jueves. 04.06.2026
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'Bridget Jones: loca por él' (La vida sin Mark)

Bridget Jones: Loca por él es un digno capítulo con el que dar una conclusión satisfactoria y creíble a una heroína totémica en la cultura popular.
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Aleix Sales | @Aleix_Sales

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Como bien testimonia la repisa llena de diarios escritos, el tiempo ha ido pasando para la genuina y sumamente terrenal Bridget Jones. Y con los años, el personaje ha ido madurando y, si bien menos alocada, ha conservado esa espontaneidad, capacidad de caer en el ridículo e ingenio para sobrellevar su mundano día a día. En un Londres más acomodado y menos “bohemio” (con muchas comillas) que en el de su juventud, la periodista reconvertida en productora de televisión se encuentra ahora sola, criando a sus hijos, y saliendo del duelo por la trágica muerte de Mark Darcy (Colin Firth) cuatro años antes. Cuando salió el libro en 2013, el shock emocional que supuso la desaparición de este personaje fue enorme, generando mucha desafección hacia la autora por esta sorpresiva decisión, muchos calificándola de moralmente errónea. Una defunción sonada que, probablemente, solamente fuera superada por la de Donna Sheridan (Meryl Streep) en Mamma Mia: Una y otra vez (Ol Parker, 2018).

'Bridget Jones: Loca por él' abre eficazmente nuevos caminos al personaje para que evolucione y experimente otras vivencias

Superado el trauma inicial, lo cierto es que Bridget Jones: Loca por él abre eficazmente nuevos caminos al personaje para que evolucione y experimente otras vivencias en la que no la habíamos visto previamente, suponiendo un notable crecimiento personal frente a las otras secuelas. Como mencionamos, Bridget ha madurado a la par que la sociedad y, si bien el tono cómico y el tipo de humor se mantienen en las mismas coordenadas de la irónica y elegante comedia británica, -capaz de construir sólidos universos propios-, los temas han sido reactualizados. Es decir, todo aquello de la saga que, visto con los ojos de hoy, es más reprobable ha acabado corrigiéndose, como es de sabios, y tomando otro cariz. El body shaming hacia Bridget, muy criticado porque Bridget Jones era considerada gorda cuando poseía un peso dentro de la normalidad, es inexistente y las cuestiones estéticas están rebajadas. Muchos de aquellos símbolos que forjaron esta perspectiva nociva hacia el personaje se han reconfigurado. Por ejemplo, la icónica y denigrante braga faja hace una fugaz aparición en el film para ser descartada a los segundos por la misma Bridget como opción de vestuario para una cita. En su lugar, opta por una ropa interior más elegante y sensual, abrazando su cuerpo tal y como es (como querría el mismo Mark Darcy) y empoderándose frente al espejo. Son estos detalles los que dan prueba de esta adaptación a la sensibilidad de hoy en día y que una saga puede aprender a leerse a sí misma, detectar sus errores e intentar envejecer con dignidad. Y, con sus más y sus menos, esta cuarta entrega lo hace en este sentido.

El elemento nostálgico sobrevuela frecuentemente el metraje, ofreciendo diversos momentos de fanservice que, sin embargo, resultan insertados con cierta soltura -el modelito con transparencias, ese plano picado de beso en la calle bajo la nieve, el título de All by myself-, conjugándose con ese momento vital de Bridget en que los años empiezan a pesar. Por ello, estamos ante el cuaderno más sentimental y menos irreverente de la saga, falto de la locura del título, pero coherente con el personaje, ofreciendo distintos escenarios y ocurrentes réplicas lanzadas en el timing adecuado con las que sacar sonrisas cómplices.

Que la película mantenga su entidad es gracias a una Renée Zellweger en estado de gracia, regalándonos otra vez su vis cómica y ofreciendo la versión más enternecedora de Bridget

Los errores que había en el libro se mantienen en su traslación a la pantalla, desaprovechando, precisamente, la premisa principal de la protagonista adentrándose en el mundo de las citas en plena era digital y el flirteo con un encantador yogurín de menos de 30 años (correcto Leo Woodall), así como ciertas apariciones de secundarios que sirven de apoyo a Bridget, pero que podrían desarrollarse más, como el mismo Daniel Cleaver de Hugh Grant. No obstante, la película efectúa una exploración del duelo más satisfactoria, haciendo mayor justicia a Mark Darcy que el propio libro, así como un correcto balance entre la sensiblería y la comedia en el rehacer la vida de Bridget, solamente sobrepasado en ese desenlace descafeinado, azucarado y algo empalagoso. Inexplicablemente, se ha relegado a un plano muy secundario el formato del diario, haciendo desaparecer una de las gracias narrativas que contribuyeron a la personalidad de la saga.

Que la película mantenga su entidad es, en buena parte, gracias a una Renée Zellweger en estado de gracia, regalándonos otra vez su vis cómica y compartiendo la versión más enternecedora de Bridget, con la que es imposible no sentir empatía. Divertidamente secundada por la troupe habitual y el fichaje refrescante de Chiwetel Ejiofor, la actriz ha renacido por completo después de su segundo Oscar por Judy (Rupert Goold, 2019), aportando nuevos matices a una mujer que domina y conoce como la palma de su mano.

Con sus lacras y aciertos, sin la necesidad de reconfigurar nada a nivel genérico, Bridget Jones: Loca por él es un digno capítulo con el que dar una conclusión satisfactoria y creíble a una heroína totémica en la cultura popular de una forma medianamente divertida y aún más conmovedora, con la que satisfacer a todos aquellos que la aman tal y como es.

'Bridget Jones: loca por él' (La vida sin Mark)