerado un antes y un después en su cinematografía, no parece tan determinante en su percepción, reconociendo la gran aportación a sus guiones del enorme guionista que Azcona fue. Incluso, lamenta más de una vez que Azcona nunca aceptara la posibilidad de adaptar un argumento original suyo, del propio Azcona. Que solo trabajaba con él en colaboración, a partir de argumentos de Berlanga. De hecho, subraya que su sistema de trabajo era ninguno… Aquejado, según él mismo, de verborrea (graforrea, precisa para el libro, y esto sí me suena más a Tío Jess), añora aquellos lustros de grata colaboración, en que charlaban y escribían guiones, a menudo en la deliciosa terraza de la Kontiki, junto a los Nuevos Ministerios.

Es de destacar que recuerda con predilección títulos como Novio a la vista o Calabuch, y que le sorprende comprobar una cierta tendencia a recuperar favorablemente obras que él considera fallidas como La Boutique. Fallida la película como producción de cine, no así la experiencia bonaerense y argentina, que evoca como magnífica.

Hay historias ciertamente chocantes. La mayor censura de Los jueves milagro procedió, al parecer, no tanto del departamento ad hoc del Ministerio de Información y Turismo, o dondequiera que radicase en aquel momento, como del coproductor italiano, fundamentalista católico.

Lo que sí exhibe con orgullo Luis Berlanga es su gran aportación, la de su peculiar plano secuencia, que refleja formalmente la manera de conducirnos en sociedad, superponiendo discursos, quitándonos la palabra, interaccionándonos en un juego de voces, roces, silencios y miradas. 

Su filmografía se comprende bastante mejor tras la lectura de este libro. Y en su afección de creador parece guardar mayor estima a títulos como Tamaño natural o a su genial testamento París-Tombuctú

Pero dejemos que sea el maestro quien lo explique:

“Siempre he querido que mis películas sean un trozo de vida y no una ficción, por eso me lancé al plano secuencia, por la fluidez que imprime a la escena y por su humanización… Si los personajes eran muchos, mejor: las carencias se notan menos. Y si se equivocan en una palabra o en medio de una frase, ¿qué pasa? ¿No se equivocan ustedes en la vida? ¿No balbucean? Esta tendencia al barullo y al caos se hace cada vez más fuerte en mí y más patente… He llegado a la conclusión de que necesito que no haya un solo protagonista.”

Se trata, en definitiva, de un mecanismo para expresar la incomunicación humana mucho más eficaz que la soledad de la diva esperando una llamada que no se produce. (Luis no llegó a verlo enteramente: hoy la incomunicación es una de esas reuniones con todos los asistentes atentos a su móvil respectivo). Humano, demasiado humano. Y no solo los españoles. Con unas cuantas copas o jarras de por medio, los flemáticos británicos o los gélidos nórdicos son susceptibles también de jugar en uno de esos plano-secuencias berlanguianos.

Berlanguiano: ya llegamos al adjetivo. 

Es un gran logro conseguir que un apellido dé ese salto semántico que lo universaliza y sirve para describir un sinfín de situaciones. Pocas personas y obras lo han conseguido. Buñueliano (o buñuelesco) existe, pero su nivel de percepción es mucho menos diáfano. Puede aludir a algo bizarro, antinatural (una cabeza humana como badajo de campana, los asistentes a un banquete que no pueden salir de la sala) o surreal, en un sentido amplio y difuso. Pero berlanguiano, incorporado al campo semántico de lo esperpéntico, es el follón, la algarabía, las casas de la Troya y de Tócame Roque juntas y revueltas, el cisco, esa picaresca que no cesa: un patrimonio nacional, divertido y cachondo, pero que somos incapaces de reconducir y de gestionar en lo que toca a su lado oscuro (corruptelas y mordidas). Hay una película de Berlanga que, por desdicha, cobra permanente actualidad: Todos a la cárcel.

Se trata pues de un libro apasionado, apasionante y muy entretenido, de llamativo título: Bienvenido Mister Cagada. Ah, ¿qué de dónde viene lo de Mr. Cagada? Pues, al parecer, cuando se rodaba a satisfacción un plano de Bienvenido Mr. Marshall, Berlanga exclamaba: “Vaya cagada”

(Quiero recordar aquí a uno de sus coguionistas en esta trepidante película, Jorge, hijo de Luis Berlanga, gran escritor, director que fuera de la Mostra de Cinema Mediterrani de Valencia, genial traductor del gran Bukovski, prematuramente desaparecido, como antes, en vida del director, otro de sus hijos, Carlos, cofundador de Alaska y los Pegamoides, una pérdida que en estas memorias se refleja desde una desolación extrema, tanto por parte del propio Berlanga como de María Jesús Manrique, su esposa).

La coralidad, cierta tendencia al esperpento, la fuerza del deseo, muchas cosas aproximan las dos B de Berlanga y Buñuel, siendo tan diversas sus filmografías. Por ello, con respeto pero sinceridad, en estas memorias el cineasta valenciano lamenta no haber tenido una mayor relación y empatía con el director calandino, fuera de un cordial primer encuentro. Concretamente, deplora que Tamaño natural, al parecer, no le gustara a Buñuel. “Me parece que es mí película más cercana al cine de Buñuel. Creo que incluso la atmósfera recreada del gabinete de aquel dentista solitario era muy de él y puede que también se debiera a la presencia de Piccoli, un actor habitual del aragonés-mexicano.”

Más allá de su propia obra, singular y fascinante, incombustible, este libro es una lección amenísima de cine y una premonición de por dónde íbamos a caminar tras la revolución digital. Rodeado de una troupe en la que destacaban Angie Dickinson y Jane Mansfield, defendió la nominación de Plácido al Óscar a mejor película de habla no inglesa en 1962 y es muy lúcido su análisis de la crisis del cine USA y cómo podemos proponer alternativas desde Europa.

No solo le debemos el formar parte de “Las Tres BBB”, marca imbatible del mejor cine hispano: Buñuel, Bardem, Berlanga. Su intervención al frente de la Filmoteca española nos ha permitido preservar (y dotarla de la mejor programación histórica y actual) una sala tan auténtica y emblemática de los espacios teatrales belle époque, donde coexistían variedades, teatro de bulevar y cine, como el Doré, en pleno centro de Madrid. O el proyecto de los grandes estudios alicantinos, la Ciudad de la Luz, en que trabajó con ahínco al final de su vida. Siendo un individualista feroz, tenía una visión social e industrial del cine muy marcada.

Se trata pues de un libro apasionado, apasionante y muy entretenido, de llamativo título: Bienvenido Mister Cagada. Ah, ¿qué de dónde viene lo de Mr. Cagada? Pues, al parecer, cuando se rodaba a satisfacción un plano de Bienvenido Mr. Marshall, Berlanga exclamaba: “Vaya cagada”. Autoironía nunca le faltó a un personaje que Jess Franco describe como “un galimatías contradictorio”. Asómense a las páginas de estas no tan caóticas memorias y lo comprobarán.


Jess Franco, Bienvenido Mister Cagada, memorias caóticas de Luis García Berlanga, Madrid, Santillana, 2005. ISBN: 84-03-09580-5.

Esa extraña pareja: Luis G. Berlanga y Jess Franco ('Las memorias caóticas' de LGB)