sábado. 13.04.2024

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‘Architecton’ libra una batalla contra el hormigón y cuanto conlleva utilizarlo como material de construcción efímera. Obviamente los diseños urbanísticos condicionan el comportamiento de los pueblos y su cultura, lo cual por supuesto también vale a la inversa. Nuestro estilo de vida está determinado por las ciudades que habitamos y resulta indisociable del tipo de urbanismo que se desarrolla. Construir de cualquier manera edificaciones destinadas a ser demolidas y convertidas en escombros unas décadas después parece ser el modelo que conviene a la mentalidad hegemónica de maximizar beneficios, al margen de sus elevados costos e indeseables efectos colaterales para nuestro bienestar presente y futuro.

Esta película es ante todo una obra de arte, aunque por añadidura plantee un poderoso mensaje político y social de naturaleza ética

Conviene recordar las obviedades y Victor Kossakorsky lo hace con una película con secuencias hipnóticas. La mágica simbiosis entre música e imágenes resulta fascinante. Una música compuesta expresamente por Eugeni Galperine acompaña magistralmente unas filmaciones fotográficas muy hermosas, mostrando por ejemplo cómo la naturaleza vuelve a resurgir entre las ruinas de antiguas construcciones hechas para perdurar durante siglos o milenios. Incluso hemos olvidado las técnicas artesanales utilizadas para recortar los enormes bloques de piedra manejados en épocas lejanas.

El equipo de Architekton ante la prensa (foto de Roberto R. Aramayo)
El equipo de Architekton ante la prensa (foto de Roberto R. Aramayo)

El prólogo ya nos conquista. No es lo mismo ver en los noticiarios edificios bombardeados que pasear por esas calles destruidas, donde pueden verse los interiores de las casas con sus enseres abandonados, mientras la música nos interpela y un cartel propone que Rusia sea expulsada de la ONU. La invasión de Ucrania retrasó un proyecto del director, quien pensaba hacer una comedia sobre arquitectura moderna, dando lugar a este documental inclasificable, cuyo hilo conductor es preguntarse sobre la elección de utilizar el hormigón o concreto, un material destinado a no durar, como se muestra, por ejemplo, en el monumento berlinés al Holocausto junto a la Puerta de Brandeburgo.

Berlín es un símbolo del futuro arquitectónico mundial. Conviven barrios de otra época muy bellos con feos edificios funcionales construidos tras la guerra

Que la población berlinesa impusiese con su activismo que se construyera en el antiguo aeropuerto de Temoelhof, preservándolo como un espacio público recreativo, es algo de lo que tomó buena nota el director de Architekton. Una nota esperanzadora en medio de tanto desatino. Al caer el Muro Berlín contaba con muchos lugares céntricos para urbanizar y se apostó por los grandes centros comerciales, vaciando con ello el centro, al haber únicamente oficinas y comercios. La vida berlinesa está en sus zonas verdes y los barrios que se preservan. Para Kossakorsky Berlín es un símbolo del futuro arquitectónico mundial. Conviven barrios de otra época muy bellos con feos edificios funcionales construidos tras la guerra para cobijar a quienes habían perdido sus hogares. La imparable superpoblación determinará que se construye por doquier bajo ese mismo imperativo.

El hormigón se consume casi tanto como el agua. También destruye montañas y genera escombreras en su lugar. No deja ningún vestigio para la posteridad y nada vivo puede brotar en el. Filmar una voladura controlada como si se tratara de un espectáculo sublime resulta hipnótico. Esta película es ante todo una obra de arte hecha desde un lenguaje puramente cinematográfico, aunque por añadidura plantee un poderoso mensaje político y social de naturaleza ética, porque nos va en ello el futuro. A mi juicio merecería recibir un premio especial, porque así lo merece su banda sonora, el guion y la fotografía.

‘Architekton’, un seductor poema sinfónico en contra del hormigón