martes. 23.04.2024

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Si son las cinco de la tarde, todos nos imaginamos al pueblo británico tomando una taza de té, comenzando por los miembros de la realeza. Este hábito se debe a su presencia durante tanto tiempo en la India. Un cambio en los impuestos relativos a las importaciones de te provocaron que las colonias norteamericanas quisieran independizarse. Quizá se pudiera escribir un breve resumen de la historia mundial sirviendo el té como hilo conductor.

En China buena parte de su cultura gira en torno al modo en que se consume la infusión del té. Las hermosas cadenas montañosas del Sur de China han modelado su paisaje con sus inabarcables plantaciones dedicadas exclusivamente al té negro, el auténtico, que allí curiosamente se llama rojo, lo cual responde mejor a su tonalidad en la taza, si bien las hojas manufacturadas para hacer la infusión tengan color negro.

Esta película se disfruta como una taza de té bien preparado, cuyo aroma y gusto nos acompañan después de haberla visto

Si la cultura mediterránea está indisociablemente ligada con la vid y el consumo social del vino, ese papel viene a cumplirlo en China todo cuanto sucede alrededor del té. Hay incluso distintas grafías del ideograma en cuestión que añaden matices importantes a su descripción lingüística. El ritual de su ingesta es altamente sofisticado y las casa de té son auténticos templos para socializarse. Cabe distinguir tres momentos, al igual que se relata en el aroma, su sabor y la sensación que produce beberlo.

No se toma de cualquier manera y los recipientes también integran esta liturgia. Cada una de las piezas implicadas tiene su propio intríngulis. Aprender a preparar y disfrutar cabalmente del té lleva mucho tiempo. En este proceso la comunicación entre quienes enseñan y quienes aprenden viene a estrechar las relaciones personales, como relata la película “Black Tea”, seleccionada para competir en la 74. Berlinale.

Nos encontramos ante un drama romántico relatado de una forma exótica y que nos presenta el enrojecimiento que supone la convivencia de distintas culturas

La protagonista deja Costa de Marfil para mudarse a China y trabajar en una tienda de té. El propietario del comercio se convertirá en su maestro para preparar y apreciar el té, dando lugar a unas hermosas imágenes impregnada por la veneración oriental hacia los pequeños detalles. El relato transcurre con una enorme verosimilitud en distintos comercios frecuentados por los personajes, como las peluquerías que visitan con enorme asiduidad.

El espectador va conociendo poquito a poco la andanzas de los distintos personajes, cuyas vidas van entrecruzándose. Nos encontramos ante un drama romántico relatado de una forma exótica y que nos presenta el enrojecimiento que supone la convivencia de distintas culturas muy diversas. La cámara juega con el reflejo lumínico de los escaparates logrando un efecto singular. Esta película se disfruta como una taza de té bien preparado, cuyo aroma y gusto nos acompañan después de haberla visto.

‘Black Tea’: la cultura del té y el mundo de los afectos