jueves. 04.06.2026
FESTIVAL DE SITGES

Cuando Italia desafió a Hollywood: la increíble historia detrás de ‘L’ultimo squalo’

L’ultimo squalo ocupa un lugar clave en la memoria del cine popular: es testimonio de una época irrepetible en la que la creatividad podía más que los presupuestos.

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Emma Vizán |

Hubo un tiempo en que la industria cinematográfica italiana miraba hacia Hollywood como modelo a seguir. Inspirándose en sus fórmulas, logró no solo grandes beneficios, sino también una identidad propia. Entre mediados de los años sesenta y principios de los ochenta, Italia sorprendió al mundo con el spaghetti western, un género que reinventó los clásicos del oeste estadounidense, y con las llamadas películas “exploitation”, en las que se versionaban —a veces con descaro, otras con ingenio— los grandes éxitos del momento: terror, ciencia ficción, mafia, artes marciales, y prácticamente cualquier moda cinematográfica que arrasara en taquilla.

Poder escuchar hoy a Enzo G. Castellari contar su historia en primera persona convierte a Aquel último tiburón en una obra imprescindible para cualquier amante del séptimo arte

Sin embargo, hubo un título que desató titulares, polémicas y una batalla legal sin precedentes: “L’ultimo squalo” (1981), dirigida por Enzo G. Castellari. Esta producción italiana, una evidente reinterpretación de Tiburón, se comercializó en algunos países como Tiburón 3, logrando un éxito rotundo tanto de público como de crítica y recaudación. Su impacto fue tal que Universal Pictures, que por entonces preparaba la secuela oficial de Jaws, demandó a la productora por plagio, bloqueando su estreno en los países anglosajones. Esa censura limitó su alcance comercial, pero paradójicamente la transformó en una película prohibida y de culto, adorada por los fans del cine de serie B.

Enzo G. Castellari
Enzo G. Castellari

Esa fascinante historia es la que recoge el documental “Aquel último tiburón”, dirigido por Víctor Matellano y Ángel Sala, presentado en el Festival de Sitges 2025. Una auténtica delicatessen para los amantes del cine exploitation, que además cuenta con la presencia del propio Enzo G. Castellari, el mítico realizador de L’ultimo squalo y de otros clásicos como 1990: Los Guerreros del Bronx. A sus 87 años, Castellari es, digámoslo sin rodeos, una leyenda viva del cine. Solo por escucharlo relatar cómo se gestó aquella película, los problemas durante el rodaje o la polémica con Universal, el documental ya se vuelve imprescindible. Castellari habla con total franqueza, defendiendo que su obra no fue un plagio, sino una reinterpretación con hallazgos visuales y narrativos que —según él— la propia Universal acabaría imitando en la secuela oficial. Sus anécdotas sobre los accidentes de rodaje, las carencias presupuestarias y la enorme dosis de ingenio que sostuvo la producción resultan tan sinceras como inspiradoras.

Pero Aquel último tiburón no se limita a rescatar una curiosidad del pasado. Cumple también una función de memoria cinematográfica fundamental, una línea que Ángel Sala, codirector del documental y director del Festival de Sitges, lleva impulsando desde hace años: reivindicar el valor del cine de género y de las producciones olvidadas por las corrientes dominantes de la industria. En el filme participa además Andrea Bronston, hija del legendario productor Samuel Bronston, aportando un interesante puente entre generaciones y estilos de cine.

El documental se convierte así en un viaje apasionante por el cine de serie B y el fenómeno exploitation, recordando cómo esa fiebre italiana se extendió con éxito a otros países. En España, por ejemplo, el productor José Frade compró L’ultimo squalo y la distribuyó bajo el título de Tiburón 3, generando una confusión monumental —y cierto enfado— entre el público que creía estar viendo la secuela oficial.

Finalmente, L’ultimo squalo ocupa un lugar clave en la memoria del cine popular: es testimonio de una época irrepetible en la que la creatividad podía más que los presupuestos. Y poder escuchar hoy a Enzo G. Castellari contar su historia en primera persona convierte a Aquel último tiburón en una obra imprescindible para cualquier amante del séptimo arte.

Cuando Italia desafió a Hollywood: la increíble historia detrás de ‘L’ultimo squalo’